Crónicas | Chicosvaca - Por Javier Galarza

Las arrugas en los dedos, y las miradas cómplices entre los acordes, denotan el tiempo transpirado en las salas de ensayo. La sonrisa dibujada, cual mueca de niño contento, anuncia que la plenitud – para algunos – solo existe arriba de las tablas. El presente entusiasta regala los aplausos soñados en las primeras tardes de rock y promete un futuro delicioso; solo queda caminar hacia adelante. 


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Dos fueron las imágenes que se me vinieron a la cabeza cuando supe que iba a ver a Chicosvaca: la primera, un disco (o EP) que les había comprado mi primo hace mucho tiempo, que escuchábamos mientras nos batíamos a duelo en la Playstation  y al que, a decir verdad, no le presté demasiada atención (estaba toda puesta en ganar los partidos al Winning Eleven); y la otra, un recital fantasma de hace 7 millones de años en el Club Italiano, en el que si la memoria no me falla, compartían escenario con La Semilla.

Recuerdo por qué había ido a verlos esa noche: un amigo había sido el encargado de dirigir un videoclip de una canción de ellos. Un rock de guitarras que contaba con la participación de Manuel Quieto, de La Mancha de Rolando. Si bien no estuvo nada mal, no me había llevado una gran impresión de la banda.

Así que acá nos encontramos, 7 millones de años después de aquel día, el sábado 25 de Julio, presentación de su último trabajo, producido por Álvaro Villagra (un nombre que hemos leído en la letra chica de los discos los que en los 90 nos comprábamos CDS de Los Cadillacs, Almafuerte o Divididos entre otros).

La cita era en el Teatro Vorterix , al que fui por primera vez. Tamaña sorpresa me llevé cuando vi el lugar: muy grande (capacidad para 1200 personas) y muy bien acustizado. Un mega emprendimiento que constituye lugar para tocar en la ciudad, de esos que ya no hay.

El escenario era grande, con una gran planta de iluminación, una pantalla de led de fondo, y una pasarela de unos 10 metros. De movida, la puesta era ambiciosa. Tenía sentido: se trataba del «show mas grande de su carrera», según pude leer en una nota que salió en un diario ese mismo día.

La banda se hacía desear mientras el público comenzaba a llenar de a poco el lugar. Se notaba que era un recital especial: entre el público, muchos hombres con cara de tío del baterista o mujeres mamá del tecladista,  y de esa gente cercana a los músicos que sólo van a los shows realmente importantes.

Mientras bebía de a sorbos un vaso de fernet que costó la exorbitante cifra de 130 pesos (la querés toda para vos, Sietecase) y, sin anuncio previo, Nicolás Pombo (voz y guitarras), Diego Tourn (guitarras), Gabriel Panella  (en bajo), Camilo Ceccarelli (batería) y Estanislao Chamut (teclados y percusión) fueron tomando sus posiciones para arrancar con «Algunos chicos», canción que abre y da nombre al álbum.

1Curiosamente, arremetieron con una seguidilla de tres temas de Elevarse, nena, su disco anterior: «La vida de noche», «Hasta lo mágico» y  el rock midtempo «#33», en el que Nicolás Pombo se colgó la guitarra acústica y cantó por primera vez en la pasarela.

Después de «Otra vez» y «Hoy es jueves», del último disco, se produjo uno de los grandes momentos de la noche: la aparición de Willy Echarte, guitarrista de Vudú para un solo incendiario en «Ahí estaré». El guitarrista se paseó por todo el escenario demostrando virtuosismo y aportando una gran cuota de rock a la noche.

La lista de temas prosiguió siempre con canciones de sus últimos dos discos como columna vertebral («Difícil», «Malabares», «El León», «Leaving Santiago»), hegemonía que se rompió con «El muro nuestro», de su segundo disco Árticos del sur (2007), en el que Pombo abandonó la guitarra por única vez en la noche y se pasó a los teclados para esta preciosa balada.

Con  «Me invento», canción que cierra Algunos chicos, se produjo una gran lluvia de papelitos que presagiaba el final. Sin embargo, faltaba el segundo invitado de la noche: Pablikoman, líder de la histórica agrupación de hip hop Purple House, subió en «No me digas que» y se despachó con un sinfín de rimas que encendió al público. Ovación generalizada.

Sobre el final sonó «Peligrosa», acaso su gran hit que fue coreado a rabiar por un público que a esta altura estaba prendido fuego, seguida de «Brillos», «Aeropuertos» para finalmente despedirse con «Donde quieras ir».  Abrazos, sonrisas y fotos entre los integrantes de la banda, visiblemente emocionados.4

Que de las 18 canciones que tocaron, sólo una no sea de sus últimos dos discos es todo un mensaje acerca del rumbo artístico que ha tomado el grupo: dejar atrás el tradicional rock de guitarras para tener pinceladas de sonidos más contemporáneos, en sintonía con grupos como The Strokes o Artic Monkeys. Sin embargo, esa homogeneidad de canciones por momentos atenta contra la dinámica del show y se corre el riesgo de caer en la monotonía (las canciones están muy bien, pero todas juntas pueden ser peligrosas).

Que Nicolás Pombo, cantante y líder, casi no emita palabras entre tema y tema es llamativo, teniendo en cuenta que es alguien con evidente dotes de frontman y que tiene un gran feeling con el público. Que la banda suene tan sólida y compacta, sólo evidencia la cantidad de horas de ensayo y años de tocar juntos que tienen. Que hayan apostado a un show tan ambicioso es una noticia saludable para el rock de la ciudad: pocos grupos se animan a tanto y conquistar Buenos Aires parecería ser un norte posible en el horizonte de la banda. Que hayan estado a años luz de aquel show que vi por primera vez fue la mejor sorpresa que me llevé.

Que un vaso de fernet cueste 130 pesos, es inadmisible.

 

Fotografía Chicosvaca

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Integrantes

Nicolas Pombo – guitarra y voz
Gabriel Panella – bajo
Diego Tourn – 
Guitarras
Camilo Ceccarelli – batería
Tacho Chamut – teclas, percusión


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