Crónicas | Mal Ejemplo Murga - Por Teober Lorrat

Con el semblante disimulado en el color, el alma embravecida por las ganas de gritar lo que sucede, las manos en los tambores y la poesía filosa… este manojo de inadaptados, que no calza en los parámetros moralmente establecidos, le saca jugo al humor y nos invita a mirar la vida desde otro lado, para denunciar la miseria sin perder la carcajada. 


Ella baila, mueve los pies de un lado a otro acompañando – desprolijamente – los golpes que recibe el parche del bombo. Se mueve y la miramos porque su inocencia cautiva a los presentes que, invadidos de vergüenza y aún no desinhibidos por las bebidas de la noche, prefieren quedarse en su lugar y esperar un buen rato para bailar.

Pero ella no necesita nada más que la música y nosotros, los quietos, nada más que a ella para dibujar una sonrisa. Debe tener 6 años, no más. Sus rulos acompañan los pies que nunca pisan dos veces la misma baldosa.

 

Mientras tanto unas cuantas sillas rojas – como si el color fuera un detalle menor – esperan a sus dueños transitorios ante la atenta mirada de Agustín Tosco, Santucho, Fidel Tonioli y el Che Guevara. Los 4, inmortalizados en banderas que decoran la modesta Casa de la Memoria, anuncian a los extraños – que llegan por primera vez al lugar – cuál es el perfume que se respira allí dentro.

La historia del escenario

El 17 de setiembre de 1977, con la brutalidad que caracterizó a los de uniforme, un grupo de gendarmes se quedó con la casa de Santiago 2815 luego de arrebatársela a Etelvino Vega y María Ester Ravelo, un matrimonio de cieguitos, padres de Iván Vega.

Piti, como le dicen sus conocidos, hoy cuenta la historia gracias a que una vecina, cuando él tenía 2 años, lo salvó del procedimiento que sufrieron sus progenitores; y la historia, escrita por los que no salen en la foto, tiene mucho para decir esta vez.

Casi como una coincidencia del almanaque o una jugada maestra del destino, el tiempo se detuvo en las últimas semanas para intentar reparar los daños de un tiempo nefasto que abrió heridas que aún sangran en la actualidad.

El 29 de diciembre de 1994 la casa fue recuperada y hoy, casi 20 años después, con la Murga Mal Ejemplo marcando el paso, se celebra la reapertura del lugar, que a base de sacrificio, color y baile pinta un futuro distinto sin alejarse del pasado que la construye. En medio de las lágrimas – de alegría, claro – los murgueros se abrazan también porque celebran su cumpleaños mientras alguno levanta el vaso y brinda además por los nietos recuperados de las últimas semanas.

En esa sana y hermosa emoción que recorre las venas, la percusión suena y arranca de cuajo cualquier mueca de aburrimiento que algún rostro desubicado se atreve a ensayar.

Percusión señores

El Che mira de reojo desde la pared y puedo jurar que se ríe. Mal Ejemplo nos mueve el alma y nos sacude el cuerpo. ¡Que nadie se calle que acá hay fiesta! y en medio del baile, entre los gorros de colores, los gritos y las risas, lejos quedamos de no cantar lo que no se puede decir. El arte, como arma directa para transformar la realidad, se iza como grito de lucha denunciando, desde la sátira y la ironía, a los responsables de la pobreza, del hambre y el dolor.

Los pibes, la parte más vulnerable de un sistema experto en expulsar y oprimir, son la primera bandera que levanta este grupo de inadaptados que se pinta la cara y golpea tambores mostrándose orgullosos de no ser ejemplo ni modelo de los valores que la misma estructura a la que denuncian se encarga de pronunciar.

Entre nosotros, los agradecidos de estar en este universo repleto de historias y matices que colorean aún más el ambiente, Mal Ejemplo camina bailando y anuncia su despedida, pero con el regreso como promesa firmada.

La fiesta sigue

Más tarde, en un intervalo de guitarra y canción, alguien escondido tras el seudónimo de ‘Aguadulce’ volverá a nombrar al médico rosarino que partió a Cuba y traerá después a la Casa de la Memoria a Pocho Lepratti entonando El Ángel de la Bicicleta… para que de una vez bajen las armas porque solamente había pibes comiendo.

Y mientras descansamos la garganta pero preparamos los pies, se acerca al escenario la gente de Mami Wata Afrocubano, quienes también con la percusión – y al ritmo de la rumba – cerrarán una noche mágica, gritando poemas tristes de amores que nos olvidaron y de engaños maravillosos.

Los aplausos se comen las voces que intentan despedirse. Es hora de dejar la estructura de paredes que tuvo en su vientre a una familia, que fue pintada de gris luego de ser usurpada y hoy cambia nuevamente su espíritu para suturar, desde la memoria y a partir de la cultura, los cuchillazos que una época talló en su piel.

Mientras tanto, ella, sigue bailando… que alguien apague la última luz.

2 Comments Join the Conversation →


  1. Quesigalamurga

    Hermosa nota!!!!! seguimos creciendo, viva el arte popular de latinoamerica unida… desde Perú mis bendiciones y deseos a ustedes compadres.

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  2. Híbrida

    Que linda noche pasamos… la rumba me cansó los piecitos jijiji. Volvemos a vernos compañeros

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