Crónicas | Fueron por el libro y el chori - Por Javier Galarza | Fotografía: Sin Cerco

«En lo alto de la sierra del Perú y las provincias que llaman del Collao, el clima es tan frío y seco que es imposible el cultivo del maíz y del trigo, por lo que los indios usaban otro género de raíces al que llamaban papas». Este fragmento del libro «Historia moral y natural de las Indias», del padre Joseph de Acosta, antropólogo español de la orden jesuita, y publicado en el año 1950 nos revela un misterio: en sus comienzos, el locro era, apenas, un guiso de papas. La cebolla, la panceta, el maíz, la ocasional salchicha parrillera porque no conseguimos chorizo colorado, la falda, la zanahoria, la piel de chancho y todos estos ingredientes que hace horas están girando en dos ollas de esta casa del barrio de Arroyito, es la materialización de siglos de un crisol de culturas y su consecuente evolución culinaria. Es además, respetar las tradiciones: en los feriados patrios, se come locro y se toma vino. Viva Perón.

Tradición también que todos los 20 de Junio se celebre a nuestra bandera en el Monumento. Pasan los años, pasan los dirigentes, queda el acto oficial. Miles de personas, vecinos, niños de diferentes colegios, funcionarios de gobierno, vendedores ambulantes e infinidad de banderas celestes de lienzo blanco en nuestros corazones que flamean por ahí, son las postales de otro tiempo mejor. Este año, representantes de un gobierno provincial en retirada se apostaron a izar la insignia patria, entonar el himno… y nada más. No hubo discursos, no hubo un locutor. Pasaron siete minutos entre comienzo y fin.

Fue además la primera vez que un presidente de la Nación que se encontraba en la ciudad no iba al Monumento. Como todo en la vida, las cosas se pueden explicar desde la teoría política… o desde Los Simpsons. El episodio de la bola en la ingle. La escena donde Barney, en su película autobiográfica, acude a una reunión de alcohólicos anónimos para contar sobre sus problemas de consumo, pero estaba tan ebrio que en verdad hablaba en una reunión de niños exploradores. Eso fue Macri en el Club El Ciclón, lugar de la ciudad que eligió para visitar. No habló de la bandera, ni siquiera pronunció el nombre Belgrano. Niños y niñas entre seis y trece años escuchando un desangelado mandatario dando un discurso sobre «la mafia de los transportes». Lisérgico.

Así las cosas, ante la necesidad de celebración de una fiesta popular, todos los ojos apuntaban a lo que iba a pasar a las 17 en el Salón Metropolitano del Alto Rosario. Cristina Fernández de Kirchner presentaba su libro, Sinceramente. Allá fuimos.

La Plaza del pueblo

Llegando a la Avenida Alberdi, el caos de tránsito inequívocamente manifestaba lo inusual de la jornada. Bondis y autos atascados. Gente caminando por el medio de la calle. Operativos de seguridad. Calles cortadas. «Siento que estoy yendo a un recital» dice mi amigo Pocho, que es mas peronista que el aguinaldo. Algo de eso había.

Entrando al parque Scalabrini Ortiz, audaces se elevaban en un vuelo triunfal las banderas de los diferentes sindicatos y organizaciones sociales que fueron a «ver a La Jefa». Nos apostamos entonces en las afueras del Salón Metropolitano, junto a descamisados 2.0 que vinieron a bancar la parada.

De un tiempo a esta parte, CFK elige una metodología particular de aparición pública, de enunciación: en un auditorio pequeño, sentada alrededor de una mesita, con un partenaire que le realiza una especie de entrevista. Para la gente, hileras de sillas. La militancia, atrás o directamente afuera del recinto, como hoy.

Cristina sale a escena con su saludo habitual. «Buenas tardes a todos y a todas». Lo leíste con su voz ¿no? Es su marca de agua. El «Buenas noches América» de la política. Sólo bastó eso para provocar una ovación en las dos mil personas que estaban dentro y las veinte mil de afuera. «Es increíble lo que genera esta mujer» puso en Instagram un amigo que fue a trabajar y que sigue justificando su voto blanco en el balotaje por tener el lujo de tener la panza llena.

Foto: Sin Cerco | http://sincerco.com.ar

La estrategia que se vislumbra es: «Hola, estoy presentando un libro, no estoy haciendo campaña». Sí, técnicamente es verdad. Cristina no hizo referencia alguna a Alberto Fernández, a las PASO que están a la vuelta de la esquina o a un eventual programa de gobierno. Desde que cedió el espacio como candidata a presidenta, que por apoyo popular le pertenecía, su diálogo con el afuera es otro: ameno, sereno y hasta divertido (no fueron pocas las veces que el auditorio rió con las ocurrencias de la senadora). Y quizá, el fondo de la cuestión sea: aparentamos no hacer campaña, nos mostramos más humanos, más moderados, pero en realidad sí estamos haciendo campaña. Recordemos que la persona en cuestión supo ganar una elección donde más de la mitad de los habitantes del país la eligieron en primera vuelta, sacándole casi 40 puntos porcentuales al segundo. Hay que volver a enamorar y el camino, al parecer, es este.

«Mi prócer favorito es Belgrano» arrancó CFK ante el escritor Marcelo Figueras, entrevistador de ocasión. «A éste no lo casaba nadie, quizá hubiese sido la amante de Belgrano». Sigue teniendo, Cristina, una facilidad para entregarle títulos fáciles a periodistas carroñeros. Porque una cosa es estar ahí y escuchar el tono jocoso de la charla, y otra es leer el título en abstracto en, suponte, Infobae. Es carne de cañón para que la tilinguería se la pase hablando. O malinterprete.

Ejemplo.

– Lo que dijo Cristina: de mí los medios dijeron cualquier barbaridad, hasta sobre si tuve sexo después de la muerte de Néstor. Hoy tengo la libido en mis nietos, soy una abuela y soy viuda. Lo curioso es que esos medios no hablan así de otras funcionarias que tienen cuarenta y tantos y están divorciadas, y las venden como angelicales, virginales y hadas.

– Lo que discuten los macristas en Twitter profundo: CRISTINA HABLÓ MAL DE LAS DIVORCIADAS.

Real. Pero esperable de gente que sigue creyendo que sí se puede.

Crazy Little Thing Called Peronismo

La charla de CFK se estiró por más de una hora. La tarde caía y con el sol, se fue el calorcito del último suspiro del otoño. Pero seguíamos firmes, viéndolo todo por pantalla gigante. La torta asada y los mates les fueron ganando protagonismo a las cervezas iniciales que venían desde el mediodía.

«No era momento ni lugar» dijo Cristina en alusión a los dichos de Macri sobre Moyano. Y agregó: «Cuando juntos inauguraron la estatua de Perón en el 2015, ahí no le parecía tan malo». Tiro por elevación a ambos, a pesar que el líder de Camioneros juega para ella nuevamente.

En las pantallas de los costados se enfocaban a diferentes personalidades de la política y la cultura: desde el peronismo local como Roberto Sukerman o Leandro Busatto, al peronismo nacional como Oscar Parrilli y Agustín Rossi. Se las podían ver a Otilia Acuña, Madre de Plaza de Mayo que lleva consigo sus 99 años de lucha, o a Maca Sanchez, jugadora de San Lorenzo. No obstante a la única dirigente que la locutora del evento nombró fue a Alejandra Rodenas, vicegobernadora electa por la provincia de Santa Fe, quien se ganó una gran ovación. La ex jueza estuvo acompañando, gozando del clamor popular y aportando todo el peronismo que le falta a su superior inmediato (dale… ¿Justo ese día te tuviste que ir de vacaciones?).

Figueras dispara la última pregunta y cierra su computadora, de donde leía fragmentos del libro que lo ayudaban en su cuestionario. Cristina habla. Las pantallas que estaban colocadas a su costado para que la gente dentro del recinto pueda ver mejor, enfocan la marea de gente que había afuera. Los de adentro se sorprenden. Cristina ve la reacción y pregunta «¿Qué pasó?». Las pantallas vuelven a mostrar a los de afuera. Los de adentro aplauden. Los de afuera nos dimos cuenta que los de adentro nos vieron, se exaltaron y comenzamos a cantar y a saltar. Cristina mira las pantallas y pregunta «¿eso es afuera?» casi incrédulamente. Todos (adentro y afuera) cantamos en una comunión de energías espontánea. CFK intenta retomar lo que venía diciendo, pero al escuchar el grito ensordecedor, y como quien dice «ya fue todo», esputa un «el acto lo terminaron ustedes compañeros, muchas gracias a todos y a todas».

Luego de la firma protocolar de libros en el recinto, se dispuso a salir al escenario montado afuera. Había gente llorando. En el escenario estaba un Beatle. Una Madonna. Para quienes crecimos en los 90s mirando programas como Día D o CQC (cómo les explicamos a los más chicos que sus conductores antes eran progres) donde la línea que se bajaba es que la política nos tiene que repeler, que no nos tenemos que involucrar en nada, ver semejante devoción por una figura política es cuanto menos, conmovedor.

Foto: Sin Cerco | http://sincerco.com.ar

Cristina agradeció a la multitud que acompañó esta tarde con un estruendoso «Gracias Rosario». La vuelta fue en caravana, como a la salida de la cancha, con autos tocando bocina. Fue la salida de un equipo que ganó el clásico. Contrastantes imágenes entre ésta alegría genuina y el anodino acto de matutino del presidente.

Muchos se amontonaban en los puestos de choris, cuyo olor perfumó la jornada de la tarde. Porque si hay algo de valor simbólico en todo esto es la comida. En este embutido convive el resentimiento del otro, del que tiene demasiado parada la nariz como para disfrutar este olor maravilloso. En los choripanes está el combustible energético del movimiento. La justicia social no se puede hacer comiendo tartas de tofu.

Caminamos de regreso por Avenida Alberdi. El calor se sentía en la calle, a pesar de los menos de diez grados. Es un calor que te hierve la sangre, que te interpela a cada paso, a cada grito de cada persona que salía extasiada del lugar. Con cada bocinazo. Es un calor como el que solo sentís con las cosas que te conmueven y te movilizan. Es un calor que se acomoda en algún rincón cercano al corazón y que te cambia todo de una vez y para siempre. Ese calor se llama peronismo.


* Todas las fotografías pertenecen a la cobertura realizada por Sin Cerco