Conflictos - Manifiesto Contra El azar incorpora su enorme imagen y compone un laberinto de alternativas que se cierran unas a otras e impiden al desesperado espíritu que aborda la tarea, obedecer sus propios apetitos, que condicionados deben doblegarse a la sumatoria de insignificantes actos en la servidumbre de las posibilidades reales a su alcance. Por Juan […]

Manifiesto Contra

El azar incorpora su enorme imagen y compone un laberinto de alternativas que se cierran unas a otras e impiden al desesperado espíritu que aborda la tarea, obedecer sus propios apetitos, que condicionados deben doblegarse a la sumatoria de insignificantes actos en la servidumbre de las posibilidades reales a su alcance.



Por Juan Represión

«Todo es tan perverso que sólo es cuestión de suerte… sólo importa de qué lado te toco nacer»

Imaginemos una reunión de almas donde a cada una se le otorga por bolillero el cuerpo en el que estará prisionera durante la vida en la tierra.

El cuerpo, sabemos, viene únicamente del encuentro de otros dos. También sabemos que son únicos e irrepetibles. El cuerpo es sólo envase, somos almas en verdad.

Bien, ya dentro de esta idea, analicemos lo siguiente.

Las almas reunidas esperando el sorteo. Todo es azar, y así como puede tocar un cuerpo que nace en una familia sin necesidades, existen las mismas probabilidades de nacer en medio de la miseria y la pobreza extrema.

Diseñamos un mundo donde sólo es cuestión de suerte. El futuro es lanzar una moneda y ver de qué lado nos toca aparecer.

Y no sólo eso. Además, nos crían con la idea de que el que es pobre lo es porque no quiere trabajar, por vagancia, irresponsabilidad… les gusta vivir así.

Pero no termina allí, estamos convencidos que bajo estas reglas de vida, el progreso es posible. «Si sos pobre podés escalar posiciones en la sociedad, es cuestión de esfuerzo» nada más falso.

Si uno de cien logra salir de la pobreza: ¿El progreso es posible? (Claro, dirán algunos, si uno salió todos pueden…) ¡Claro que no! Si uno de cien lo logra, es porque está todo armado para que la pobreza siga existiendo. Aquel ‘uno’ es la excepción de la regla, y sabemos bien que las excepciones no hacen a lo colectivo.

Por eso, juzgar al pobre por pobre y catalogarlo como culpable, desnuda la miopía con la que vemos a la realidad. Antes del juicio, ya son víctimas de un sistema que los expulsa y los deja en el fondo.

Y pensar que al fin de cuentas, todo es cuestión de suerte… Perverso, ¿no?

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  1. fedeb12

    Está bueno. Lo más perverso es cómo hacen que los pobres compitan entre ellos para ver quién es esa excepción que logrará el "progreso", una competencia morbosa donde los pobres se pelean unos con otros, y en donde la forma de llegar al progreso es "cagando al otro", sin ver que es un hermano más que está en la misma situación que uno.

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