Cuentos | Ensueños - Por Chiara Fussi

La vigilia entorpece la explosión de los imaginarios que, fecundados en las horas de descanso, intentan arrancar al sujeto de una realidad nociva. El destino, sin embargo, presentado como el hijo menor de la desgracia, propone sus propios caminos y desmenuza aquellas primarias e inocentes intenciones.


Volví a despertar del mismo sueño que me provoca el mismo insomnio con el que convivo desde hace ya varios días… No es un sueño normal o común, es una imagen de mí mismo que se encuentra en una situación rara, que no logro entender. ¿Por qué lo sueño? ¿Por qué todas las noches? Estoy confundido, trato de no dormir para alivianar un poco mi mente, pero ni eso consigo, siempre termino despertando, lo que quiere decir que sin darme cuenta siempre termino durmiéndome.

Pensar que cuando uno es chico, los problemas siempre son chicos, las preocupaciones son mínimas, dependemos de nuestros padres o en su defecto de algún tutor, como en mi caso, pero irreversiblemente el tiempo pasa, uno crece, y a medida que se es más grande, los problemas son más grandes, uno pasa a depender de uno mismo y sólo de uno mismo… Que irónica esta vida, cuantos enigmas.

Miércoles, 4 AM, me despierto exaltado, traspirado, y nuevamente confundido. Esta vez no me veía a mí mismo en el sueño. Esta vez había alguien más, puede que haya sido una mujer, sí, definitivamente era una mujer, tal vez esa mujer que estaba en mi sueño es la misma mujer que 27 años atrás me abandonó en un orfanato, tal vez todo pase por ella, tal vez mi inconsciente trate de enseñarme cuáles son los problemas que no logro resolver en mi consciente vida diaria…

Jueves, 2 AM, la misma sucesión de reacciones que las anteriores noches, por causa de otro sueño, no entiendo, trato de comprender pero no puedo, nunca fui de soñar, ni siquiera cuando era chico, entonces, ¿por qué ahora? Ni siquiera creo que sea conveniente seguir escribiendo, ¿de qué me sirve escribir si no sé qué expresar? Lo único que puedo expresar es confusión, y convengamos que de esa ya hay bastante.

Se me ocurre una idea, puede funcionar… Considerando que mi vida no es nada simple, voy a empezar a plasmar sobre una hoja todo lo que me pase día a día, tal vez esto me ayude a terminar con esto o a empezar a entender, así que desde ahora voy a escribir los hechos que me marcaron, las personas que me abandonaron, y probablemente algo de esto ayude a revolver mi cabeza y acabar con este suplicio, necesito descansar.

Mi nombre es Joaquín Melieves. Tengo 27 años, no tengo hermanos, o al menos eso creo, considerando que mi mamá me abandonó a los 7 días de nacido en un orfanato, no conozco en profundidad la historia de mi madre, ni tampoco la de mi padre. Soy soltero, o bueno, llamémosle «soltero con tendencia a enamorarse de la chica equivocada». Paso a explicar el terrible nombre de mi estado civil: Hace ocho años que trabajo en un centro de informática de una empresa multinacional, ahí paso siete horas trabajando todos los días, menos los fines de semana, obvio. La cuestión es que en esta importantísima empresa tengo varios compañeros, pero no se exciten, la mayoría son hombres y peludos, muy peludos… Yo sólo soy una especie de pequeño eslabón en la gran cadena, mi trabajo es trasportar datos empresariales de mi computadora a los registros de los empresarios superiores. La cuestión y sin ahondar demasiado en mi trabajo, es que una mañana, como cualquier otra, cuando decidí desafortunadamente vestirme con una camisa azul con flores verdes, no tenía ni la más remota idea de que al llegar al trabajo iba a encontrarme con una de las mujeres más elegantes, y lindas que vi, creo que de más está decir que también sumamente importante, ya que se trataba de la mujer del dueño de la empresa. Bueno, al fin y al cabo, mi camisa y yo nos sentíamos un poco avergonzados de nuestra actitud tan desprolija, así que decidimos irnos a la cafetería del lugar, en donde la única que podía verme era Carlita… Carlita, uno dice ese nombre y se imagina una colegiala, o una chica stripper, pero lamentablemente Carlita pesa 250 kg sin ropa, y sin contar que cuando uno se le acerca puede percatarse de que tiene bigotes, pero bueno, al fin y al cabo, es una de las mejores compañeras. Retomando la historia, me senté en el mismo lugar de todas las mañanas, y pedí un café, lo que no iba a imaginarme era que la mujer del jefe estaba sentada a una mesa de distancia. Como de costumbre, mi actitud no fue sorpresiva, ya que suelo tener un poco de mucha mala suerte, es más, a veces pienso que la suerte se complota a mis espaldas y diseña un plan malévolo para hacerme sentir incómodo. Pero no hagan caso a mis teorías imaginarias, son sólo juegos que hago cuando me aburro. Después de que Carlita me trae el café observo cómo se voltea y escucho que habla: «Señora Richander, que sorpresa verla por acá. ¿Vino a visitar a su marido?» Y la mujer que me cautivó responde: «Qué tal, qué gusto verla Carla, hacía mucho que no sabía nada de usted… No, hoy sólo vine porque necesito un programador de servicios, alguien que pueda ayudarme a solucionar unas cuestiones de… bueno no importa, necesito alguien de confianza que puedas recomendarme». Carla, muy exaltada le responde: «Señora, ¡qué casualidad! El chico que está acá al lado, (señala con el dedo hacia donde yo estaba), el de la camisa a colores, ese va a poder ayudarla». Evidentemente no tenía alternativa más que mostrarme y hablar con una de esas mujeres que uno puede llegar a soñar, o a imaginar, y sin embargo, superado a los hechos, quise mostrarme duro, rígido. En realidad, decidí mostrarme así porque no quería acotar algún chiste o broma que pudiera incomodar a la otra persona, porque suelo hacer esas cosas, y dicen que a buen entendedor, pocas palabras, así que me tomé muy a pecho el refrán y la acompañé al escritorio de su esposo, en donde intercambiamos teléfonos y arreglamos para que vaya a su oficina. Hasta ahí venía todo bien, o relativamente bien, sin contar mi vestimenta, pero lo raro fue que a los dos días, cuando fui a su oficina, no me encontré con la misma mujer hermosa pero rígida, estructurada, esta era una mujer más cómoda, más desestructurada en su manera de hablar, y menos arreglada, lo cual le sentaba muy bien. Al principio me costó un poco desenvolverme, ella me provocaba muchas cosas, pero en principio yo quería respetarla, porque es la mujer del jefe, pero las cosas no salieron como yo quería, de verdad que yo quería mantener distancia, pero en un momento la miré, y creí que tenía que besarla, y bueno, se imaginan como sigue la historia, sí, la bese, me pegó una cachetada, me fui, me llamó, se disculpó, nos encontramos y bueno, ya lo que pasó es imaginable, así que no voy a dar más detalles. En fin, y para redondear la historia, ella (prefiero no dar nombres, llamémosla «ella») y yo hace más de 3 años que salimos, y sí, soy su amante, soy el amante de la mujer de mi jefe, un importantísimo empresario del que estoy en un 89.9 % seguro que si se entera me manda a enterrar bajo tierra… vivo. Pero bueno, el amor es así, hay que entender en profundidad lo que uno siente, hay que entender que a veces el amor se presenta bajo circunstancias que no son las soñadas, o las ideales, como ésta. O al menos no son las soñadas para mí.

Ahora podemos hablar de mi infancia. En mi infancia conocí gente buena y gente mala conmigo. La gente mala fue mala, y la gente que yo considero buena también es mala para mi influencia, pero bueno, en fin, así es la vida. Mi mejor amigo es Constantino, sí, definitivamente tiene un nombre complicado, pero bueno, esa fue la monja Elizabeth, creo que quiso castigarlo por haberle pintado su vestimenta de monja y le puso ese nombre, igual, le digo tino… Tino es buen chico, un poco problemático pero es un chico sensible. A él también lo abandonaron, pero a los cuatro años. Lo conocí en el orfanato y con él hice casi todas mis travesuras, somos como hermanos… Tino trabaja en una lavandería, él es, por así decirlo, mitómano. Bueno, sí, ¿quién no ha dicho una mentirita alguna vez? La única diferencia es que Tino lo hace todos los días, pero, ¿podemos castigarlo por eso? No, yo creo que no. Su vida es un poco más complicada que la mía, consiguió el trabajo en la lavandería porque es el «novio» de la dueña, la dueña es, como describirla… rara. Tiene 50 años, es viuda, es antipática, y como detalle al pasar, también es alcohólica; ahí se conocieron, en un bar, tomando, o borrachos. Ella cuando lo vio pensó que estaba teniendo una revelación mística y que era su esposo muerto, y él, cuando la vio, pensó que era Catherine Zeta Jones, bueno, pobre Tino, la estatura es igual, le cambia un poco el envase, pero la cuestión es que así se enamoraron, pensando que hablaban con otras personas…

Concluyendo, en resumidas palabras de eso se trata mi vida, de una crianza rodeado de monjas, creciendo en un orfanato hasta los 19 años, y de ahí en adelante de un trabajo que indirectamente me hizo conocer gran parte de mi persona. No porque sea algo profundo o que me encante, pero me pone en situaciones en las cuales estoy obligado en cierto modo a redescubrirme. La conocí a ella, tenemos una relación bastante turbulenta, pero es lo único que me hace sentir vivo. Ella es la que en cierta manera explora esas pequeñas personalidades que conviven en mí. El abandonado, el superado, el gracioso, el depresivo, el confundido. Muchas veces, o mejor dicho, la mayoría de las veces, no entiendo que me pasa, no entiendo si lo que siento es amor, o simplemente me excita la idea de acostarme con una mujer prohibida. Tal vez es eso, me excita la idea de saber que las cosas no van a cambiar, que ella no lo va a dejar, que nosotros nunca vamos a ser nosotros, y de que soy sólo una especie de pasatiempo para ella, no valgo más que eso en la relación.

Viernes, 5 am. Estoy en un túnel. El túnel esta oscuro, yo estoy solo. Veo mi cara, mi cara de miedo, de susto, de incomprensión. No entiendo que hago ahí. ¿Quién me llevó ahí? ¿Por qué estoy sólo? ¿Adónde me lleva el túnel? ¿Tengo que caminar? ¿Qué hago? No entiendo nada. Empiezo a correr, corro, corro y corro sin parar, tal vez de esta manera llegue a algún lugar que tenga más sentido, tal vez corriendo pueda escapar… pero, ¿escapar de qué? Y de repente, me despierto. Estoy bañado en sudor, mis manos tiemblan, mis piernas también. Esto no da para más, tengo que hacer algo.

Nunca me considere un creyente de la ciencia que hacen los psicólogos, pero en estas circunstancias estoy tan desesperado que necesito hablar con alguien, hablar y que me escuchen. Aunque tenga que pagar para eso. Juana Ramírez, psicóloga. Es la elegida. La busqué en internet, queda cerca de mi casa, y en la página web dice que en la sala de espera sirven café y masitas, eso me convenció.

La llamo, me atiende su secretaria, le expreso mis ganas de empezar, de ir, al menos dos veces por semana. Me pregunta por qué quiero empezar, le digo que por sueños. Me dio un turno, empiezo el lunes a primera hora. Debe ser la primera vez en años que deseo que un fin de semana se pase rápido.

Sábado, hoy me desperté y no soñé nada. Es increíble, después de tantos días, hoy descanse al menos un poco. Parece que empiezo el día con el pie derecho. Los sábados son días en que me junto con Tino, tomamos unas cervezas, y de vez en cuando vamos al bar. Hoy es día de bar, hay que festejar.

Son las 10.30 pm, Tino como de costumbre, todavía no llego, lo espero con la pizza en la mesa y la cerveza en el congelador. Soy un poco impaciente. Bueno, según Tino soy de lo peor, pero díganme la verdad, si alguien llega 25 minutos tarde de lo pactado, ustedes… ¿no lo llamarían treinta veces para ver porque tarda tanto? No sé, a mí no me parece tan grave. Timbre, al fin, es Tino…

Cuando terminamos de comer, decidimos ir al bar. Nada nuevo, el mismo bar de siempre, en la misma ubicación, con la misma gente. Nos sentamos, pedimos más cerveza. Y acá viene de nuevo, Tino y sus historias. Creo que debo ser una de las únicas personas que tolera sus historias sabiendo que no son reales, pero no está mal de vez en cuando escuchar, a veces, la imaginación del otro puede llevarnos a espacios inéditos, en donde todo puede ser posible. ¿Por qué no? La cuestión es que esta historia, y justamente esta historia me divierte, más si consideramos que Tino está contándome cómo conoció a Frida Kahlo. Es muy cómico por momentos que me hable con tanta convicción de algo que no es. Dice que se conocieron porque Frida lleva a lavar su ropa a la lavandería donde él trabaja. Es muy gracioso, tengo que contener la risa, pero convengamos que no es una imagen muy habitual imaginarse a Frida yendo a una lavandería, menos que menos a Frida hablando con Tino, y mucho menos que menos a Frida, ya que está muerta.

Domingo, 10 am, no soñé porque no dormí, Tino y yo nos quedamos mirando películas en mi casa, él está completamente dormido. Casi es la hora de trabajo. Ah, cierto, me olvide de contarles que los Domingos también trabajo. Soy paseador de perros. Una vez me ofrecí a una anciana que vive al lado del edificio en donde vivo y desde ese día en adelante soy el paseador oficial de todos los perros de mi manzana. Los domingos son días tristes para mí. Son días familiares, y yo no tengo familia. Por eso prefiero ocupar mi tiempo, distraerme, hacer cosas. Igual, siempre se pasan rápido, eso me alivia.

Lunes, 7 am, suena mi despertador, estoy escuchando el sonido de la alarma que sale de mi despertador. ¿Y qué significa eso? Significa que anoche tampoco soñé. Qué alivio, es como si mi inconsciente empezara a dar marcha atrás, a dejarme respirar. O tal vez es como dicen, la cabeza maneja todo, y cuando empiezo a buscar ayuda con un profesional empiezo a dejar de tener el problema. Bueno, igual no quiero adelantarme, prefiero esperar más noches para afirmar que mi problema está resuelto.

Como bien decía en la página de internet, en la sala de espera del edificio en donde me va a atender Juana me sirvieron café y masitas de chocolate. Me encanta empezar el día así. Hoy estoy inspirado, creo que es un buen momento para empezar a abrirme y contar las cosas más profundas de mi vida a una desconocida, eso es lo que me atrae. Espero que me pueda ayudar. Aunque admito que siempre espero muchas cosas, soy un poco optimista, ¿no creen?

Yo estaba muy concentrando degustando mi decima octava galletita cuando de repente se escucha una voz de mujer nombrándome. Ok, empieza el show. Me paro, estoy un poco nervioso, debo admitirlo, nunca hice nada por el estilo. Siento vergüenza y a la vez ansiedad, es una mezcla un poco rara. La veo, sí, estoy seguro que es ella. Parece buena, y simpática, eso espero. Me saluda, la saludo, entro, pero hay un detalle que no es tal como lo imaginé. No me hace sentar en el famoso sillón en donde en todas las películas los psicólogos analizan a sus pacientes. El sillón está, y yo me quiero sentar ahí. Pero Juana dice que es mejor que empecemos sentados frente a frente, que es su manera de llegar a tener más confianza con los pacientes. Así que bueno, digamos que, la situación es un poco incómoda. Tengo sentada enfrente, clavando los ojos en mí, a una psicóloga que no conozco y que estoy seguro que ya está analizando cosas como mi postura, qué hago con las manos, mis tics, mi mirada. Hasta que habló. Dio su carta de presentación, fue correcta. Y lo que le siguió fue una petición. Me pidió que haga lo mismo, que le hable de mi vida, y básicamente que le hable de por qué decido empezar a hacer terapia. Mi respuesta no fue la más espontánea de todas, hable un poco de lo mismo que hablo acá, le conté sobre mis problemas para dormir, o mejor dicho, mis problemas para no dormir. Ella me miraba fijo, sólo se despistaba unos segundos para hacer anotaciones. Cuando terminé de hablar me preguntó qué era exactamente lo que me tenía tan preocupado, lo que me inquietaba de esos sueños. Me preguntó qué era lo que soñaba. Pero yo no lo sabía, lo único que sabía era que tenía sueños que me abrumaban, me inquietaban, y creo que lo más inquietante de todo era que no los entendía, porque las pocas veces que me acuerdo algo de lo que sueño, sólo son imágenes de mí mismo en situaciones confusas. Me despierto confundido y muchas veces aterrado, porque me creo en el sueño, lo siento en carne viva, si en el sueño tengo miedo, me despierto con miedo; si en el sueño corro, me despierto traspirado como si hubiese corrido una maratón; si en el sueño veo a otra persona, no puedo recordarla con exactitud, en sus detalles… Es como si mi cabeza procesara los datos más importantes, y sólo me dejara ver una pequeña parte de la información. Eso es lo que me preocupa…

Lunes, 09:30 am, salgo de la sesión de terapia. Siento una sensación de alivio. Y a la vez de pesadez, hoy es lunes, hoy a la noche me veo con ella… Nos vamos a encontrar, los lunes son los días de encuentro, junto con algunos sábados en los que su marido viaja. Todavía no le hable a Juana de ella, no creo que sea algo determinante para saber por qué sueño. No quiero darle a esta relación más identidad de la que tiene. ¿Para qué voy a hablar de ella? Si nadie lo sabe, si al único que parece importarle es a mí. No quiero ser siempre el que da lástima. Cuanto más hable de ella más entidad le doy a algo que sólo existe en otra realidad, algo que sólo existe en mi cabeza.

Irremediablemente sé que esto está creciendo adentro mío y que no lo puedo evitar.

Soy geminiano. Y si es como dicen, todo buen geminiano tiene dos personalidades. En mi caso, creo que mis dos caras están bien diferenciadas. Por un lado, estoy yo, el que es consciente de todo lo que hace, el que razona o al menos eso intenta. El que trata de encontrarle una lógica a todo lo que parece no tener una respuesta visible. Como mi mamá. Pero hay cosas que mejor no remover todavía. Y por otro lado, mi otra cara, es la inconsciente, la que hace las cosas sin pensar, la que habla sin pensar. Ese es mi otro yo, el que se quiere hacer el gracioso y hace chistes inadecuados o fuera de contexto. Y como todo aquello que tiene lógica, forma parte de una cadena de asociaciones, por lo tanto, lo que hago dentro de esta personalidad no va a hacer otra cosa que repercutir en la otra personalidad, en la seria. En fin, estoy haciendo demasiado lío para explicar lo que sólo mi cabeza entiende, ojo, no por subestimar a nadie ni mucho menos, pero lo digo en el sentido de que sólo yo me conozco y sólo yo puedo hablar de mí sin entenderme, no fui muy claro, ¿eh?

El mismo ritual de siempre, el ritual de los lunes. Pongo música, prendo mis sahumerios, apago las luces, me meto en la ducha, trato de relajarme, de descontracturarme, pero siempre, inevitablemente siempre, la ducha es el lugar en donde hablo en voz alta, hablo conmigo mismo, trato de analizar lo que me pasa, lo que siento. Suena medio loco, pero la ducha me hace pensar, es el lugar en donde me encuentro, donde puedo ser yo sin juzgarme. Cuando termino de bañarme, voy a la habitación, y hago algo totalmente inusual en mí: preparo y selecciono cuidadosamente la ropa, elijo cada prenda, cada color, cada detalle. No lo hago por mí, lo hago por ella, quiero que ella me vea. Me vea en el único sentido en el que puede hacerlo, viendo lo superficial de mí, como lo hace con todos. Ella no ve mi interior, no le interesa… No le interesan mis historias, no le interesa saber de mi infancia, no le interesa el porqué de mis sueños, y estoy casi seguro de que cuando le hablo el 90% de las veces sólo escucha. Me escucha pero no me oye. Y hay una diferencia abismal entre esas dos acciones.

Igual, a esta altura del partido, todo me importa poco. O al menos de eso quiero convencerme. Estoy algo aturdido, y no hablo de lo que no entiendo, como mis sueños, hablo de lo que sí entiendo, de la vida. A veces, cuando observo mi vida, me doy cuenta de que no estoy satisfecho con las cosas que logré hacer. Mis eternos vaivenes entre la felicidad y la angustia, entre estar bien y estar mal, no logro ser lineal, no logro ser estable. Y eso no está bien. No está bien para mí. Tengo que hacer algo. Necesito cambiar de aire, cambiar de cabeza por un rato al menos, pero, como si eso fuera posible, habría déficit de stock, já.

Quisiera empezar de cero. Encontrar mi eje, conocerme en profundidad, realizar mis sueños más ocultos y profundos. Quisiera ser libre. ¿Libre? Sí, siento que mi cabeza es una cárcel que no me deja ni respirar.

Bueno, creo que es hora de hablar de mis padres…Voy a empezar el relato hablando de cómo se conocieron mis papas. Mi mamá, Eloísa, era (o es, no lo sé) una mujer hermosa. Cuando me abandonó las únicas dos cosas que había junto a mi eran una foto de ella y de mí papá y una carta en donde me cuentan la siguiente historia. Mi mamá era militante de un partido socialista, bien de raíz. Era uno de esos partidos en que los militantes son pocos, pero viven para luchar por lo que creen. Mi mamá era así, siento orgullo de saber que al menos mi madre siempre tuvo ideales por los que lucho y vivió. Mi padre, se llamaba José, el también militaba en el mismo partido que mi mamá, ahí se conocieron y ahí se enamoraron, en medio de discusiones, festejos, peleas, marchas, y todo lo que me imagino que incluirá un partido de raíz. Ellos, por lo que me dejaron en la carta, y según lo que me dijo una de las monjas del orfanato, Christina, siempre estaban juntos, cuando se conocieron, en 1976, el país estaba hecho un revuelo, no era el mejor momento de todos. Un golpe de estado repercutió de manera terrible en la sociedad. Se vivía un momento de represión, de censura, que no le dejaba lugar a la democracia ni a nada cercano. Fue por aquellos años en donde se torturaba a las personas que pensaban diferente, a algunos se los liberaba, otros tenían que exiliarse, y otros, simplemente desaparecían… terminaban formando parte de los miles y miles de desaparecidos que el país perdió. La cuestión es que ellos vivían para militar en el socialismo, y estaban dispuestos a todo para ayudar a esas familias que buscaban desesperadamente a sus familiares. Mi mamá queda embarazada en 1982, y bueno, lo que pasó después no es nada feliz. Empezaron a ser perseguidos, amenazados e intimidados por pertenecer a un grupo de militantes que pretendían hacer oír sus voces, y eso, lamentablemente, en ese momento era imperdonable…Así que consideraron que lo mejor era esconderse hasta dar a luz y después de eso dejarme en un lugar seguro, en donde nadie pudiera hacerme daño. Y así fue, me dejaron en una iglesia, en donde mi madre tenía monjas conocidas a las cuales les pidió que por favor me mantenga fuera de peligro, y ellas consideraron que lo mejor era llevarme al orfanato en donde crecí. Del paradero de mis padres no sé absolutamente nada. Lo único que me queda claro es que ellos se fueron con la intención de que no los encuentren, se fueron para esconderse, se exiliaron, como tantas otras personas en sus mismas condiciones…Pero nunca más recibí nada de ellos, ni una carta, ni un mensaje, ni un aviso, nada de nada. Y eso me hace suponer que los encontraron…

Pero, ahora que leo lo que escribo, ahora que veo la historia desde otra perspectiva me pregunto: ¿Acaso no tengo sangre en las venas? ¿Cómo puede ser que todavía no se me haya ocurrido ir a buscarlos? No entiendo cómo puedo estar tan ciego, son mis viejos. Nunca entendí que lo único que quisieron hacer fue protegerme. Creo que ahora estoy entendiendo mi gran enojo con la vida… Estoy enojado desde que nací, desde que me enteré que me habían abandonado, todos estos años estuve enojado con ellos sin poder exteriorizarlo, es que no lo sabía, no lo entendía, pero ahora sí, ahora quiero buscarlos, quiero encontrarlos, quiero saber, quiero conocer. Quiero encontrarle el sentido que nunca le encontré a mi vida, quiero llenar el vacío que siento desde siempre. No voy a perder ni un minuto más.

Hoy es Martes, y es mi primer día de búsqueda de datos, necesito encontrar algo que me dé un indicio, alguna pista del lugar adonde se pueden haber ido, necesito a alguien que me diga algo, alguien tiene que haber. Y hay, ¿Cómo no se me ocurrió antes? Las monjas que conocía mi mamá, ellas tienen que saber algo, pero primero necesito saber cuál era la iglesia. Lo primero que se me viene a la cabeza es ir a hablar con las monjas de mi orfanato, Elizabeth, o Christina, ellas me tienen que aportar algún dato de mi procedencia, alguien me tiene que haber llevado hasta ahí.

Llamo al orfanato y pido una reunión con la superiora Christina, me dicen que vaya, que me espera feliz de saber que voy. Así que no lo dudo y salgo casi corriendo para allá. Cuando llego, empiezo a sentir ese olor tan particular con el que crecí…Esa mezcla de nervios y ansiedad me estruja en la panza. Cuantos recuerdos, hacía mucho que no pasaba por ahí, pero bueno, este no es un buen momento para recuerdos. Y ahí la veo, sentada en el patio trasero, en ese banco que siempre fue mi preferido…Ahí estaba sentada Christina, con su traje, con su vejez que apenas la dejaba moverse sola, tan tierna como siempre fue conmigo…Lo primero que me salió decirle fue: “Querida Christina, no sabe la cantidad de recuerdos y la ternura que me da verla sentada esperándome en mi banco” Y ella con lágrimas en los ojos me contesta: “Si supieras el tiempo que hace que te espero querido Joaquín, siéntate conmigo” Entre un sutil abrazo y un dulce beso en la mejilla inmediatamente le pregunto: ¿Por qué hace tiempo me esperaba? Y ella me exclama, con la sabiduría que siempre encarnan los ancianos “Porqué siempre supe que este momento iba a llegar”. Entonces fue que me animé y le pregunté: “Quiero encontrar a mis padres, quiero saber que paso, por eso hoy vine a pedirle que por favor me diga de dónde puedo sacar algún dato, necesito que me diga quienes me trajeron a este lugar, yo sé que ahí voy a poder encontrar más respuestas de las que tengo” y la superiora, extendió su mano hacia mi cara y me dijo con una expresión tierna: “Todo lo que me estás pidiendo en este momento, lo tengo escrito en una carta desde el día que llegaste a este lugar” Y yo, atónito ante la respuesta que había recibido, lo único que dije fue: “¿Y por qué no me dio esa carta antes?” … “Por qué todos los que llegan a este lugar, tarde o temprano buscan conocer sus orígenes, sus raíces, su identidad, como todos en la vida. La razón por la cual no te entregue esta información antes es porque siento que mi deber es esperar y respetar los tiempos de cada uno, no todos somos iguales, no todos reaccionamos igual ante las sorpresas de la vida, cada uno de nosotros forma parte de un mundo desconocido, de un pasado sin huellas, que tarde o temprano desea averiguar, y yo, como parte funcional de este mundo desconocido para muchos, tengo la difícil tarea de orientarlos por sus caminos, sólo tengo que esperar el momento indicado” me respondió, y sacó de su bolsillo un sobre blanco. Después de esas palabras una parte de mí sintió alivio de haber tomado la decisión que tomé, y como muchos dicen, una mirada vale más que mil palabras, me levanté, le tomé la mano, y le di un beso cargado de agradecimiento, de ternura, y me fui, me fui a pensar. Necesitaba estar solo y poder pensar con claridad qué iba a hacer…Así que me fui a caminar. Sí, a caminar sin rumbo. Cuando uno camina siempre tiene un rumbo establecido, siempre sabemos adónde vamos, siempre caminamos por una razón, pero caminar sin saber adónde vamos, usar la caminata como excusa para poder despejarnos es uno de los remedios más eficaces contra cualquier traba mental. Caminar me lleva, yo no manejo mi cuerpo, no soy consciente de cada paso que doy, mi cuerpo y mi mente están totalmente enfocados en pensar…Eso lo aprendí solo, como la mayoría de las cosas que sé.

Después de un largo rato, cuando me encontré en un parque totalmente alejado y con el día anocheciendo, empecé a considerar que la mejor opción sería volver a mi casa…

Definitivamente, mi decisión es tomar las riendas de mi vida, hacerme cargo de todo lo que llevo atrás, de todo lo que pesa en mis espaldas.

Ya es media noche, y estoy sentado en mi sillón, mirando por la ventana, sigo pensando, y sigo sin animarme a abrir el sobre. Es que sé que cuando lo abra ya no hay vuelta atrás, sé que la información que lea me va a llevar una búsqueda constante, y no sé si estoy preparado para embarcarme en esto. Pero creo que es momento de hacerlo, tal vez, si no estoy listo para hacerlo, esto me ayude a crecer a los golpes, como dicen…

“Iglesia San Cayetano del pueblo, cataratas 1694 – Monja Lucía” Eso es todo lo que dice, el nombre de la iglesia, y una simple dirección. Pero también hay un sobre más chico dentro del sobre, recién lo veo, lo abro…Es plata…Hay un fajo de dinero y una nota escrita por la superiora, la nota dice: “Joaquín, habla con la hermana Lucía, la vas a encontrar en la dirección que está anotada en el papel”

Con esta ansiedad, lo único que puedo hacer es escribir, se me está volviendo una adicción, escribir me ayuda, me hace bien. Es la 1 de la madrugada, no puedo ir a esta hora, no es sensato…No me queda más que esperar hasta que amanezca e ir a buscarla, ahora más que nunca me siento involucrado en esto. Pero también, me empiezo a preguntar, ¿Y qué habría pasado si nunca hubiese querido buscar a mis padres? ¿Todo esto hubiera quedado en la nada, sin nunca enterarme de que mis padres me dejaron pistas, me dejaron algo? Voy a ir a la casa de Tino, necesito hablar con alguien, desahogarme… Pero antes de eso me detengo en un detalle, un detalle que me asombra, algo que cambia mis ideas, algo que me sorprende, es un pensamiento que puede ser el detonante de todo esto, me doy cuenta de que la vida es causal, actúa con causalidades para indicarnos el camino, porque esto no es casualidad, no puede existir tanta casualidad en el hecho de que por un par de sueños inconclusos y confusos yo llegue a descubrir que en el fondo de mi ser lo que me tenía maniatado de pies y cabeza y que no me dejaba estar en paz era no poder perdonar o entender a mis padres…Sólo le encuentro lógica a esto si lo pienso desde esta perspectiva: Mi cabeza fue la herramienta para darme cuenta, porque irónicamente estos sueños que no me dejaban en paz, fueron los que hicieron que me despertara…Después, debido a la confusión que se había plantado en todo mi cuerpo, empiezo a escribir esta especie de diario para ver si puedo aclarar mi mente, y decido ir a ver a una psicóloga, la cual luego, me lleva a plasmar en estas hojas lo que le conté, a escribir sobre cosas de mí que nadie más sabe, cosas de mí que ni siquiera yo sabía que sentía, y de ahí en adelante todo se fue dando causalmente, todo lo demás vino a mí, cómo si no lo hubiese buscado pero irremediablemente tenía que ser, esto no es casualidad, es causalidad.