Crónicas | Apuntes sobre la memoria: los crímenes silenciados del franquismo - Por Irene Correa

Es la mañana de un lunes de agosto y la aplicación del teléfono marca 36°C, es el día más «fresco» luego de semanas que superaron los cuarenta. Los termómetros situados en las calles de Sevilla rondan los 50°C en días como aquellos.

A pocos metros de la Puerta de la Carne, punto de referencia en el entramado de calles estrechas del casco antiguo de la ciudad, espera Cecilio Gordillo. La memoria de los acontecimientos ocurridos en otro verano, en que las temperaturas fueron la menor de las preocupaciones, se hace presente en el local de la Confederación General del Trabajo de Andalucía.

Corre el año 1936. José Palma Pedrero tiene 27 años y, como su padre, trabaja de tornero en las minas. El 18 de julio sale de su casa en Riotinto rumbo a Sevilla, quiere detener a las tropas franquistas, bajo las órdenes de Queipo de Llano. Durante décadas, lo único que supo su familia fue que murió. Un documental sobre García Lorca y un error de tipeo hicieron que 74 años más tarde, un domingo de agosto, una sobrina que nunca conoció comenzara a encontrar respuestas: José Palma Pedrero (Riotinto), carbonizado en el interior del camión SE-16991.

Foto: Irene Correa

Cecilio es parte de la coordinación general de Todos (…) los nombres un proyecto que surgió como iniciativa de la CGT Andalucía y la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia y que actualmente cuenta con una base de datos de represaliados en Andalucía, Extremadura y el norte de África con 104452 personas, 879 microbiografías y 1564 documentos sobre los años de la dictadura franquista. Es él quien nombra a Pilar Comendeiro, sobrina de José, que desde Buenos Aires contará la historia de su tío Joselito.

Los cruces entre Argentina y España son muchos más de los que parecen a primera vista.

La columna minera

Nélida Pérez Carrero Palma, Nelly, prima de Pilar, fue la otra columna sobre la que se reconstruyó la historia familiar. Sus madres eran las hermanas mayor y menor de José.

Luego de diez años de noviazgo epistolar y de casarse con un poder, Hortensia se mudó a Argentina para encontrarse con su esposo. Su hija Nelly tenía 18 meses en el momento en que mataron a su hermano y la versión que le llegó al otro lado del océano nunca terminó de parecerle real: apendicitis.

Con Hortensia a salvo pero en Argentina, su hija mayor enferma de tuberculosis y su esposa encerrada durante un año desde la muerte de José, porque uniformado que veía uniformado que insultaba, el abuelo de Pilar le exigió a Concepción, la madre de ella, que se hiciera falangista para sobrevivir. Luego de algunas discusiones, el hambre que amenazaba y con la ayuda de una antigua maestra, entró a la Falange.

—Mamá era rebelde, le tenía bronca a Franco y a todos los falangistas. Pueblo chico infierno grande, cada uno sabía cómo pensaba el otro y entonces se salvó de que la mataran pero no fue nada fácil. 

Semanas en el calabozo, obligada a tomar aceite de ricino y a pasar hambre, rapada a la fuerza, fueron algunos de los castigos que, como a tantas, le impusieron.

Jurando que no volvería a España mientras Franco estuviera en el gobierno, el 31 de enero de 1947 Concepción embarcó rumbo a Argentina. Fue ahí cuando Hortensia y Nelly se enteraron que Joselito no murió de apendicitis, sino que lo mataron. Ellos pidieron el cuerpo y no se lo dieron.

Desde que pudo pedirlas, Nelly necesitaba respuestas sobre lo que había pasado con su tío. Cada vez que viajaba a España intentaba encontrar algo, un dato, una foto. Fue una amiga la que le dijo que esperaba que no hubiera sido parte de la columna minera, porque a esos chicos los hicieron polvo. Si bien trabajaba en las minas, como su oficio había sido el de tornero y por lo tanto no bajaba, ese comentario quedó olvidado durante años.

Cuando empezaron las primeras exhumaciones en el 2000, Nelly, que vivía en Estados Unidos, le propuso a Pilar que viajaran a España a donar material genético, pero considerando la distancia entre Riotinto y Sevilla ella no creyó que tuviera sentido.

El 8 de agosto de 2010, Pilar está mirando una película sobre Federico García Lorca. Buscando en Internet al torero de la historia, le aparece la plaza de toros de Valverde del Camino, pueblo del que era su abuela. La curiosidad la lleva a buscar familiares con ese apellido, Pedrero Gallardo, pero por error tipea el apellido de su madre, Palma Pedrero. Para cuando se da cuenta los resultados de su búsqueda aparecen en pantalla, en la página 118 del libro La justicia de Queipo nombran a su tío Joselito y a la columna minera. Le escribe a Nelly diciendo que lo encontró: está en Sevilla. Son cerca de 4000 y es poco probable que lo encuentren, pero en paralelo escribe en un foro pidiendo ponerse en contacto con el autor. Al día siguiente él le responde y la contacta con Cecilio. Así supo que murió en Camas el 19 de julio de 1936.

Pilar y Nelly quieren identificar los restos. El 18 de septiembre de 2010 escriben al alcalde de Camas, a la alcaldesa de Riotinto y al Comisario de Memoria Histórica de Andalucía para solicitar que se inicien las tareas de exhumación. Hubo algunos contratiempos por no considerarlas descendientes directas y por el lugar donde estaba la fosa común, ya que se creía que todos los cuerpos habían sido movidos. Tras años de trabajos de localización y búsqueda en 2015 se confirmó la exhumación en el cementerio de Camas.

La columna minera fue un grupo de combatientes de la provincia de Huelva que ante la llegada de las tropas franquistas transportó dinamita a Sevilla para combatirlas. El comandante les tendió una emboscada en La Pañoleta e hizo estallar la dinamita. Por ser el primer caso durante el Golpe fueron un juez y un forense. La autopsia dejó constancia y si bien décadas después no se pudo extraer ADN por el estado de los huesos, pudieron identificar a José Palma Pedrero por los daños en el cuerpo.

—Pienso que para a los 27 años subirse a un camión cargado de dinamita hay que estar muy loco o hay que tener muchos cojones. Pienso que siguió lo que tenía que seguir, convencido de lo que tenía que hacer. Fue una forma tan rara e inesperada que yo encontrara la historia que interpreté como que alguien me dio los dedos para escribir mal el nombre. Cinco años a pesar de todo fue muy rápido, no pensé que iba a tener un final tan feliz para nosotros.

Justicia Universal

Faltan pocas semanas para el próximo 3 de septiembre, cuando se espera que la jueza argentina María Servini le tome declaración por vía telemática a Rodolfo Martín Villa, funcionario durante el franquismo y ministro del primer gobierno posterior a la muerte de Francisco Franco y durante los años de la Transición.

No es la primera vez que un país se ampara en el principio de Justicia Universal que habilita a las instituciones judiciales de un Estado a investigar crímenes cometidos fuera de sus fronteras, sin necesidad de que afecten sus intereses, siempre que sean objeto de tratados internacionales.

30 mil personas desaparecidas, cientos de bebés robados, secuestros, torturas, asesinatos. Los crímenes de la dictadura cívico militar en Argentina entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983 se juzgan en ese país desde 2006. Previamente debido a las leyes de impunidad no era posible.

El 2 de noviembre de 1999, el juez español Baltasar Garzón procesó a Adolfo Scilingo por su participación en los vuelos de la muerte. En abril de 2005 fue condenado a 640 años de prisión, condena elevada por el Tribunal Supremo Español a 1084 años.

Hace diez años, un 14 de abril, un grupo de familiares de asesinados durante el franquismo y diversas asociaciones españolas y argentinas presentaron en el Juzgado Federal N°1 de Buenos Aires la querella 4591/2010. Con esto, la querella argentina, busca que se investiguen los crímenes de lesa humanidad cometidos en España entre el 17 de julio de 1936, comienzo del golpe militar y el 15 de junio de 1977, fecha en que se realizaron las primeras elecciones democráticas.

Si bien la querella ha logrado que por primera vez decenas de víctimas puedan testimoniar ante un juez y una exhumación que permitió reconocer a personas que estaban en fosas comunes, a la hora de tomar declaración indagatoria la justicia española usó todos los mecanismos burocráticos a su alcance para postergarlo.

Hace diez meses, lo que debía ser un acto de reparación terminó recibiendo críticas por parecer un homenaje. Todas las pantallas mostraron la reubicación de los restos de Francisco Franco que finalmente salieron del Valle de los Caídos, una de las mayores fosas comunes de España, si no la mayor, construida sobre todo con mano de obra prisionera. Los gritos de Viva Franco no son algo del pasado.

¿Quién escribirá su historia?

Cecilio atiende el teléfono y pide un momento para ir a un lugar más tranquilo porque está en medio de una exhumación. El primer trabajo de investigación en Todos (…) los nombres fue sobre trabajos forzados y a partir de eso distintas personas empezaron a pedirles información sobre familiares cuyo destino desconocían.

Foto: Irene Correa

—Fundamentalmente el término es «desapareció» porque no se tiene información de nada relativo a ellos. A los fusilados normalmente no se los inscribía en el registro civil así que no había información de que hubieran muerto. Muchas personas murieron pensando que sus familiares, como decían muchos, se habían ido a otro país a rehacer sus vidas. Ese discurso es muy generalizado. 

El 23 de marzo de 2014 le envió a la jueza Servini un listado con los nombres de veintitrés personas nacidas en Argentina que fueron víctimas de la represión franquista en Andalucía. Actualmente el listado tiene poco más de treinta nombres que corresponden a diversas investigaciones.

—Seguimos reclamando que este trabajo no puede ser hecho voluntariamente por la sociedad civil. El Estado debería constituir un organismo o dotar de partidas presupuestarias a estos proyectos para tomar forma más constante.

Aunque se conocen sus nombres y ciudades de nacimiento y muerte, hasta el momento nadie se ha contactado para contar sus historias.