Lecturas | «Las amigas», de Tania Scaglione - La amistad, la relación, el tipo de vínculo que se establece, la filia. Ahí hay un problema: qué tipo de encuentros se producen, se acostumbran, se rompen, se recrean. Una salida nocturna es una posibilidad para saltar más allá de los alcances de lo real inmediato, lo que se supone objetivable. Esto de acá, aquello de allá, fundidos. Lo que puede creerse o no, en definitiva, en las instancias de un relato. La literatura y eso, algo, todo, nada, minucias, totalidades, imitaciones sólidas o cuerpos deletéreos. Las amigas, al fin, una escritura.

La amistad, la relación, el tipo de vínculo que se establece, la filia. Ahí hay un problema: qué tipo de encuentros se producen, se acostumbran, se rompen, se recrean. Una salida nocturna es una posibilidad para saltar más allá de los alcances de lo real inmediato, lo que se supone objetivable. Esto de acá, aquello de allá, fundidos. Lo que puede creerse o no, en definitiva, en las instancias de un relato. La literatura y eso, algo, todo, nada, minucias, totalidades, imitaciones sólidas o cuerpos deletéreos. Las amigas, al fin, una escritura. 

Por Regina Cellino

«Hacia la inverosimilitud realista»

LIbro «Las Amigas» | Foto: Regina Cellino

Si hay una categoría que en la literatura fue convocada hasta el hartazgo es la de realismo. Tan amplia y tan confusa;
carga en sus espaldas una larguísima tradición literaria occidental y su inauguración depende de la mirada crítica desde donde se la lea. Por ejemplo, Auerbach (1946), considera que el realismo, la representación mimética no de los objetos sino como una operación que afecta los códigos de representación y la lengua de esa representación, la caída de las distinciones entre los géneros «bajos» y «altos», se instituye con los relatos bíblicos. Por otro lado,  Lukács en Ensayos sobre el realismo (escritos en circa 1936), versa su estudio sobre el realismo clásico a partir de las obras de Balzac y sostiene que «realismo significa reconocimiento del hecho de que la creación no se fundamenta sobre una abstracta “medianía”, como cree el naturalismo […]  La categoría central, el criterio fundamental de la concepción literaria realista es el tipo […] El verdadero gran realismo retrata al hombre total y a la sociedad total» (1965: 13).

Durante los últimos años en el contexto de la crítica literaria argentina, se han llevado a cabo una serie de discusiones en torno al retorno (o continuidad) de ciertas obras de la literatura local a formas de narrar propias del realismo. En lo que coinciden todas las intervenciones es que dichas obras presentan modificaciones o transformaciones según cómo fue leída la estética realista «clásica», entiéndase, lukácsiana. Si bien son numerosos los autores involucrados en esta reflexión, me interesa retomar, la consideración que Contreras realiza sobre el realismo y que fue en parte producto de su estudio de las novelas de César Aira. Para la autora, los problemas en torno al realismo y a la literatura contemporánea argentina parten de la errónea o simplista lectura que de Lukács se hizo durante el siglo veinte. El realismo clásico no se sostendría ni en la pretensión de verosimilitud ni en la construcción de un personaje tipo sino en la interrupción de la verosimilitud. Aira sería, para la crítica, el representante de la tradición realista, inaugurada con las novelas de Artl, en la literatura argentina contemporánea porque, entre otras cosas, su «deseo de llegar a lo real lo hace ir, rápido, por el camino hacia lo inverosímil» (Contreras, 2005, 4).

Scaglione con su obra Las amigas podría formar parte del corpus de la literatura argentina contemporánea que hace desbordar los parámetros de la (mal) leída representación realista en lo relativo a la construcción de personajes «medianos» y a la pretendida descripción objetiva de la realidad. La trama de esta breve novela es la aventura de seis amigas (Sofía, Mercedes, Caren, Mariana, Checha y Carla) en las peripecias de una salida nocturna rosarina signada por acontecimientos azarosos e inverosímiles que, lejos de alejarse de una representación realista, potencian el efecto de realidad. El relato está poblado de detalles insignificantes que amplifican la aprehensión de lo real y, al mismo tiempo, delimita el tempo narrativo que se sostiene en un encadenamiento de situaciones marcado por la lógica de la causa-efecto. Así, al comienzo de la novela, el narrador describe en un estilo indirecto libre las secuencias que las hermanas mellizas, Mercedes y Sofía, cuya madre agoniza postrada en una cama, desarrollan antes de encontrarse en la casa de la amiga en común, Mariana:

[Mercedes] Se sacó el short y la musculosa y los dejó sobre la cama. Agarró un vestido de colores primarios que colgaba del perchero entre dos pantalones. El vestido brillaba. Mientras se lo ponía, el viento corrió desde la ventana hasta la puerta y levantó el volado, que se enganchó en una astilla de la mesita de luz y se tajeó. […]

Mercedes colgó. Sofía también colgó, abrió el armario y eligió un vestido nuevo de colores primarios y brillantes. Lo dejó sobre la silla del escritorio y se fue a duchar. Mientras tanto cayó una gota de un aire acondicionado de un edificio. La gota pasó por la rajadura del vestido de Mercedes y ella escuchó la explosión del agua en la cadera. (7-8)

Esta cita, además, evidencia la caligrafía de Scaglione, cuyo trazo escritural avanza a través de la narración minuciosa con sintagmas rítmicos y precisos. En la escritura no hay desborde, como sí lo hay en el argumento.

Las circunstancias que la autora cifra exceden la mera reproducción fotográfica de la realidad media. En efecto, ellas se apoyan en las sensaciones inmediatas o en las experiencias «exageradas» de los personajes. Abundan en la novela proposiciones que puntualizan las emociones anudadas a lo corporal que vivencia cada una de las amigas: «Tenía la sensación de filoso en la boca del estómago» (7); «Tuvo la sensación de hartazgo en la espalda y vació los pulmones» (8); «Tuvo la sensación de pesadez en las manos, que le colgaban a cada lado» (11); «Afuera, Sofía lloró de los ojos, de la nariz, de la panza y de la boca» (33); «Tuvo la sensación de estrechez en las manos y en el vientre» (86), etc.

Una salida nocturna de seis amigas, con alcohol, drogas, desamores y tristezas, puede tener cualquier desenlace (y esto lo sabemos, la mayoría). Sin embargo, Scaglione no cae en lo que podrían ser los lugares comunes del reviente de la noche porque los acontecimientos que se encadenan se fragmentan a partir de las perspectivas de cada uno de los personajes (también forman parte del argumento Germán y Nicolás, novios o ex novios de las mellis, la madre de ellas, un grupo de basquetbolistas del equipo nacional, Laura, novia de Checha) y, también, a partir de la presencia de secuencias que se suceden de manera simultánea en el tiempo pero no en el espacio. En este sentido, podría LIbro «Las Amigas» | Foto: Regina Cellinopensarse que la narración se asemeja a la forma cinematográfica. Por ejemplo, al principio hay desdoblamientos de perspectivas y espaciales de la serie en la que se narra el viaje en taxi de Sofía, el encuentro con su hermana y el final del taxista:

Sofía miró los ojos del chofer, que hablaba de matar a alguien, y después giró la cabeza hacia la puerta. Le dolió la garganta. […]  El taxi dobló por Corrientes y frenó porque Mercedes cruzaba por la senda peatonal. Sofía se agachó y fingió atarse los cordones de la sandalia izquierda. Lloraba. Mercedes miró al taxista, que miró a Sofía, que miró su pie. Sofía se levantó y Mercedes pisó el cordón de la vereda. El taxi arrancó y estacionó cinco cuadras más adelante. Sofía pagó, bajó del auto, cerró la puerta y lloró con congoja. El taxista arrancó y escuchó el llanto ahogado de Sofía, giró la cabeza sobre el hombro derecho y la miró. […]  El chofer apretó el freno pero ya estaba en la bocacalle y un 116 fuera de servicio lo chocó. (9-10)

Por último, en la novela, se intercalan dos escenas delirantes que interrumpen el relato verosímil realista haciendo que la narración se eleve sobre los límites de lo cotidiano para, de ese modo, lograr una representación realista más «efectiva» que la aleja de la simple descripción objetiva de la realidad. Uno de esos momentos se sitúa en el capítulo 2, donde aparece el episodio del encuentro entre las amigas y los basquetbolistas en la madrugada del sábado en el parque que se encuentra al lado del río Paraná, y la posterior convergencia con una procesión de feligreses:

Pero mientras subían las escaleras vieron una pequeña procesión que enarbolaba la cruz que ellas habían atado al árbol y se distrajeron. Eran cuatro personas que repetían pare de sufrir, pare de sufrir, pare de sufrir. Sofía les gritó que esa cruz era suya pero no la escucharon porque estaban en trance religioso. Carla le dijo que no la busque, que las cruces deban mala suerte […]

No volvió a pedirla y se sumaron a la procesión. Ahora eran doce repitiendo pare de sufrir […]  Los procesionistas entregaron la cruz a los largos para que la sostuviesen más alto. Sofía propuso volver a escalar a Largo 4 y sostenerla ella. Y así fue y Sofía dijo amén y Mercedes amén y algunos procesionistas las miraron sin callarse. Sofía y Largo 4 gritaron el Diablo sea en mí, el Diablo sea en mí, el Diablo sea en mí. […]  Largo 4 y Sofía gritaron más fuerte, los largos y las amigas se rieron y los procesionistas pegaron patadas a Largo 4 en las rodillas. (63-64)

Las coincidencias fortuitas, los encuentros azarosos, la irrupción de lo inverosímil, lo errático, la narración puntillosa y el fraccionamiento de las escenas hacen de Las amigas una novela realista que desborda el realismo considerado como la duplicación de la realidad. Scaglione en su deseo (y ambición) de aprehender lo real se desliza, como en un tobogán, hacia la creación de un realismo propio.

Scaglione, Tania. Las amigas. Editorial Municipal de Rosario. Rosario: 2015.