Ensayos | Cuestión de colores - Pensando Apuntada directamente al corazón de la cotidianeidad, donde bailan las costumbres de las personas. Habrá que desnudar ese lugar en el cual todo resulta natural y lógico, para ver qué cosas se esconden tras el manto de lo “común”. Por Alessandro Gado ‘Yo le digo así al de alma, al de corazón, y no […]

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Apuntada directamente al corazón de la cotidianeidad, donde bailan las costumbres de las personas. Habrá que desnudar ese lugar en el cual todo resulta natural y lógico, para ver qué cosas se esconden tras el manto de lo “común”.


Por Alessandro Gado

‘Yo le digo así al de alma, al de corazón, y no al de color de piel’

El tema a desarrollar en los siguientes renglones no es algo nuevo, ni mucho menos sencillo, pero tampoco es algo de lo que se ha hablado demasiado.

Para venderle a usted lector un artículo un poco más interesante, vamos a iniciar esta nota con una frase de aquel gordito de barba que alguna vez escribió sobre la economía, la sociedad, el capitalismo y esas cosas…

Este muchacho alemán, conocido también como Karl Marx dijo, entre muchas otras cosas que dijo, algo así como: ‘la clase dominante es realmente dominante cuando logra posicionar sus intereses como los intereses de todos…’

Luego de leer esto, usted se preguntará ¿a dónde quiere llegar este tipo?, no muy lejos, solamente a algunas cuestiones básicas de la vida cotidiana.

El problema aquí radica en catalogar de natural algo que es producto de la sociedad, de la cultura. Para no ahondar en conceptos de significados demasiado amplios, voy a tomarme el atrevimiento de definir cultura como todo aquello que no es natural.

Entonces, la pregunta es ¿quién es, fue, o pasa a ser según el contexto y la situación un negro de mierda?, podemos plantearlo de otro modo: ¿porqué le decimos así a un sujeto determinado en una situación determinada?

Automáticamente la respuesta que sale a la luz es ‘yo le digo así al de alma, al de corazón no al de color de piel’.

Vuelvo a preguntar, ¿por qué negro?

La frase negro de mierda es moneda corriente en la boca de los argentinos para rotular a alguien como inferior. Pero este alguien es considerado inferior en un contexto y una situación puntual.

Es aquí donde nos encontramos frente a un laberinto con innumerables respuestas que conducen hacia una misma salida. Dicha salida de emergencia es la que ya fue expuesta en líneas anteriores, aquella de: ‘hablo del alma, no de la piel’. Mentira, o por lo menos incorrecto.

En realidad, el planteo que aquí se hace va más allá del color que se le quiera dar al alma de alguien (cosa que de por sí suena estúpida, pero dejemos eso para otra ocasión). Justamente con decir que de esta manera nos referimos al ‘negro de alma, no de piel’, no se hace más que corroborar la crítica expuesta anteriormente.

Porque lo que intento mostrar es que se utiliza la palabra negro para acentuar al otro como inferior; inferioridad que en ciertas ocasiones viene de la mano con un bajo status económico. ‘Estás equivocado, yo le digo así al que viene y me roba con un arma en la calle’, si el ladrón viste saco y corbata muy probablemente sea un ladrón, y no un negro de mierda.

En Argentina no utilizamos el término negro para referirnos a una persona de piel morena solamente, sino también para marcar una actitud en el otro. En cambio, palabras como mierda sí fueron ‘creadas’ para marcar algo como feo, malo, desagradable, inferior. Con decir que algo es de mierda, ya estamos marcando que es malo, salvo las excepciones donde refiere a ‘suerte’. Cuando decimos que algo es negro, debería referirse a su tonalidad, pero no.

Utilizar esta palabra para significar algo como inferior, no es natural. Negro no significa menos. Aquí es donde me paro sobre Marx para explicar que esta costumbre está anclada a las viejas épocas del mundo, donde se comercializaban los esclavos (generalmente provenientes de África). Ellos no eran personas, eran objetos que se vendían y se compraban. No eran seres humanos, eran bestias que trabajaban, comían, se reproducían y morían. Ellos eran negros; y también pobres.

En la obra Trabajo Asalariado y capital, nuestro autor alemán sostiene:

Un negro es un negro. Sólo en determinadas condiciones se convierte en esclavo. Una máquina de hilar algodón es una máquina para hilar algodón. Sólo en determinadas condiciones se convierte en capital. Arrancada a estas condiciones, no tiene nada de capital, del mismo modo que el oro no es de por sí dinero, ni el azúcar el precio del azúcar.

De allí, el término refiere inferioridad; pero claro, la esclavitud fue abolida (o al menos eso dice el mundo), la discriminación étnica se va apagando de a poco (o al menos eso cuenta el planeta). La clase dominante logró imponer sus intereses como los intereses de todos, hizo creer que el negro estaba subordinado al blanco, y de esa manera la sociedad toma como natural y lógico.

‘Pero ellos (los ‘negros’) se hacen llamar así en canciones de cumbia y en su forma de hablar…’, es cierto, una prueba más de que la ‘clase dominante’ logro su cometido.

Tiempo después, hoy, le decimos negro a alguien o a algo para decirle que es inferior, que no está bien. Retornemos a la idea expuesta más arriba, generalmente, la posición económica es una variable determinante a la hora de nombrar alguien como negro o no.

Un adolescente de bajo poder adquisitivo, que roba en la calle es un negro de mierda; un tipo que lo hace detrás de un escritorio y con un título en la espalda no.

Un pibe víctima de la droga y el hambre que sale a delinquir para cubrir sus vicios y necesidades básicas, que vive en una villa de emergencia es un negro de mierda; pero un señor que firma tratados millonarios que roba por codicia y no para satisfacer alguna necesidad elemental, no lo es.

Entonces, ¿es ‘negro’ porque roba o según su posición económica? ¿Qué tanto más negra es el alma de un sujeto que roba en la calle del que lo hace con nombre y apellido?

Cabe destacar también que esto no responde a una simple cuestión semántica, sino a un flagelo social discriminatorio, donde el peor problema no es que exista, sino que esté automáticamente incorporado y por ello no se vea.

Para cerrar les dejo sobrevolando aquí abajo, un cuento que encontré dando vueltas por la Web y quizá resulte interesante…

Usted es un negro de mierda – Leandro N. Moreno

2 Comments Join the Conversation →


  1. Anónimo

    Estoy de acuerdo. Excelente nota. A ver cuando empezamos a respetar un poco más.

  2. Anónimo

    Muy cierto, y por eso es preocupante y también delicado
    Lindo e interesante lanzamiento como revista cultural, mis condolencias desde Ecuador

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