Ensayos | Una nación para el desierto algorítmico | Parte I - Por Andrés Mainardi | Ilustra: Bunsa

«Es posible que ya no te fijes en los cuentos que te cuenta el mundo»

Fito Paez — Confiá


El capitalismo de las almas sin fronteras

En 1971, John Lennon escribía Imagine y le proponía a una juventud cansada de la guerra pensar en un mundo sin fronteras.

En 1982, Alberto Spinetta publicaba Barro tal vez y le proponía a una juventud, destruida por la dictadura, el don todopoderoso de «tocarse el alma».

Como siempre, la historia choca y se desdobla. Un click por una canción. Todos los hits conducen a Roma.

En un escenario de Guerra Fría y dictaduras latinoamericanas, algunos jóvenes optaron por repetir como mantra las letras de estas canciones avizorando un futuro mejor.

Otros, a la sombra de la Primavera, decidieron armar sus propias empresas digitales en garajes californianos.

Así, dedicarse a tocar las almas sin distinción de fronteras, se convertiría en el nuevo hit generacional. Estábamos a la víspera de una nueva fórmula de ganancias. Lo sensible sería el nuevo campo de batalla.

Hacia una discursividad Anti-Distópica: la patria son los datos

En Argentina, hace más de 60 días, toda persona que se queda en su casa está contribuyendo a salvaguardar el confinamiento social propuesto por el poder ejecutivo del Estado.

En paralelo, dentro de sus hogares, esas mismas personas viven contribuyendo en generar y reproducir su propia huella digital en un capitalismo devenido plataforma.

Para un país como Argentina, estos modos de vida han generado que ciertos discursos de la panacea social entren en tensión. Todos queremos ser los mejores ciudadanos y al mismo tiempo los mejores consumidores. Ni el tobillo de Maradona en Italia ’90 hubiese aguantado tanta exigencia. 

Podríamos decir que todo lo que es consumido civiliza y marca una época: un alma discursiva. Hoy la pregunta no es quiénes ni qué consumen sino dónde y cómo lo hacen. 

Ese espacio fracturado donde uno elige ficcionalizar lo real para borrar la opresión está abriendo en el mundo las nuevas transformaciones de lo digital: un momento histórico donde individuos aislados viven por y para los objetos conectados.

Éric Sadín, en su libro «La humanidad aumentada», plantea que hay dos espacios paralelos a controlar por los factores de poder: uno dentro de las pantallas y otro por fuera de ellas.

Luego que la pandemia generada por el virus SARS-CoV-2 suspendiera gran parte de «las actividades humanas», la otra cara de la moneda, es decir, «la virtual», se ha tornado tan real e indispensable como un encuentro físico.

Ilustra: Bunsa

Saliendo del binomio: «el Estado controla las calles, el Mercado controla Internet», llegamos al punto de partida de la lucha que se avecina: la soberanía digital en un mundo donde los datos humanos son materia prima.

No hay lugar para ahuyentar el nuevo orden mundial con la llama nostálgica del romanticismo antiguo. Vivimos un momento donde cuesta imaginarse a Spinetta tocándose el alma y a Lennon borrando las fronteras con tres acordes. La comunicación no desdibuja nada.

Nada nuevo bajo el sol

Walter Sosa Escudero, en su libro Big Data, maneja y expone números exorbitantes de todo lo que sucedía en un minuto de Internet pre-coronavirus.

En simples palabras, en un minuto en la selva digital se miraban 70 mil horas de contenido en Netflix, otras 900 mil personas se conectaban a Facebook y, en menor medida, se enviaban 452 mil tuits, en consonancia se subían 46 mil fotos a Instagram y, como si fuera poco, se realizaban 3,5 millones de búsquedas en Google.

Entre apocalípticos e integrados, las economías de ciertos países desarrollados, vienen proponiendo y tensando hacia donde se perfilará el nuevo orden de la economía mundial. 

«El Capitalismo de Plataformas» ya es un hecho. El canadiense, Nick Srnicek, plantea en su último libro cuáles son el rol de estos actores y dónde queda el campo de batalla en que el establishment propone jugar.

Estas aplicaciones de cara amigable y gobiernos oscuros se perfilan como otra gran burbuja de una larga recesión. El primero que pinche esa burbuja y no salga empapado será el líder del nuevo mundo digital. El gran sueño chino o el American Dream. Ajedrez o Wei, esa es la cuestión.

Ni koreanos ni academicistas

El filósofo coreano demodé, Byung Chul Han, escribió a mediados de abril una nota comparando y analizando las ventajas de los países del sudeste asiático y las desventajas de los países europeos a la hora de combatir la pandemia.

La moda no es vanguardia. El análisis del teórico cultural radicado en Alemania ha dejado ciertos silencios que, a mí preferencia, son urgentes detectar y analizar.

La escala global se encuentra fracturada, una nueva guerra fría bipolar (que a diferencia de la anterior contiene una gran dependencia económica multipolar) pinta el paisaje del futuro. 

Los proyectos profundizan sus crisis y una certeza emana de su resquebrajadura: hay un choque de civilizaciones y un desierto que atravesar.

La civilización de la robotización integral de la vida a largo plazo es un proyecto que no escapa de ningún sistema y es ahí donde la maquinaria californiana de Silicon Valley y el gigantesco monstruo autocrático chino golpean duro: la crisis de la decisión humana.

La instauración de una vigilancia en nombre de la seguridad Estatal por un lado y el rastreo comercial generalizado por el otro generan y postulan las nuevas formas de ver y percibir la humanidad.

China: una nación dos sistemas. Estados Unidos: un Imperio en crisis sostenido por una casta colonizadora. Europa: un liberalismo servil. Argentina y América Latina: ¿una tercera posición?

Sin peronismo no hay paraíso, sin región no hay nada

Argentina demostró una vez más que no es Europa pero a la vez que tampoco es América.

Un país con cinco premios nobels y 4228 barrios populares. Donde se pronostica terminar el año con más del 40% de la población por debajo de la línea de pobreza. Y al mismo tiempo con la menor cantidad de infectados en la región hasta el día de hoy.

Datos no opiniones. Se han creado aplicaciones digitales (App cuidAR) en tiempo récord para el control de la circulación poblacional y la inclusión financiera ha ingresado de manera explícita en la política pública logrando mantener cierto lazo vivo para que la ANSES lograra poner en marcha su máquina de distribución de justicia económico-social. 

IFE, AUH, SSC, KIT de testeo, siglas que alargan la vida y proponen otro futuro.

Entre otras distinciones, Argentina es el país con la tasa más alta de sindicalización de la región, donde empleados formales, desocupados y empleados informales (dentro de organizaciones sociales que ponen de pie la dignidad de los barrios) conforman el movimiento obrero más grande de América Latina y una estructura popular desconocidas en otros países. 

¿Estamos preparados para darle la espalda a nuestra región? ¿O tendremos que crear un lugar para la región dentro del peronismo?

La responsabilidad de los ingenieros

La aplicación cuidAR recientemente lanzada por el Ministerio de Salud de la Nación y la Secretaría de Innovación Pública, con el apoyo de la Cámara de la Industria Argentina del Software (la CESSI), el CONICET y la Fundación Sadosky, brinda algunas funcionalidades que son simples pero potentes si como sociedad nos orientamos a explotar su potencial.

Este hecho, sumado a los nuevas propuestas impulsadas en la ciudad de Rosario (como la app de cadetería lanzada por el concejal Eduardo Toniolli, la Vidriera Digital por el municipio y el proyecto Mercado Justo del bloque de Ciudad Futura-FSP) bien comentadas en la nota de Ezequiel Gatto y Juan Pablo Hudson en Revista Crisis, dan muestra de los proyectos de país, provincia y ciudades que se avizoran.

Entre aquellas salidas una nueva concepción de ciudadanía es posible. El arco político está comprendiendo entre vaivenes que la lucha está acá: es más sencillo competir dentro del capitalismo uberizado que perseguir legalmente a un monstruo invisible.

Incentivar políticas de Estado ligadas a la creación de apps que reduzcan el mercado de las aplicaciones multinacionales, generará una posibilidad real de negarse a contribuir financieramente a estas mismas y a su vez darán lugar a crear puestos de trabajo dignos por parte del Estado.

Con proyectos pensados desde las bases sociales, se dará la posibilidad de construir jurisprudencia en el derecho a oponerse. Aquí es donde los profesionales argentinos en coordinación con instituciones públicas y privadas (la app cuidAR es un ejemplo) deberán plantear una nueva salida en el mundo digital.

Ilustra: Bunsa

Contra la visión siliconiana del mundo, la sumisión social-liberal y la ambición irrefrenada del tecnoliberalismo. La responsabilidad de nuestros ingenieros.

Pensar un mundo digital ni yanki ni marxista, abre el plano de una tercera posición en búsqueda de una renuncia positiva. Argentina tiene que oponerse a jugar la Guerra Fría multipolar y la única forma es generando autosuficiencia soberana.

El límite es conciencia. Prueba que se renueva incansablemente. Hay una gran cantidad de que cosas que nos exceden y lo real no se puede ajustar a cada instante a nuestra voluntad.

Salir de la desmesura del país subdesarrollado y el orgullo antidigital es un gran paso hacia un futuro soberano. Dar el ejemplo, nos dará la posibilidad de acercarnos hacia el otro objetivo: unificar un discurso regional. Los líderes progresistas latinoamericanos deben recuperar su unidad: Lula es Pueblo y Cristina es Puebla.

Entre las prioridades altas y las capacidades finitas

Al día de hoy China muestra sus dos caras. De la lucha victoriana por el 5G a la vacuna heroica hay dos países. Uno que ha moldeado las cadenas de valor a su antojo y tiene un proyecto de Nación definido hacia el año 2049 y otro que busca su estrategia de menor costo para deslizar el protagonismo yanki hacia las sombras.

Al mismo tiempo, Estados Unidos demuestra su preocupación y su lógica influencer. Donald Trump impone y recompone bloqueos desesperados en búsqueda de la recuperación del status de su país a escala global mientras practica la receta del toma y daca con sus países aliados.

Hoy nos encontramos frente al árbol que tapa el bosque. Hay dos proyectos de civilización que proponen lo mismo: desperdiciar la decisión humana.

Otra vez, Argentina y América Latina, tienen la posibilidad histórica de desoír tales discursos en vísperas de una integración comercial, digital y tecnológica con rostro humano.