Poesía | La carpeta con cartas - Por Florencia Garat

Por idos, no quiere decir que no estén. Arrancados, fueron dejando raíces. Su presencia se vuelve presentimiento, sabor en los labios, dolor en el pecho, sensación en el estómago. Después pasan los aniversarios, las fechas conmemorativas, lo que dicen, te cuentan, algo que pasó y sigue pasando. Y sigue y sigue. Después pasan los recuerdos en el montonal de años. Pero eso sigue, el dolor en el pecho, el estómago sentido. 


Está el bargueño
de Herminia
y el mueble de la
abuela que tiene
vitrina en el que hay
detrás so u ven i res
de viajes,
copas de cristal pocas
y entradas para espectáculos.
En las puertitas laterales
la resma a4, garantías
y VHSs.
En los cajones del medio
en uno se amontonan eslabones
y en otro está la carpeta
que nunca saco ni robo
ni fotocopio como hizo
Verónica para aniversar.
Ese día no había nadie y yo me creí
protegida por un porvenir maravilloso.
Mucho no pude entender la letra
y me quise saltear las partes
donde le dice a mi mamá cosas sólo para ella.
Busco mi nombre corto con los ojos entre
-abiertos usando mi visión veloz barredora
y a pesar de la letra
y las partes que no quiero leer
encuentro algunas cosas: las visitas
que le dije al tío ‘ahora mi papá vive acá’
que un día me porté bien otro mal
que lloro que santi llora
que quiero sentarme upa
algo de mis novios cuando sea grande
que tiene que administrar la bolilla que nos da
y que estuvo pensando
que sería buena idea cuando salga
llevarme a tomar una coca para charlar.
lo de la coca me mata
vuelve al cajón la carpeta.
Y sus huesos siguen sueltos.

Desaparecidos. Dictadura argentina.

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