Poesía | Siguiendo sus pasos - Por Nicolás Rosenzvaig

Comenzamos un camino,
un camino sorpresivamente sinuoso
climas tres encontramos
y jugando a la aventura
el frío noqueó en la cumbre…
Helando narices, crujiendo pulmones
Había que escalar sin chistar,
cada palabra costaba…y mucho.
Finalizamos la escalera al cielo,
Reyes dominadores del panorama
sensaciones únicas… demasiado poder.
La bajada nos empieza a mostrar su hermosa presencia
se imponen los verdes, terciopelo en las praderas
flora y fauna, sin más.
De pronto, casi como en un cuadro
el oasis de humanidad
cortando el desierto selvático
Y para así calmar…
Nuestra sed urbana.
Con las sabias ruinas detrás
retomamos el camino y, a simple vista,
este duro camino parece infinito.
Ya con ganas de panzas calientes
y un pedazo de tierra seca
reaparece el oasis!, pero esta vez…
Nos cuenta una mentira:
Comunidad Inti Warawara,
negociado de pocos
y otra inquisición para los otros.
Cae la noche sobre nuestra frente
como mulos de carga
seguimos sin queja (ni dolores),
creemos que es costumbre
pero el frío es el artista
su obra maestra, nuestro deceso.
Sin “refugio” ni leña llenadora
mirando las estrellas, y sólo a ellas…
y como un deseo a la estrella fugaz
el pueblo fantasma nos manda su delegado
para finiquitar súbitamente la parte más dura de la “master piece”.
Otro día nos espera
y el descanso, subleva a la comida
clima húmedo al extremo, al punto de la rareza
presentada por la explicación física
lamentablemente la coyuntura cerca nuestras cabezas,
y no valen esas leyes.
Salimos casi al trote
arrebatados de entusiasmo y poca cabeza,
y entonces, mostramos la veta de la debilidad
la naturaleza, nuevamente, logró pararnos…
en congregación infernal, matándonos… en el diluvio yace nuestro fuego.
En las palabras de un conocedor
digno de Da Vinci a Medici,
depositamos nuestra fe,
y así luchamos…
El campamento, para nosotros Ceasar Palace,
descanso, energético e hipercalórico
desencadenaron un obvio razonamiento:
MÁS descanso, MÁS energía, MÁS calor.
Tercer día como el primero, casi…
ritmo ejemplar de lugareño
y paisajes que deslumbran
cascadas blancas y el sol… diamantes en caída libre
fondos empinados, nubes rodeando picos
“antes pasamos por ahí”, suspiramos.
Aquí todo es más fácil
¿Será por el descanso?… ya veremos.
Y así concluimos,
una travesía cristalizada
tan dura como el acero
pies encallados, marcas de veneno natural.
Un camino inolvidable,
su música nos invadió por las pupilas
marcando nuestros días, de aquí y siempre.
Cada gesto de sorpresa, cada cara iluminada,
cada tesoro descubierto…
Todo asentado en nuestra materia gris.

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