Poesía | Otro otro poema de los dones - Por Ezequiel Gatto | Ilustración: Enmendez Pintura

Antes del cifrado, cuando hay convergencias, integraciones del paisaje, esos instantes. Las precisiones previas a cualquier detección. Otros nombres. Una escritura que se vuelve. Escribir y reescribir y otra vez, como posibilidad creativa. 


Gracias quiero dar al divino Laberinto de los efectos y de las causas
Por la diversidad de las criaturas que forman este singular universo,
Por los restos diurnos, que no cesarán de soñar con un plano del laberinto,
Por el rostro de Beckett y la perseverancia de las Madres y las Abuelas,
Por el amor, que nos deja ver a los otros como los vio la divinidad,
Por los caminos asfaltados y los silencios de monte,
Por el software, palacio de precisos cristales,
Por las místicas palabras de Leopoldo Marechal,
Por John Cage, que acaso descifró el universo,
Por los hombres desnudos y las mujeres desnudas,
Por el agua, el whisky y el vino,
Por el pan y la palta,
Por el misterio de las pantallas, que prodigan color y que no lo ven,
Por ciertas vísperas y días de 2001,
Por los cartoneros que en la llanura arrean la basura y el alba,
Por la mañana en Central Park,
Por el arte de la amistad y el arte de la política,
Por el primer día de cada uno de los seres vivos,
Por las palabras que en un crepúsculo se dijeron de un lado de la cama al otro lado de la cama,
Por aquella estrategia de supervivencia de una mujer esclava, que abarcó mil
noches y una noche,
Por las ideas nuevas
Por el sopor en que caemos pensando.
Por Morrissey, que conversa con los ángeles en las calles de Londres,
Por los sueños secretos e inmemoriales que convergen en mí,
Por lo que dicen que dije, una madrugada, en Planeta X,
Por la música y la curiosidad,
Por la metrópolis, que es un desierto resplandeciente
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
que son aire fresco en la cara.
Y una cifra de cosas que no sabemos
Y un epitafio de la inocencia,
Por la música verbal del barrio Ludueña,
Por la música verbal del barrio Harlem,
Por el dolor, que relumbra en los versos,
Por la primavera amiga,
Por el nombre de un libro que he leído: Zama
Por las niñas y los niños a los que el mundo no permite la inocencia
Por el Mozilla y el AdBlock plus,
Por las selvas, los esteros, las lagunas, los picos montañosos,
Por los caseríos del noroeste argentino y del interior uruguayo,
Por la mañana en Costa del Este,
Por aquel humano que redactó un volante para repartir en la puerta de una fábrica
Por Borges, Di Benedetto y Saer,
Y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
Que reescribieron el español y
Toda la literatura,
Por los videojuegos
Por las películas de Herzog y la cartografía del deseo de Guattari,
Por el olor medicinal de la marihuana,
Por el lenguaje, que puede modular el mundo,
Por el archivo, que anula o modifica el pasado,
Por los espejos, que nos repiten y nos confirman como una costumbre,
Por el amor, que nos depara la ilusión de un principio,
Por las expediciones espaciales, sus tinieblas y sus astronomías,
Por la justicia, que es un acto de amor multitudinario
Por la historia, sentida en los jazmines, o en una vieja silla,
Por Vicente Luy y Allen Ginsberg, que escribieron poemas,
Por el hecho de que el poema es inagotable
y se confunde con la suma de las criaturas
y no llegará jamás al último verso
y varía según los hombres,
Por Frances Haslam, que dice Borges que pidió perdón a sus hijos por morir tan despacio,
Por los minutos que suceden al orgasmo,
Por el orgasmo y la muerte, esos dos tesoros ocultos,
Por los íntimos dones que no enumero,
Por la creación, misteriosa forma del tiempo.

Ilustración: Eméndez Pintura