Crónicas | Rata Blanca: «Tormenta eléctrica» - Una melodía con base de truenos copó la noche rosarina. Roedores y rockeros tomaron el mando del temporal que devino en música y alborotó a los cuerpos que bailaron entre acordes y relámpagos. Los agudos cortaron el aire y atravesaron más de tres décadas de historia de discos, clásicos y novedades. Mientras el tiempo construía la anécdota, una lapicera tomó nota para que los detalles no se pierdan camino a casa.

Una melodía con base de truenos copó la noche rosarina. Roedores y rockeros tomaron el mando del temporal que devino en música y alborotó a los cuerpos que bailaron entre acordes y relámpagos. Los agudos cortaron el aire y atravesaron más de tres décadas de historia de discos, clásicos y novedades. Mientras el tiempo construía la anécdota, una lapicera tomó nota para que los detalles no se pierdan camino a casa. 

Por Virginia Gigli | Especial para El Corán y el Termotanque

Eléctricos

Rata Blanca

Si hablamos de rock metálico, hablamos de Ratas, pero estas no son cualquier ratas, son blancas y eléctricas y vinieron para mover a todas las ratitas del salón.

Nacida a mediados de los ’80 para convertirse en fuente de inspiración de muchos metaleros, Rata Blanca, conformada por Walter Giardino (guitarra eléctrica), Adrián Barilari (voz), Guillermo Sánchez (bajo), Danilo Moschen (teclados) y Fernando Scarcella (batería), viene de atravesar por las etapas del neoclásico y aquellas melodías épicas para pasar a devenir luego de casi 30 años de trayectoria en un disco de composición bien rockera, volcada a lo eléctrico y al rock and roll.

Los reyes del grito celestial estuvieron en el Teatro Auditorio Fundación Astengo de Rosario, el Miércoles a la noche, en una gloriosa velada, para degustar de la apasionante presentación de su último disco: Tormenta eléctrica y un repaso por los temas inéditos de la carrera ratera.

Pasadas las 21.30, la cola de personas llegaba a mitad de cuadra por calle Mitre y podía divisarse un ambiente de ansiosos jóvenes rockeros y metaleros, muchos de ellos con remeras de la banda, a la espera de la gran noche. Pero también muchas mujeres y parejas adultas, otros cuantos niños que esperaban para entrar; debo decir un público variado y uniforme, con ánimos ávidos y boyantes.

A medida que fuimos ingresando al ilustre teatro, una atmósfera tenue nos esperaba, que poco a poco comenzó a poblarse de ansiedad y excitación. Con un pequeño juego de luces y gases el escenario fue cobrando vida y a medida que se fue intensificando la luminosidad, entre rayos y centellas las notas del tema tormenta eléctrica empezaban a percibirse. Y ahí aparecieron ellos que nos elevaron al cielo, para perdernos entre sus melodías.

Sin finalizar el primer tema, la canción cambió y de forma automatizada sonó «Los chicos quieren rock», para experimentar a flor de piel las letras de la canción: «Siente cómo el piso se está sacudiendo. Salta con nosotros, eres de los nuestros». Aquí el cantante rebotaba con las piernas abiertas en el centro del escenario. Pues, es eso mismo que caracteriza a sus integrantes, y es que todos están de piernas abiertas la mayor parte del tiempo, como una pose «rata», concentrados y conectados con sus instrumentos para sonorizarnos la noche a la perfección. Guitarra, bajo, teclados y batería, al unísono como una explosión de sonido que sólo Rata puede llegar a generar, siendo una banda de hard rock, única en su tipo y reconocida internacionalmente por su estilo mezcla de rock, metal, música clásica y melodías autóctonas.

«¡Buenas Noches Rosario! Felices de estar acá porque siempre están con nosotros», saludó Adrián, y el público respondió clamando: «Olé Olé Olé Oleé, Rataaa, Rataaa…». Y el show continuó dando pie a «Tan lejos de aquel Rata blanca IIsueño». Desde la tertulia mi butaca no dejaba de vibrar, sentía su métrica al compás de la guitarra y del bajo tan fervientemente que podía apreciar esa potencia que generaban, poderosamente ruidosos y eléctricos.

Con personalidad

Si de estilo se trata, Rata tiene su propia personalidad chic, y es que no pueden faltar los chupines y las tejanas de Walter. Si bien los demás integrantes optaron por zapatillas como las de Adrián o zapatos negros como los de Guillermo, en todos los integrantes se podía divisar una remera muy personal pero muy fiel a Rata, al estilo medieval pero con aires de la moda actual, colores blanco, negro y rojo.

Walter se exhibió como un actor decisivo en esta gira de Tormenta Eléctrica. Fue el punto de referencia principal la mayor parte del tiempo, por lo tanto muchos de sus rasgos resaltaron. Desde su manifestación sobre el escenario, el rasgueo de la viola, hasta las luces que lo iluminaban haciendo foco en su figura. Todos factores que lo hacían un personaje inimitable y exclusivo en el mismo show.  Sus movimientos incluyen un sutil desplazamiento de cabeza ubicada de perfil, como un vaivén al ritmo de la música, mientras hace vibrar esa guitarra. Walter sabe danzar muy bien para sus fans.

Y entonces suena «Ángel, ella es un ángel, tiene la llave que devuelve la ilusión…», y pasamos a escuchar un increíble solo de guitarra, para continuar con «Sólo para amarte», en la que, entre los clamores del público, elige saltar a un pie sobre el parlante para llevarse una y otra vez las miradas.

Podía divisar a un auditorio jubiloso, detonante. Y había muchos niños en el lugar. Unos a cococho o simplemente sonriendo enloquecidos.  La sonrisa de estos niños seduce y ese hecho en un recital como éste es lo que sella esa magia que encanta y que sólo puede venir de Rata.

Entre el repertorio de canciones sonaron: «Un día más un día menos», «El jugador», «El sueño de la gitana», «Buscando pelea», «Rock and Roll Hotel».

Y llegó el momento de «Aún estás en mis sueños», de su séptimo disco de estudio: La llave de la puerta secreta. Aquí se sumó otro dato para seguir definiendo la particularidad de Walter y es que luego de tocar unos acordes, arrojaba las púas al público. Era como un ping pong contra la guitarra, y la púa daba un giro misterioso y caía en las manos de los exasperados bajo el escenario. Un hecho que se repitió durante todo el show.

Debo destacar particularmente la forma en que se lució el batero Scarcella, cuando tocó fervientemente los platillos, con completa dejadez, imprimiendo el sello de resurrección del rock heavy, hacia una sensación que agradecieron mis oídos, justo antes del corte.

En ese pequeño instante en que desaparecieron, el salón fue desbordado a los gritos de «Rataaa, no te vayas». Nadie se quería ir. Fue un segundo de desazón, necesitábamos más. Y entonces desde lejos se oyó ese gritito de la vozRata Blanca prodigiosa de Adrián, ese «Ahhhh» interminable, y ahí supimos que iban a volver. Todos recibimos un Rata que volvió desarmado para resucitar la locura que llevan en su interior colectivo, con estos casi 30 años de trayectoria.

¡Rata desbordó!

Y volvió para repasar algunos temas. Sonaron: «El reino olvidado», «Guerrero del arco iris», «Abrazando al rock and roll».

Deduje al llegar esta parte que el guitarrista estaba tan loco que, si en algún momento pareció tranquilo, ahora era un animal persiguiendo los sonidos de la luna más brillante en una noche oscura. Mientras que Adrián cambió su remera blanca por otra negra, la cual terminó por completo desabrochada.

Y entonces «Mujer amante»…

Podría llamar este show, el show de púas. Naturalmente Walter y Guille se la pasaron regalando púas al público. Seguro, pensaba yo, deben de comprar un bolsa por show, para repartir. Es algo que me fascinó tanto: ¡Ojalá hubiese estado más cerca para poder agarrar una! Más tarde, a través de las redes sociales pude ver que esas mismas púas están firmadas con su nombre. Un clásico para todos los coleccionistas y seguidores de la banda.

Y finalmente «La leyenda del hada y el mago», para un final descabellado y bien rata, donde el guitarrista rebosante de locura, revoleó la guitarra, atacó a los parlantes y cortó algunas cuerdas de su guitarra.

El show se fue distorsionando y tomando forma de improvisación, para que en dos segundos el glorioso grito de Adrián se acoplara con el grito de la guitarra de Walter. Fue increíble, eran ambos un mismo instrumento, fundidos entre sí, en una armoniosa zapada que se fue apagando hasta silenciarse con el último rayo de una tormenta eléctrica.

Estos tipos suenan. Rata deja un vacío difícil de llenar.

Álbum completo

Contacto

Rata Blanca Oficial
Facebook

Músicos

Walter Giardino – guitarra líder/lead guitar
Guillermo Sánchez – bajo/bass
Adrián Barilari – voz/vocals
Fernando Scarcella – batería/drums
Danilo Moschen – teclados/keyboard