Crónicas | MOL - Crónicas En la vorágine del siglo que inició hace algunos años, las nuevas tecnologías nos conectan y desconectan del universo que nos abraza. Confundidos entre los cables de una propuesta que critica y confunde, el progreso con la saturación – como enfermedad – y el caos – como un nuevo orden por conocer -, los […]

Crónicas

En la vorágine del siglo que inició hace algunos años, las nuevas tecnologías nos conectan y desconectan del universo que nos abraza. Confundidos entre los cables de una propuesta que critica y confunde, el progreso con la saturación – como enfermedad – y el caos – como un nuevo orden por conocer -, los artistas se desploman en una nueva mirada que apuesta a cambiar de cerradura para espiar la mugre que el mundo esconde bajo su alfombra. 

Texto: Inés Az – Especial para El Corán y el Termotanque

“Uno jamás pierde de vista su celular. Su ropa deportiva tiene un bolsillo especial para contenerlo, y salir a correr con ese bolsillo vacío sería como salir descalzo. De hecho, usted no va a ninguna parte sin su celular (ninguna parte es, en realidad, un espacio sin celular, un espacio fuera del área de cobertura del celular, o un celular sin batería). Y una vez que usted tiene su celular, ya nunca está afuera.” 
En el Centro cultural Israelí las voces se han corrido y “Mol “se estrena bajo la Dirección de Patricia Ghisoli, en un día donde la lluvia cae copiosamente empapando las calles, los cuerpos de los hombres urbanos que atrevidos se animaron a salir de sus casas sin paraguas, despreocupados por ver a “Las Vegas” encendida y televisada. 

No hay tiempo que esperar. La función parece querer comenzar sin ninguna demora. Me repito, deslizándome por el patio después de atravesarlo entro en la sala, ubicándome en una o dos colchonetas que están delante de las sillas, que el público, híbrido y mezclado, se apresura a ocupar. En el tablado, donde se llevara a cabo la representación, reposan gran cantidad de teclados de computadoras; también hay cables e insumos tecnológicos que intrigan y me descolocan.

Pienso: ¿Qué es lo que van hacer? Mi pregunta dura poco. Los participantes ya están adentro. Algunos se sientan, otros se acuestan y el sonido no es más que los dedos hincándose en las teclas. Pronto alguien, escucho su voz, es mujer, deletrea un anuncio laboral, mientras el resto sigue escribiendo. Pero ahora todos empiezan a palabrear, dividiendo cada frase en silabas. 
Avanza la función, expresando la realidad del sistema donde los hombres están inmersos en una vida programada despojados de una construcción de identidad. Una pertenencia que no llega a existir, debido al capitalismo sólido, donde la sociedad no llega a manifestarse. Sin embargo cuando los personajes logran desconectarse de la programación, la transformación parece abrir una nueva esperanza, a riesgo de conseguir la libertad y padecer las consecuencias de su elección (miedos y angustias existenciales). 
Los circuitos se interrumpen, los cables se pelan y aquellos movimientos dejan de ser ejecutados por este grupo de hombres robotizados. Ahora, fuera del sistema, el individuo se mira y se escucha, hay algo profundo como el agua. Hay posibilidad de ruido; de salir de él, solo a través de la desprogramación. 
El hombre llega a una instancia de reflexión. Su antelación desemboca en la confusión entre la vida y otra cosa, algo que se le parece en casi nada. El videogame diagramado por la opresión resultante de la posmodernidad. Para quienes acaban desprogramarse, el panel empieza expandirse, los estadios se modifican, se luce la danza aérea dejando a dos mujeres suspendidas en el aire, supervisadas únicamente por el universo.

Contacto



Intérpretes:

Soledad Verdún
Carla Luchetta
Irene Finkelstein
Valle Salazar
Renzo Cremona
Florencia Salamone

Intérprete invitada: Yamile Salman.


Diseño de luces: Fernando El Moderno Burgo.

Diseño gráfico: Débora Tenenbaum

Montaje sonoro:  Claudio Bolzani

Asistente técnico de montaje sonoro: Victorio Bolzani

Dirección: Patricia Ghisoli

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