Poesía | Aguijones - Por Juan Represión | Ilustración: Matías Lazaro

Creer que algo vuelve sería un error. Creer lo contrario, también. Creer que son los mismos sería un error. Creer que no, también. Creernos a salvo sería un error. Creernos mortalmente condenados, otro más. Creer que nadie o creer que todos, casi tanto como creer que solo algunos. Creer y descreer al mismo tiempo es el peor de  los errores. Y andar buscando errores en la creencia, uno más bajo. Hay algo que se mueve, no es el error, creamos o no. 


Tu voz trae los aguijones.
Conozco ese dolor.
Fue el que nos pinchó cuando niños
y en la tele había corridas:
cacerolas gritando en la calle
monturas empujando abuelas.
Reconozco esas sonrisas.
Venían con promesas dulces,
de las que amargan la tierra.
Las venas como cables de alta tensión
alrededor de las gargantas
que gritan por su piel
en medio de una ruta, en el sur argentino
avivando a otras gargantas
que recibirán el eco
entre el cemento capitalino.
La resistencia marca la cancha y se planta
contra el uniforme que protege
a los verdugos que también cenaran sus sueños.
Fue cuando se apagaron las luces
y los mensajeros de la vanguardia
exhibieron sus miserias;
cuando la sangre manchó el suelo
y tiñó la historia
para que nadie la niegue.
Cuando el pueblo descubrió su fuerza
y agotó los escapes;
sólo el cielo quedó descubierto
y un pájaro metálico cortó las nubes
llevándose hasta los consejos
que los carroñeros habían traído.
Fue cuando el tiempo marcó el pulso
mirando a un futuro desconocido
con una mano sosteniendo al pasado.
Y ahora, con las cicatrices goteando miedo
y los ojos sin parpadear,
miro por la ventana
porque ya pasaron las promesas dulces
y suenan los mismos truenos:
siento los aguijones, conozco ese dolor.

Ilustración: Matías Lázaro

 

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