Cuentos | El banquete de las máscaras - Por Luis Alé

La verdad, es una mentira mejor armada, dijo alguna vez algún pensador en un hallazgo de la invención, nos hace deliberar que a veces es mejor mantenerla oculta, y disfrazada de farsa.

Exactamente sucede cuando las cuestiones de hecho, nos afectan en su conjunto, como discernimos de la confusión a de lo que sabemos a ciencia cierta. Asuntos, que si se mezclan el deseo y estas situaciones de índole extrañas, la combustión es toxica, eso todos los sabemos, el problema es ver ¿quién lo inicia? Disculpen, la poca formalidad que mantengo, soy Esteban Ferro, un simple observador, que se deleita en las vivencias de los demás y de las cuales proyecta una especie de pelotudez maquillada en parábola paradójica que poco enseña.

El simulacro estaba servido en la mesa, la bomba que se había armado anteriormente en ese lugar, esperaba ser accionada, los presentes deberían echarse a suerte, el comienzo de un nuevo Big Bang, porque en todo comienzo nuevo debe haber una destrucción purificadora, en ese momento de acefalia, aparece el verdugo en el menos esperado, la ley del quinto elemento el que no tiene nada que perder y ganar, el que genera caos, el comodín de la santa cena.

En su locura (que tanto veneran los deseantes), su presencia fue el neutrón de la reacción en cadena, todo lo que sabíamos se complico y las mascaras que ocultan el discurso, obtiene nuevos detalles, se rompen o se refuerzan. Porque nadie puede con la verdad y menos la que se encubre en la construcción de que todo está bien. Los impactos son terribles y todos tienden a atesorar sus esencias, sus deseos y sus voluntades de anular al otro. Ya no hay vuelta atrás, todas las estrategias están planteadas, cada uno para su puchero, alguien va a enterrar los muertos.

El deseante sonríe, su juego le va de diez, todo estrategia es a largo plazo se repite, solo un poco más, estoy por ganar. La suerte no es algo que toca al azar simplemente se obtienen con esfuerzo y buenas alianzas, que aunque generen consejos en códigos, continuamente quieren dar una mano, otros que tiran chistes que son dardos de coherencia y por último el que te tira el baldazo de agua. Gracias al factor oculto se inicia el resquebrajamiento de la máscara poco la verdad lo va a consumir, la meta es el neto placer de vivir.

El otro le echo leña al fuego, impacto su cabeza, porque a toda reacción le sigue una contra-reacción, espera la respuesta, el teléfono da ocupado se lamenta un momento, mientras todo se hace cenizas, pide un recreo se acordó de otro asado al cual no podía faltar, prefiere 2 fiestas a la vez, y sencillamente deja que pase el tiempo. En su cabeza, la frase, de que el acecho cansa y es conveniente que la presa entre en la trampa por su propia cuenta. Hay que ver cuánto le dura la máscara de la sabiduría.

El lingüista, en un pantallazo de verdad asesina, se da cuenta de lo frágil de las cosas, hizo una mala interpretación, odia no-saber, pero está a punto de vomitar, gracias a los efectos del alcohol, pero en un acto de cobardía, decide quitarse el corazón delator de la boca y esconderlo en lo más recóndito de su mente, guardarlo en esas estructuras añejas, oscuras pero efectivas, quiere ahogarlo y trozarlo, desea, paradójicamente, no desear mas, en un acto de egoísmo piensa que es la salvación. Disfrazado con la máscara de la lealtad, confía que su plan no sea descubierto, pero como ya lo había hecho anteriormente, sigue negando la verdad, en algún momento va fallar o sino como le dijeron alguna vez va a explotar en su propio deseo.

Hay alguien que peleo su batalla en soledad, y de ahí saco los mejores chistes, es el que distribuye la explosión para su lado correspondiente, es que triunfo perdiendo, es el que esta mas allá, por lo menos por ahora, es el que nos guía hacia la pelotudez que nos abraza, que nos consuela, quien nos habla en claves extrañas, porque no sabe qué decir, pero en sus ficciones delirantes dice la verdad de una manera divertida, ya que su talento es la intuición, que nada sirve para obtener respuestas, pero permiten distender y descansar un round.

El viaje del loco, al cual fuimos invitado, por su majestad, que estuvo el afán de detonarlo, tras tomarse una cuantas cervezas y jugar al placer, pide un aplauso y ordena lo que debemos hacer, sin impórtale si estaban desangrándose interiormente o si les había ganado el sueño, partieron con esperanzas falsas hacia lo incierto una vez más, el no-lugar en donde nunca pasa un carajo o la vez se enterraban solos, separados se iban a reunir, por más que tuvieron bajas en el largo camino de las superficies de placer.

En definitiva para no complicar más, podríamos decir que los deseantes eligieron su verdad, por más que doliera, pero siempre libera, porque en la apariencia no paso nada, cuando en verdad por un tiempo la soledad fue detenida o tal vez ralentizada, pero vale también calcular que la explosión sigue en proceso, y no saben cuantos más se va a cargar en la autopista, pero se podría apostar que el momento de las decisiones se acerca, las revelaciones están en el punto límite. La tregua desapareció, el huracán está arrasando almas y tal vez lo picante próximamente sea decisivo.

Al finalizar la velada, como llegaron, se fueron, los estragos del alcohol afectaron a unos y a los otros el triunfo pronto, les da alegría, pero es cuestión de aceptar que la guerra continua y por mas que se termine el ciclo, mientras<s haya vida, hay posibilidades y la verdad nos persigue para contarnos la cabeza.

Tal vez en su continuación, un par de llamas se apaguen. Pero no hay que olvidar que el quinto elemento ya hizo su aparición.

Hasta la próxima.