Crónicas | Nicolás del Campo - Por Teober Lorrat

Ver para creer

Una mujer llora sobre la pared. Sus lágrimas, ríos de colores que seducen a cualquiera, son observadas de cerca por un ojo atrevido que se anuncia como el centro de la escena y sin embargo no lo es. En el vidrio una o dos gotas dejan su rastro, serpenteando suavemente culpa de la transpiración del ambiente.

Bajo ese marco, entre cuadros y frío, el calor de la música se pronuncia protagonista y roba, no sin merecerlo, la atención y los aplausos de los afortunados que pueden contar la historia.

Nicolás Gasparri o del Campo – como acusa su autógrafo artístico – espera con un abrazo a los que, luego de pisar el décimo cuarto escalón que conduce a la planta alta de Valdovina, se encuentran con su sonrisa cómplice y agradecida. El escenario aún está virgen de música pero su puesta en escena da indicios palpables de lo que va a venir.
Amontonados pero cómodos, nosotros los del público, los menos talentosos, anestesiamos el prólogo entre copas mientras el trío ingresa y acomoda las fichas para comenzar el espectáculo.

Walter Nebreda en piano y Emanuel Zuñiga Vincent en percusión acompañan al chico de Acebal que apuesta – haciendo saltar la banca – a deleitarnos con el folkore. Su música, repartida en lo ubicuo de cada instante, nos lleva de viaje, sin siquiera cambiar de silla, por los distintos climas y regiones del suelo argentino y latinoamericano.

Mientras tanto, los cuadros de Luz Marina nos envuelven y alegran, con la magia justa, aquel matrimonio cuasi perfecto entre la pintura y las chacareras que nos endulzan en alma. Nicolás sonríe, agradece, se sonroja y vuelve al cancionero reconociéndose torpe para hablar entre canción y canción.

Escuchar para sentir

Pasaron poco más de quince días de aquel espectacular show en el primer piso de la casa pintoresca devenida en bar, en la clásica calle boulevard de Rosario. Ahora, con micrófonos delante, luces solo blancas y sin escenario pero con la misma magia, Nicolás se acomoda en el estudio de la Radio Braille para compartir un puñado de minutos con el programa de El Corán y el Termotanque.

Ante los ojos expectantes de la Tía P – que momentos antes filosofó acerca del concepto de ‘venganza’ – el muchacho de Acebal ensaya la misma sonrisa, mencionada renglones arriba, y desnuda a su mujer de cuerpo de madera para convidar algunas de las canciones que aparecerán en su nuevo trabajo que será presentado en cuestión de meses pero que aún no está bautizado.

Recorre su vida, trae la figura de sus ancestros de la mano con bandoneones, flautas, guitarras y hasta peticiones de Pink Floyd por parte de la bisabuela que a todos nos habría gustado tener.

Reconoce también, la certeza de aquella maldita y siniestra frase que describe el sangrado de los nuevos artistas y entiende que los que se hacen de abajo lastimosamente están condenados a ‘prostituir el alma para financiar los sueños’.

Rápidamente – sin dejarnos respirar siquiera – retruca con fuerza y desacredita las exigencias de un mercado al que no le interesa el arte como herramienta del lenguaje para producir belleza y asegura que las satisfacciones – que no son pocas – que le genera el mundo de la música y puntualmente aquella que nos regala esta noche, lo alientan a no bajar los brazos y a continuar por el arduo, pero no menos interesante, camino de la cultura.

 

Suena, mientras tanto como telón de fondo, Chacarera herida y en su letra se oyen las voces tristes de los niños descalzos y desprotegidos, apadrinados en la voz del cantor que se anima decir lo que no se quiere escuchar. Con un tren de sueños como bandera y la lengua filosa y punzante como bastión, el grito de lucha se inmortaliza aunque la grabación se apague y se enciende, como si no hubiésemos aplaudido lo suficiente ya, una nueva mueca de expectativa en nuestros rostros porque Nico promete despedirse con un nuevo tema.

Los auriculares ya están sobre la mesa, los libros fueron cerrados. Tenemos que irnos y no hay mejor cierre que este: la música como reina madre y las manos listas para felicitar, en su choque, a Nicolás del Campo.


Podés escuchar algunas de sus canciones aquí



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2 Comments Join the Conversation →


  1. Anónimo

    Hermosa crónica y espectacular la música de este pibe!!!!! Bravo y felicitaciones desde Neuquén. Los encontré por la radio de internet y me copé con todo. Saludos, Martín.

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  2. Jose Luis

    Feliz cumpleaños Nico! Te bancamos desde acá, del centro de la Pampa Húmeda

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