Poesía | Ernesto 2 (navíos) - Por Agustín Peanovich

Sus muslos fatigaban las veredas de Rosario. 7:00 a.m.
Cigarro en la cien, gorra corte patillas de aletas, por momentos pensé que era un púber invertido, capicúa vertical.
Después de algunos meses, como era el devenir, la vitalidad de su abuela pendía de un hilo.
… Ahora sí adentramos temas hondos, mis condolencias despertaron su estupor.
Vio nuestra casa, vi sus ojos, le ofrecí un trago, le dí de sentar.
Se sentía mi amigo, charlamos de fútbol, luego cuando el momento llegó sabía que todo se estaba derrumbando, dijo que lo llame y ya noto mi desaire.
Como dos auténticos hombres soberbios hicimos un ademán y nos dimos la espalda.