Poesía | El Emiliano - Por Envar Ferreyra

En el inocente sigilo de la noche
encontró, aquel, su fortuna.
Lo llamaron Emiliano
y desde un bosque oneroso
asaltó la gobernación.
Antes, encontró aliados
y organizo las tropas,
que eran ejército
en la contumacia de las mayorías.

Sobre al anca del caballo
apoyó su bandera hecha de paños,
que pedía por la paz y la justicia
y también pedía por la tierra,
madre entre las eternas.

Galopó entre los álamos y los frutales,
se distinguió en el manejo de su escopeta
y en esa virtud, consignó la muerte.

Batió su poncho en la revuelta
y en la insistencia ganó su prestigio;
encabezó las cientos de milicias
que en una y otra estampida
ante el gobierno de los patrones
con firme furia se rebelaban.

Su heroica gesta pronto
se truncó en la multitud del tiempo,
pero su nombre fue su legado,
el que sonó en las batallas,
que más luego, aquel pueblo
continuó brindando.

Como aquel que la lucha presta
y como el que la renuncia no concibe,
se lo conoció en las generaciones.

Niegan a creer que murió
y que en la trampa, ese hombre, cayó;
niegan su última ida
y lo creen custodio en alguna selva.

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