Cuentos | Eusebio y Cintia - Por Mauro Paradiso

Eusebio y la estudiante chilena no salen de la carpa. Sus amigas comienzan a impacientarse. El sol se va retirando muy de a poco, y el frío comienza a hundirse en los cuerpos de los crotos que sostienen el acampe. Nadie se atreve a sacar el tema, se crean algunos silencios sugestivos. Parece que Eusebio decidió leerle toda la novela a Cintia, para que ella eligiera en qué capítulos podía entrar. Las amigas de Cintia no toleran el frío, de modo que comienzan a acercarse al fuego que uno de los crotos comenzó a preparar. Hay pocas frazadas fuera de la carpa. Carlonchi, el líder de los crotos, decide acercarse a la puerta de la carpa para preguntarle a Eusebio si no le alcanzaba una de las frazadas. Pero Eusebio no responde. Carlonchi entra a la carpa y sale con dos frazadas para las amigas de Cintia. Pero en su rostro se ve algo que no está bien. Uno de los crotos le pregunta qué pasa, pero Carlonchi se queda pensando sin atinar a responder. Al cabo de un rato, en el que todos se quedaron en absoluto silencio, Carlonchi declara que Eusebio y Cintia no estaban en la carpa. No puede ser, dicen sus amigas, si todas vimos cuando entraron. No, dice Carlonchi, encontré estos papeles, parece que es la novela en la que Eusebio había nacido. Las chicas se acercaron y leyeron los primeros párrafos del tercer capítulo: “…cuando dos cuerpos comienzan a desearse, la distancia que los separa se esfuma junto con el vapor que sale de los cuerpos húmedos y calientes, que quieren conectarse y penetrarse en un sueño ligero, hasta desaparecer y trasformarse en literatura…”. Las chicas no entendían bien a qué se referían esas palabras. Pero nosotros, que somos los que conocemos a Eusebio, sabemos que ese párrafo lo escribió él mismo, junto a Cintia, antes de abandonar la carpa y volver a la novela, de la que nunca se debería haber fugado. Hoy se despertó mojado, pasó toda la noche con Cintia, y logramos penetrar sus sueños. Somos Aoniken, un grupo de artistas que le dieron vida a Eusebio en un bar de la ciudad de Rosario. A través de la literatura y la pintura, logramos conectarnos con él, e informarles a nuestros lectores cómo sigue su vida acá en Chile. No hemos vuelto a la toma de tierras. Hoy nos quedamos escribiendo a Eusebio todo el día, en un pequeño patio repleto de plantas, limoneros, y Parrales de uvas. Saludamos a nuestros lectores y especialmente a Geor y Jassi, que fueron los que más se interesaron por esta historia, que continuará….

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