Ensayos | Abecedario del ladrón abatido - Por Lucas Paulinovich | Ilustra: Juan Paz

a) Van a tirar un tiro en nombre de la vida y otro en nombre de la muerte. Un modelo policial homogéneo para todo el territorio. Unidad de los represores, y al que no le gusta. Lo que pasa es que estamos cambiando. Cumplimiento del deber, y demás redundancias. La nueva legislación. Una doctrina que lave las culpas de los uniformados. El debido proceso: un bang‑bang merecido. La justicia vecinal viene a decir lo que la otra, la grande, férrea y con jubilaciones de privilegio, no puede decir precisamente por los reglamentos y los protocolos que hay que modificar. Entonces, darán un plus de crueldad, de regalo, sin pagar de más, para ganarlos como clientes.

b) Lo peor, dirá, son los que no son, pero igual se identifican. Los que están, asimismo, en la línea de tiro y es pura suerte que todavía no se la den. Si llegan a levantar la mano para pedir ir al baño, la van a pagar. La sangre es la misma: oscura, espesa, granulada.

c) Quedamos en eso: hay que apuntar a la reacción posible de los damnificados. La Regla de los 21 pies, producto de importación. Es un cálculo: un individuo tarda un segundo y medio en avanzar esa distancia. Un tirador hábil desenfunda y dispara en un segundo. El otro disparo tarda 0,2 segundos adicionales. Un tercero, otros 0,2. Desde que se instala la amenaza hasta que se decide contraatacar, hay medio segundo. La única forma de invalidar al agresor es dársela justo en la espalda. Hacer el lío y buscar el héroe, es fácil.

d) La escena del crimen cotidiano. Ciudad y centro, Gran Capital. Cámaras y acción. Tiroteo. Heridas para la jueza federal. Chorrea la pierna del prosecretario, fuero civil. Un centenar de plomos y esquirlas y vainas regados en los Tribunales. Las camionetas policiales pasan como bólidos y que no te agarren. Te chocan y aplastan, las ruedas. Después, lo de siempre: el juez que procesa por mal desempeño, es juzgado. Inhabilidad ético‑moral, prevaricato. Están preparados los abogados especialistas en esa clase de denuncias. Renovación Federal, disciplina. Lo mismo para la que impide a las fuerzas de seguridad usar armas letales en una manifestación. Una gran reforma previsional para eliminar el conflicto.

Ilustración: Juan Paz | Disculpen la molestia

e) La cuestión social es un problema policial. Hagamos turismo, lo demás no importa nada: circulación y consumo de los espacios. A pesar del boom de las súper tasas y los que amarrocaron billetes verdes, miedo es que caiga Wall Street. Jornadas de sol a sol. Sembrando tierra tendrás tu pan, y todos los ríos van al mar, y al río, los cuerpos. Tripa y seso. Es que la violencia es un vicio. Casi no hay juicios para el gatillo frágil. Casi no hay penas.

f) El Halcón se defiende con tiros reales, balas reales, plomos reales. Igual que el Prefecto y el Gendarme y el oficial de la PAT. Hubo un robo y un arma de juguete. El Halcón tira por la espalda. Igual que el Prefecto y el Gendarme y el oficial de la PAT. El Halcón mata al ladrón. Y vuelve a su casa. Se acuesta, descansa. Igual que el Prefecto y el Gendarme y el oficial de la PAT. Al otro día, como un trámite más, pasa la notificación: legítima defensa en ocasión de robo, dice. Riesgo real, ladrón real. Tan real como la RAM en la esquina de Córdoba y Laprida. Y los sindicalistas feroces. Y los anarcotroscokirchneristas con ínfulas golpistas. Y las mujeres escandalosas, malagradecidas. Y los vagos lapidarios, irreversibles. Reales, dice. Igual que el Prefecto y el Gendarme y el oficial de la PAT. Y el olor a aceite quemado crece en las avenidas. Olor real.

g) Ahora Dios baja a la tierra, nos mira fijo a los ojos y con voz delicada de padre bienhechor, nos explica: políticas asistenciales o represión. Premios. Garrote, garrote, garrote. Parecía un chiste, pero no lo era. El secretismo es una disciplina muy complicada. Todo es posible de la puerta de casa para adentro. Da terror entrar en auto a la ciudad, que toque de casualidad, en las orillas de Piñero. A romper espejitos y espejismos. Los que son iguales, siempre, son los muertos.

h) Una mujer policía. Una mujer policía embarazada. Una mujer policía embarazada saca su arma. Una mujer policía embarazada saca su arma y dispara. Una mujer policía embarazada saca su arma y dispara a una silueta que corre. Una mujer policía embarazada saca su arma y dispara a una silueta que corre y esa silueta es un pibe. Una mujer policía embarazada saca su arma y dispara a una silueta que corre y esa silueta es un pibe que intentó robarle el auto. Una mujer policía embarazada saca su arma y dispara a una silueta que corre y esa silueta es un pibe que intentó robarle el auto y no se llevó nada. Una mujer policía embarazada saca su arma y dispara a una silueta que corre y esa silueta es un pibe que intentó robarle el auto y no se llevó nada y quedó tirado en la calle. Una mujer policía embarazada guarda su arma. Una mujer policía embarazada guarda su arma y se toca la panza. Una mujer policía embarazada guarda su arma y se toca la panza porque ama la vida.

i) Y el otoño no traerá su furia encantada, falta demasiado. No queda tiempo para las monjas voraces y las damas de hierro, no queda espacio para un reclamo más. Tienen tacos altos los vampiros en la pesadilla de los ejecutivos que regatean el precio de una chupada y con dos botellas de champán quieren llevarse a la cama a cualquiera de sus empleadas. Mirá: son un estropicio estos pies helados en salmuera, la silla es incómoda y el vaso no se queda quieto. Tengo los riñones como duraznos en compota. Los soldados se aburrieron de la abstención bélica y no quieren volver a cavar pozos y alambrar terrenos. Alguna vez lo pensé: mientras le den tarea a los chicos en la escuela este mundo será cada día peor. Hacen entrega del diploma para la mejor venta de armas. Y una taza de leche cuesta cada vez más cara. Está ahí, lo ves: el futuro discernido, presagios de la nueva CGT y la cadena del inodoro superlativa como una montañita sobre toallas con bando a humedad. Se mojó el papel higiénico y ahora está desmenuzado. ¿Cuánto queda de los suelos sensibles urdidos? ¿Y de la confidencia, el último refugio? ¿Cómo callar, al fin, esos silencios? La genuina violencia: es que nadie elige ser vanguardia.

Ilustración: Juan Paz | Disculpen la molestia

j) Y mientras tanto la lluvia no viene y la cosa se pone peluda. Endeudamiento gordo y bravucón. Calificaciones de país de frontera. Intereses a pagar por cien años. Qué lindo tomarse una limonada compatriota en Palm Beach, mientras llegan tractores y sembradoras y zapatillas y vasos y cosechadoras y termos y bombillas y motos y aparataje odontológico y muebles y patines y alfombras y frenos y limpiaparabrisas y motores y secadoras de ropa y herrajes y tejidos y sobres y tarjetas y papel y ceniceros. Y municiones varias, tecnología ultraavanzada. Eso era: bang‑bang de medio segundo para la confianza de los prestamistas. Actores de la deuda que hacen lecturas de merquero, apostadores compulsivos, cebados, van all‑in: pedir permiso en medio de un operativo para usar el arma, nunca más.

k) Entonces volvemos: poshumanismo, posverdad, posmoral. Tecnociencia como medio para la globalización. Un nuevo liberalismo que convierta toda la realidad en mercancía. Deseo y bienestar individual, de derecha y de izquierda. Normas que sujeten, bien común: negacionismo e incumplimiento del sistema internacional de derechos humanos. Quién no es capaz de distinguir entre el bien y el mal, entre el policía y el ladrón. Si les gusta avanzamos. Y si no les gusta, también.


Texto publicado en Rosario12


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