Poesía | Un plan sencillo para la paz - Por Alberto Suspicaz

Nuestro compañero ironiza con un plan para alcanzar la paz que siempre demandan los países imperialistas y explotadores. Lo raro de esas naciones es que aparecen siempre en todos los enfrentamientos bélicos, y su estrategia para conseguir la armonía es apoyar y armar a unos de los dos enfrentados. 


Tengo pensado un plan, sencillo
sin mayor dificultad,
para que en el mundo reine la paz.
Ccomenzaría por matar a los nativos
una vez listos,
exterminaría entonces a los árabes,
entonces, seguiría con los asiáticos
chinos, coreanos, japoneses
de Tanzania y de Taiwán.

Me llevaría tiempo,
pero es deber hacerlo.
Luego acabaría con los mulatos,
uno por uno.
Entonces me dirían racista
y así es:
porque también terminaría con los blancos occidentales
por odio a todas las razas.
También podría matar por religión:
primero mataría a los judíos
–a los que Hitler dejó–,
luego a los musulmanos
–a los que Israel dejó–
al final,
fulminaría a los cristianos
sin amparos ni distinción:
degüello o fusil, da igual
para el católico o protestante
anglicano o testigo de Jehova.
Sería un acto xenófobo
como tantos hubo:
sería sólo uno más.
Aunque podría hacerlo completo
y entonces descuartizar ateos,
por impíos y blasfemos.
Mataría al rico y al pobre
al obrero y al patrón
al banquero
al recolector,
al industrial,
al empleado público,
al alfarero,
al financista,
mataría, con especial rutina,
al burócrata y al funcionario,
al directivo y al operario.

Quizás lo haga por sexo:
me dirán sexista, y seré:
primero a los hombres,
después las mujeres.
Hay varias formas de proceder,
varios principios que seguir:
generaciones,
ideologías,
credos,
color,
orientación sexual,
en fin, todos morirán.
Entonces y sólo entonces,
habremos cumplido el objetivo:
al fin, este mundo,
gozaría de la igualdad.

Banksy