Crónicas | 13 cosas que me pasan por la cabeza mientras recorro Porto Alegre - Por Ber Stinco | Fotografía: Dai Ana

Es sábado y son las 8pm. Los días comienzan a ser amables a partir de esta hora. Hoy Río Grande Do Sul no tiene su fiebre habitual, viento y lluvia nos dejaron estos amigables dieciséis grados. Pero anoche no fue así, y, para peor, el jurásico aire acondicionado de donde caí a dormir no arrancó nunca y me las tuve que apechugar con un ventilador chillón y poco efectivo. Entonces dormí poco y salteado, y soñé con animales que caían del cielo prendidos fuego. Ahora, en cambio, tenemos la temperatura ideal para cultivar el pensamiento y la elegancia;

* Porto Alegre es un desconche de mixturas, por lo pronto ando fascinado con las radios de los bordes del dial que son una rama de la literatura fantástica, pastores predicando con el nivel estético de los relatos de Víctor Hugo Morales en el mundial 86. Te digo que la radio de Porto Alegre está tan buena que podríamos no salir del hotel.

* Por suerte salimos y hace un rato nos encontramos con un comedor que tiene como mil años y no tiene cartel, ni carta, ni nada, y nos comimos una barbacoa cósmica de qué planeta viniste.

* Qué laucha esos bodegones y pizzerías argentinas que decoran como si estuvieran desde hace 50 años y abrieron hace dos semanas

* Por las calles de Porto Alegre siento que estoy hecho de mirada pura. Y pienso que Río Grande do Sul es como una pieza de rompecabezas que no encaja ni en Brasil, ni en Argentina ni en Uruguay, y, a la vez, se relaciona orgánicamente con las tres.

* ¡Caramba! la gaseosa Manaos basa toda su publicidad en la «argentinidad» y le han puesto a la empresa nombre de ciudad brasileña.

* Igual el comercial de la Manaos sin azúcar con el directorio de Coca Cola preocupado y el gerente hablando por teléfono diciendo «Atlanta, we’ve Had a Problem» es lo mejor que nos pasó cómo sociedad desde 2015

* Si venís con las orejas afinadas te va dando la sensación de estar atravesando un degradé; Es como que al litoral gaucho se le va acentuando la U, y, a la vez, se le va desinflando la CH, hasta terminar en llanta, y decís; gaúsho, gaúsho, y en ese momento sentís que el portuñol ya se te metió en el cuerpo. Y ya sos mirada pura y portuñol.

* Otra flashera es enganchar ritmos que tenemos re incorporados en castellano argentino, como la milonga y la chamarrita, o, ponele, en castellano y guaraní, como el chamamé, cantados en un portugués más suavecito que no sé qué. Mi primera impresión fue como la de encontrarme con Horacio Guarany vestido de Rey Momo.

* Todas las avenidas son re anchas, anchas como cancha brasileña, pienso. Y al toque también pienso que viajar es un tiempo más lento en comparación con la actividad habitual y por lo tanto un tiempo para distanciarse del orden habitual de las cosas. Claro, con la creación artística pasa exactamente lo mismo.

* En su momento B.B. King escuchando a Pappo cantando blues en criollo debe haber sentido algo maso. Aunque acá no importaron nada; el chamamé, la milonga y la chamarra son tan gauchas como gaúchas. Es que el actual territorio de Río Grande del Sur se encontraba en tiempos de la colonia comprendido dentro del Virreinato del Río de la Plata, constituyendo el centro y centro-norte de la gran Banda Oriental.

* Otra sarpada de la zona fue la movida separatista; a mediados del siglo XIX, la provincia de Río Grande del Sur se constituyó en estado independiente con el nombre de República Riograndense.

* Porto Alegre es un fresco bastante completo de esta parte del continente y su destino.

* Me gusta viajar, pero «el viaje» como fuente de conocimiento está muy sobrevalorado, la humanidad está llena de ejemplos de gente que se la ha pasado viajando y son unos burros de proporciones bíblicas. Viajar o quedarse quieto no es garantía de nada.