Crónicas | Ya nadie recuerda a Frederic Chopin - Por Ernesto David Sánchez 

¿Qué es un recuerdo? ¿algo que se posee cual tesoro o una pérdida de la que sólo sobrevive su sombra? Después, o al mismo tiempo, aparecen las coincidencias, en las que las causalidades, como el diablo, meten la cola, y también esgrimen su puntas a la hora de escribir la historia. En estas páginas, el 17 de Octubre marcará el almanaque, tanto en el París de 1849 como en Buenos Aires, noventa y seis años después. Y será el teatro, además de los números, el que junte a las fechas en una melodía sobre el escenario. Lo hará desde el poder del arte, manteniendo fresca la memoria, para que no mueran las conquistas  y los cisnes sigan cantando. 


Ya nadie recuerda a Federic Chopín III

―Abrí mas los brazos, Susy. Tienen que desplegarse como las alas de un cisne. Y vos, Zule, practiquemos más tu francés. Bonjour, qui êtes-vous?
―C’est moi, mama, Patri. 

La chica le responde con los modales plásticos de la aristocracia. Su madre se esfuerza por controlar cada acción y pensamiento de la casa, mientras suspira por Francia y por la música de Chopin. Su padre, un poeta y dramaturgo venido a menos, usa su escaso talento para redactar obituarios. Y ya nadie recuerda a Frederic Chopin, se lamentan mientras repasan las lecciones en un piano desafinado.
Posiblemente el piano es el elemento más representativo de este mundo. Melodías que intentan revivir un estilo de vida tan desafinado como el instrumento que las ejecuta. Una mujer que añora la vida cómoda de las clases altas, pero que se casó con un gallego anarquista. Niñas que viven en un barrio pobre, pero que son criadas con los modales de un internado privado. Y nunca tendrán amigos. Y desperdiciaran toda su vida añorando la libertad, sin el valor de escaparse para buscarla.

¿Dónde queda la esperanza? En todos lados. Cada personaje sueña con un mundo mejor. El padre sueña con la caída de Franco; la madre, con el prestigio social; y las chicas, las chicas sueñan con el regreso de ese músico que vino una vez a la feria. Ese músico bohemio y socialista que supo venir una vez al pueblo con su acordeón. Que llevaba en sus teclas y en sus ideales una rebeldía mucho más cercana a la del propio Chopin que la que jamás podría emanar del piano desafinado.

Ya nadie recuerda a Federic Chopín IIPero el joven se fue a la guerra como voluntario a pelear contra los nazis. Y ellas no saben si lo aman a él o aman lo que él representaba. El amor es tan sólo el ancla al cuello que las detiene durante años,  esperando que él cumpla su promesa de volver. Como Penélopes modernas, sin grandes palabras que las nombren. Sin canciones, estatuas o dibujos. Solamente el dolor mundano de los sueños que nos van dejando atrás.

Sentarse a ver Ya nadie recuerda a Frederic Chopin fue cuestión de disfrutar casi desde el comienzo. La historia se nos cuenta a través de los recuerdos de Susy, la protagonista, mientras espera sentada en el banco de una plaza que vengan las multitudes a rendirle homenaje a Frederic Chopin en su aniversario.
Con muy buenas actuaciones en todo el elenco, una puesta en escena muy bien planteada y un ritmo que sabe cómo trabajar en función de la historia. Tal vez un poco ambigua para definir el país y la fecha exacta en la que ocurre, pero los personajes están muy vivos, la narración es dinámica y el drama es muy humano. Es fácil emocionarse con ellos; sentirlos cercanos. Como se llegaría a conocer a un familiar. Incluso lloré sobre el final.

Y entonces, llego a mi casa y leo en una reseña que la obra habla también sobre el peronismo. ¿Dónde carajo? ¿Dónde estuvo todo eso? Pues bien, parece que mi confusión se dio por no saber que Villa del Parque es un barrio de Buenos Aires. ¿Soy un imbécil con cucuruchos de helado en la frente? Seguramente sí. Pero tampoco me parece obligación conocer todos los barrios de la madre patria Buenos Aires, siendo que vivo en otra provincia.

¿Eso le sacó mérito a la obra? Para nada. Al contrario, cuando repensé la historia teniendo en cuenta estos datos, descubrí que era más profunda y más interesante de lo que pensé la primera vez.

Su autor, Tito Cossa, es Ya nadie recuerda a Federic Chopín Vuno de los dramaturgos más importantes del país, que escribía obras en el Teatro del Pueblo, en la época de la dictadura Cívico militar. El ingenio también se expresa al hablar de ciertos contenidos en forma más encriptada. Si uno no se sitúa bien en el contexto, se pierde muchas sutilezas y detalles implícitos.
Pero cuando esa segunda lectura sobreviene, la obra se potencia: la fecha del nacimiento de Frederic Chopin, el 17 de octubre, el padre anarquista hablando de unos fascistas que llenan las calles, la plaza con la estatua en homenaje a Chopin deshabitada el día de la lealtad…
Y por sobre todas las cosas, se fortalece la tragedia de la protagonista. Crianza, ideales, prestigio, libertad; élite y pueblo. Susy se ve atrapada entre dos mundos opuestos que colisionan dentro suyo, a la vez que la misma pelea se desarrolla fuera de ella; fuera de la plaza. Allá lejos, en la calle.

Contacto

Teatro La Nave

Ficha Técnica

Autoría: Roberto Tito Cossa
Dirección: Walter Operto
Actúan: Mirna Remes, Celina Bailetti, Ligia Sarich, Christian Valci, Gabriel Rocca y Javier Fernández.