Crónicas | Julio Franchi en los acústicos del D7 - Por Clara Catelli

El mundo puede resultar a veces tan pequeño que asusta, pero por lo general es todo lo opuesto. El mundo es inmenso, inaprensible; no es tan ilógico entonces llegar a un lugar, ver a un tipo que se sube a un escenario, pensar que está haciendo magia con la guitarra y atribuirle características sobrenaturales. No sólo es lógico, además, es preferible.


La revelación

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Julio Franchi es un genio. El miércoles fui a su acústico en el Distrito 7 y me encontré con miles de sensaciones hermosas y una sola conclusión: es un genio.

El D7 es un centro cultural, es un bar, es la sede de las mejores fiestas, es un teatro, y la lista sigue. Es el resultado de dos proyectos: la sala cultural Mano a Mano, que tenía lugar en este espacio venido abajo, un teatro más en Rosario; y el de Movimiento Giros con el Partido para la Ciudad Futura. Los siete días de la semana el D7 tiene actividades. Los miércoles es el día de los acústicos. Y el miércoles fue el día del acústico de Julio Franchi, quien, como ya dije, es un genio

Julio Franchi es un cantautor y guitarrista rosarino que reside en Buenos Aires y que –por lo que percibí en su show– tiene un dios, y ese dios es Charly García.

Alrededor de las diez y media empezó el recital. El escenario se iluminó con colores azules y blancos, y tres músicos se instalaron en él. El saxo barítono y el teclado acompañaron a la guitarra de Franchi, y le dieron una presencia especial a una melodía rockera que concentró la atención de los espectadores dispersos en las mesas.  Se le agradeció al pianista Esteban Sesso por darle forma a esa canción inconclusa. «Otro aplauso para el saxo de Lara Sesso», pidió Julio, «Ella es la hija de Esteban. Padre e hija. Es hermoso tocar en familia». Esteban bajó para dejar al dúo de Lara y Julio juntos en el escenario. Un tema más: «y me enrosco, y me olvido, y me queda la canción sin terminar…» y el cantautor quedó a solas con el público.

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Esa Rosario Central le ganó a Estudiantes de La Plata, para pesar de quien escribe, 2 a 1 gracias a un gol de Marco Ruben. «Levanten las manos los de Central… y ahora los de Newell´s. Está parejo. Pero los de Central somos más y hoy estamos re contentos». Eficiente forma de pegarle en el corazón a su público. Para bien y para mal. Una sucesión de temas bajón, según el autor, e íntimos y hermosos, en mi opinión, siguieron a la introducción futbolera, hasta que llegó a «La de siempre». Genial, atrapante. Pero Julio se desconcentró. Y lo frenó. «Viste que cuando te desconcentrás, no… No se puede». Nos pidió que después le recordemos que la vuelva a tocar, sino iba a perder su efecto. «Mambo negro», un hit. Letras cargadas, aglutinadas en un ritmo rápido y atrapante que generó un movimiento popular de cabezas en el público. Perfectamente al unísono todas las cabezas.

El recital fue lo más parecido que vi a una rockola histérica, en el buen sentido. «Pídanme un tema, a la carta», y la respuesta al pedido era un «Bueno, pero ese no». Hasta que llegaba aquel que mejor se adecuara al momento, y ahí la rompía. Mientras tanto, temas de Charly García se colaron en la lista. Alabado sea dios. Despúes, Franchi llamó a Alejo Castillo, ese músico amigo de toda la vida que todo músico tiene. Subió con su sombrero negro y un teclado al escenario, para compartirlo con Julio mientras tocaron un tema del invitado.

Entre chistes y Julio riéndose de sí mismo, transpirado por una gripe en transición, llegaron los dos últimos temas que tocó acompañado por otra de los genios de la noche: Lara. Para-pa-pá, un-para-pa-pá, para-pa-pá. «La Caminata»,  lo mejor que escuché en toda la noche. Coordinados y sintonizados, los dos músicos generaron un clima espectacular. Ya para la tercer cerveza que compartíamos con mi amigo, llegó el final. «Mi genio loco». Y chau. Ni un bis.

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