Poesía | Como decir nuevo - Por Luciana Bertolaccini | Ilustración: Emendez Pintura

Por Luciana Bertolaccini | Ilustración: Emendez Pintura

 

La ternura se nos extirpó de un saque
ocaso de un posible acurruque
que da pie a la suspensión.
Respiramos y barajamos de nuevo
tentando al azar,
pero no.
La ternura se nos extirpó de un saque
y con ella,
la imaginación.

Millones de espectadores
ridículamente contemplando
la mano visible
con personalidad, con cara,
con copyright y cuenta offshore.

Mano blanca, de uñas limpias,
mano tersa, ligera,
mano que apacigua, que acaricia,
que desprende los botones, baja el cierre
casi como haciéndonos cosquillas en la entrepierna,
mano que localiza y desvía hacia lo impropio,
mano tan precisa que hasta cautiva que esté ahí.

Una pulcritud biográfica,
bajo la sotana modernizadora
y la bruma monopólica de la administración eficiente,
habilita a esa mano a decretar
la urgencia resolutiva para los pocos.
Y para los muchos,
reconversión reproductiva de lo afectivo:
que el padecimiento se soporte
y la algarabía lo morigere.
Un punto de quiebre a partir del cual
lo que garpa parece ser la necedad,
y una bola de pelos escupida
cada vez que los que deberían estar ahí
desaparecen, se corren o nos corren.

En la era del emprendedorismo,
la paráfrasis viene a ser esfuerzo individual
porque al fracaso
lo asumimos como propio.
Demasiado apretados estamos por acá abajo
como para que encima
dejemos lugar a un sujeto colectivo.
Elipsis narrativa de acontecimientos ya rancios
acaecida como metamorfosis de lo anquilosado.

Es en ese hueco
disponible, posible
donde tal vez quepa una duda
¿era esta la solución?

Ilustración: Emendez Pintura