Cuentos | Carrera con la vida - Por Manuel Belisario Guillen

Se abren las puertas de la conciencia y en las mágenes más superficiales de su expresión, nuestro compañero desmenuza las posibilidades y se zambulle en el fragor de la reflexión interna. Para más datos, resta ponerse a leer.


Son historias pasibles de ser contadas. Luminosos recuerdos de una mente que perdono. Quien era niño entonces y lucho por un ideal mayor, el de la libre conciencia y paz en su voz. Ilustre individuo que nunca dudo de su instinto pero tampoco quiso dar más de lo que pudo. Y en eso no consiste.

Cuando la vio pasar no pudo ni respirar, sabía que era un momento de cambio, pero no sabía a donde mirar. Su vida caminaba hacia él, y el intentaba cantar detrás. No quiso nunca dar más de lo que pudo, pero tampoco se lo quisieron dar. Era un pibe triste y encantado, le brillaban los ojos al despertar, sabía que su destino no estaba con ella, pero igualmente quería luchar. A veces uno se obsesiona con historias que no va a poder contar, y vive entonces evitando caer en una realidad en la que no cree que debe estar, pero eso no se sabe, jamás.

¿Qué queda entonces? Respirar. No olvidarse de caminar. Saltar, intentar, nunca mirar atrás, salvo que no se pueda evitar, y entonces no desear, porque luchar por lo que uno no puede tener, es el suicidio más mortal, el de un corazón obnubilado que se mueve por la simple inercia de un ideal, semejante al mar cuando intenta cubrir siempre un poco más, solo para recordar que conoce la mecánica del andar. Pero en eso no consiste.

Entonces ir a buscar esas cosas que lo alientan de verdad, que iluminan el pasar, que nos abren los ojos y nos gritan sin parar, vivir ya no es en vano hay al fin hay algo porque despertar. si la vida camina por nosotros hay que detenerla, hacerle frente como un guerrero que aguantaba el aliento en su trinchera. Hacerse cargo de lo que uno vive hace que valga la pena incluso el arduo esfuerzo de vivir con intensidad. Cegar la vista y olvidar el corazón puede sanarnos un tiempo pero no sacarnos el ardor, pues lo que no termina aun ilumina, y luchar por ello es el verdadero motor. El motor del caminante que busca alcanzar su vida, para vivirla sin tenerle piedad.

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