Cuentos | Ganas de ella - Por Rodrigo Colaci

Se rompía la cabeza tratando de no pensar, tratando de no acordarse de aquel suceso que lo separaba desde hoy y para toda la eternidad, de la persona que más quería en el mundo.

Dicho de manera simple, la adoraba más que a su propia vida. Al irse ella, sintío que le faltaba todo. Entiendo que a estas alturas el lector pensara que parece sacado de una de esas canciones melosas hasta el hartazgo, de aquellas que a veces escuchamos por la radio y no le damos importancia si no estamos pensando en ese alguien tan especial. Pero era lo que realmente sentía ese hombre: estaba destrozado.

Muchas veces vacilo en su mente la idea de quitarse definitivamente lo poco que le quedaba de vida en un impulso de sin razones, de un tiro que le permitiera no carcomerse más lo poco que le quedaba de temple, pero después se acordaba que era humano y que la necesidad de subsistir ante cualquier adversidad que le proponía el hecho de pertenecer a “la raza”, lo mantenía de pie, mejor dicho vivo, porque desde que la había perdido estaba en el suelo, tirado cual bazofia. Ella jamas hubiera permitido que el, cometiese aquel acto atroz de arrebatarse la existencia, por su amor, y eso fue lo que sin dudas primó en el escueto discernimiento que poseía en ese momento de afliccion.

Sumergido en el infierno terrenal de su conciencia, a veces se escapaba de tanto dolor y sufrimiento y se refugiaba en los recuerdos bonitos, en las alegrías que había vivido junto a ese ser tan magistral para él, como para todo aquel que alla tenido uno igual; evocaba reflexiones interminables, al menos eso quería el para no sentir tanta desazon , y por momentos sentía que ella estaba a su lado; pero cuando volvía a la realidad, la misma lo azotaba sin escrúpulos, lo volvía a depositar en ese estado cuasi de agonía interminable, aunque sus signos vitales indicaban lo contrario, estaba más vivo que nunca.

Recordó también la primera vez que la vio fijamente: ¡era tan bella!, su sonrisa al ver que el la miraba, era tan grande que no alcanzaba las horas ni los días ni los meses ni los años para que decaiga tan solo una milésima de segundo; claro ella estaba enamorada de el mucho antes que este joven notara la presencia de ella, pero el no daba cuenta de aquel hecho, “era tan iluso en ese momento, casi como un niño”, medito. Recién después de años empezó a quererla, sin embargo nunca la aprovecho tanto como en sus recuerdos aquel día que se había marchado. Al sentir que no la había amado como el hubiese deseado, al sentir que no le había dicho nada a comparación de las odas que se merecia por su existencia, caia en un abismo que lo depositaba en lo mas profundo de las miserias del hombre, un camino que iniciaba por la senda del dolor interminable y terminaba casi en la mas ruin aflicción que cualquiera pudo haber sentido alguna vez.

En un momento planeo ahogar sus penas en alcohol o en alguna otra sustancia prohibida que lo depositara en un letargo mental permanente, y lo llevara a una ilusión en la que el estaría con ella al menos un momento mas, sin embargo dos motivos lo dejaron postrado en el suelo: sus fuerzas motrices radicaban apenas en su respiración, por lo que no quedaba resquicio vital ni siquiera para levantarse .El otro motivo fue la idea de que en ese estado de inconciencia se quitara la vida, también lo aterraba, porque no tenia la suficiente valentía de pararse cara a cara con la muerte pese a tanto dolor.

Ella le había dejado un inmenso e interminable mar de aprendizajes terrenales, de enseñanzas que jamás el olvidaría, sin embargo nada parecía importar en aquel momento de angustia interminable.

¿Por qué es tan cruel la vida? Pensaba, pero no razonaba; no entendía que era la fuerza de la naturaleza la que hoy lo dejaba con ese gusto amargo que creía interminable, no le entraba en su cabeza que la existencia física de aquel ser celestial para el,se había extinguido. Ya no estaría mas a su lado. Y los segundos al interpretar esta dolorosa conclusión parecían ser milenios. El dia que ella se había marchado todo el mundo, amigos, familia y conocidos intentaban hacer razonar a aquel honorable muchacho de que es la ley de la vida, la que hoy le quitaba a su madre, también le mostraron su afecto desde cualquier óptica posible e imposible para tratar de hacer reaccionar al joven, pero nada funciono, el amor que le brindaba toda esa gente era un grano de arena a comparación del abrazo que ya no sentiría más.

En ese instante al recordar aquel ultimo abrazo, no aguanto mas la idea de seguir viviendo, y no alcanzo su condición humana de sobrevivir ni su inquebrantable moral producto de las enseñanzas de ella, tampoco fue el alcohol ni las drogas las sustancias que empujaran al muchacho a tan desafortunada resolución, nada fue lo que interpuso al joven a tomar la ultima decisión de su vida, al recordar aquel ultimo abrazo.

Se jugo todo a un pleno. Si el cielo existe y dios me deja podre abrazarla de nuevo, fue lo ultimo que pensó y se qutio la vida.