Poesía | El esperanto - Poema: Agustín Peanovich | Ilustración: Buscatus

Destino, luz o pradera vieja, algo se desvanece. Se alza y se yergue, hay esperanza. Camina el paso de los que ansían, y se desmorona esperando, desorbitado, ve y no son sus ojos, hay imágenes y no son materia. Teme y corre, como si escapara. Pero no huye de nada, sigue intentado alcanzar. Arrojarse, caer, verse rendido, por fin. Echado, encontrado. Algo eterno, una tentación de siempre, inevitable. 


¡Ah! Si en el bagaje de la vida
me libraren los centrípetos
la percepción de los coños;
¡Ah! Si acabare esta hesitación
latente
y me fundare una erección eterna.
¡Oh! En la noite un bravato coño
entrelace
mi cadencia y el aire,
y el jorno sucessivo

se apiade de la dicha.
¡Oh! y si connaître una bella mujer
cambia conforme el sentido,
vida,
tornando la aurora rosa.

¡Uf! Si penetrare,
aclare acaso el sol un tanto
con la testa alivianada
por un refalo en el fecundo río
que hace creces en mi cuerpo
acabando en lo solemne.

¡Uf! Esperanto este hermoso coño
y sentado
fluye la huidiza carne
por el torrente aguijoneado
se invierte el relieve,
dibujando la energía
en el áurea donde posa
la eterna vagina.

«Himoriatus», por Buscatus