Cuentos | Las recias circunstancias - Por Alfredo Andrés Saích

Intercambiaban mails por trabajo. Cuando ella usaba palabras como “pertinente”, “adecuado” o “sagaz” él más se enamoraba y se imaginaba con ella en una cabaña de El Bolsón pasándole la pija por la cara. En un worpad le escribía poemitas que titulaba Amor guevarista-leninista I, Amor guevarista-leninista II, Amor guevarista-leninista III. Ella, al final de los mails, saludaba con un “besoo..!!”, así, con 2 o, 2 puntos suspensivos y 2 signos de admiración. Luego de varias semanas entendió que era un mensaje subliminal que apelaba a que quería pasar su vida en pareja con él. Esa repetición dual en los signos era una señal de compañía. Así lo interpretó él. Y, luego de analizar varias veces la situación, se animó y la invitó a tomar una birra en un bar progre de Congreso. Ella aceptó pero no fue de inmediato: antes, lo sermoneó vía chat sobre la repugnancia que le generaban los matrimonios católicos de la clase media. Él más se enamoró y volvió a imaginarla arrodillada sobre el parquet de la cabaña, sonriendo dulcemente mientras le lamía la chota. Cuando se encontraron en el bar, luego de unas cuantas cervezas, ella le contó que viajó varias veces al sur y que El Bolsón era su lugar en el mundo. Esa noche garcharon en el departamento de él. Ella se quedó dormida y al otro día desayunaron en la cama. Seis meses después viajaron juntos al sur a quererse para toda la vida.

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