Hacia los límites de la moral - Manifiesto Contra ¿Qué cosa puede ser más divertidamente atrapante que el desafío de atacar contra todos los preceptos establecidos, fundamentalmente contra aquellos de los cuales se jactan los hombres “moralmente correctos” y de “buena conciencia”? A esa tarea se encomendará nuestro amigo Ha-Shatán, las puertas están abiertas para quien tenga ganas de abadonar pautas morales, frases […]

Manifiesto Contra

¿Qué cosa puede ser más divertidamente atrapante que el desafío de atacar contra todos los preceptos establecidos, fundamentalmente contra aquellos de los cuales se jactan los hombres “moralmente correctos” y de “buena conciencia”? A esa tarea se encomendará nuestro amigo Ha-Shatán, las puertas están abiertas para quien tenga ganas de abadonar pautas morales, frases hechas y pensar críticamente.

Por Ha-Shatán

La agenda política en los últimos tiempos ha ido tomando distintos temas que podríamos clasificar como “moralmente comprometidos”. La punibilidad del aborto, el consumo de estupefacientes o la prostitución se han tornado tópicos habituales en los titulares televisivos e impresos, pero, sin embargo, detrás del impactante primer plano de lacras sociales como el abuso sexual, las redes de narcotráfico o la trata de personas vemos un segundo plano que no aparece ni remotamente referido. ¿Cuál es este segundo plano? Es precisamente él que nos interpela como sociedad. ¿Nos interpela? Sí, pues si las lacras sociales existen y se incrementan es porque encuentran un marco que les da el sustento pero, además, las retroalimenta constantemente.

“Sin clientes no hay trata” alegan las organizaciones que enfrentan la trata de personas con fines sexuales. Es cierto, lo que es falso de esa premisa es que el cliente no surge de un repollo, no es una suerte de sociopata o una excepción al ciudadano promedio. No alegaría jamás contra la tendencia de penalizar al cliente como partícipe necesario de la explotación sexual, quizás establecería una serie de reparos respecto al rango de imputabilidad, pero, el sentido general de la tendencia, no deja de ser acertada. Sin embargo, lo irremediablemente cierto es que por más que impusiéramos una fuerte coerción penal y detuviéramos en cárceles a toda la masa de personas que a la fecha contratan servicios sexuales, no tardaría en surgir una nueva camada más numerosa de clientes. ¿Por qué? Porque la demanda de servicios sexuales nace de nuestra propia sociedad y la escala de valores, no siempre evidente, que propone.

¿Sin clientes no hay trata? No es cierto, lo cierto es que sin clientes seguirá habiendo trata y surgirán nuevos clientes. Haciendo un parangón, no del todo feliz, vemos que el narcotráfico durante años se ha perseguido desde la lógica de que sin consumidores no hay narcotráfico. Hoy existe bastante consenso de que ello es un disparate y que al consumidor, en su caso, habrá que darle tratamiento de una potencial adicción. También existe un consenso algo menor que el anterior, pero considerablemente extendido, que el combate al narcotráfico se da con acción positiva en la situación socio-económica de los países productores, en primer término, y también de los países consumidores, en segundo término. ¿Por qué? Si se actúa sobre las condiciones socio-económicas de los países productores, los “carteles” no tendrán la masa de ciudadanos marginalizados cuya subsistencia termina casi irremediablemente ligada a una relación laboral con los “carteles”, pues, en definitiva, ese impacto social es el verdadero centro de poder de estas organizaciones delictivas. Así mismo, la acción positiva en las condiciones socio-económicas de los países consumidores aparece como complemento a ello, pues allí operan fenómenos que podríamos enraizar en el concepto de “anomia” esgrimido por Durkheim en el siglo XIX. El trasfondo de la drogodependencia está en una suerte de apatía social y la generalización de esa sensación es lo que debe combatirse y no sólo la adicción específica. ¿Por qué? Si no se hace esto, el problema sería el alcoholismo, la tabacomanía o vaya a saberse qué. ¿Sin consumidores no hay narcotráfico? Es una premisa totalmente falsa, la premisa verdadera es que “sin marginalización en los países productores y sin apatía social en los países consumidores no existe mercado para el narcotráfico” ¿Advertimos la diametral diferencia?

Pero… ¿Qué estamos haciendo acá? ¿Equiparamos al cliente de servicios sexuales al drogodependiente? Nada más lejano, quizás en algún caso extremo podemos hablar del cliente de servicios sexuales como una persona de conductas adictivas, pero no es la generalidad. Por el contrario, en principio, se trata de personas adultas totalmente concientes y responsables de sus actos. ¿Punibles o no punibles como partícipes necesarios del delito de explotación sexual? Es en primer término es una cuestión legislativa (en el actual marco legal esto no es muy claro), en segundo término es una cuestión jurisprudencial (la interpretación judicial que se haga de un texto bastante confuso) y en tercer término de una discusión de sintonía mucho más fina sobre lo que como sociedad entendemos como condenable y, en eso caso, de entender que algo es condenable, si eso es plausible o no de una sanción penal.

¿Qué hacemos entonces hablando de drogodependientes y clientes de servicios sexuales en un marco de cierta unidad conceptual? Es más simple y también más complejo de lo que se pudiera creer. Unos y otros surgen de lo mismo, de los parámetros morales, no siempre expresos, de nuestra sociedad. ¿Entendemos que “cosificar” la sexualidad de una persona es un acto a prima facie reprochable? No creo que sean muchos lo que estén en desacuerdo, y, sin embargo, la prostitución no sólo es el negocio lucrativo que siempre fue, sino que se encuentra cada vez más extendido. ¿Por qué? En parte, porque lo que decimos a prima facie no es lo que sostenemos cuando buscamos adentrarnos un poco más en el trasfondo de nuestra moral colectivamente construida. Eso en parte, pero más trascendental es que cuando hablábamos de “apatía social” es algo que no sólo se aplica a la drogodependencia.

La “apatía social” es más extensa, la “apatía social” nace de una sociedad que nos “cosifica” y en la que “cosificamos”, el modo de reacción ante ello es diverso, pero podemos en un rápido pantallazo advertir un sinnúmero de emergentes, pero, para ello, debemos estar dispuestos a ir un poco más allá, a escarbar en los límites de la moral, a eso invitará Ha-Shatán en estas líneas y las subsiguientes. ¿Están dispuestos a seguirme en este viaje?