Crónicas | El fabuloso mundo de la tía Betty - Por Micaela Gazza

Están los que afirman que si se quitasen todas las normativas sociales básicas de cualquier población, afloraría la crudeza de la condición humana. William Golding intentó explicarlo en El Señor de las moscas, mientras que Sigmund Freud hizo lo propio en El malestar en la cultura. Nuestra cronista, sin embargo, eligió otro camino para comprobar la hipótesis. Ni novelas, ni ensayos: teatro. Allí se encontró, según cuenta, con los gritos del inconsciente colectivo de una sociedad que se enfrenta (y se abraza) a sus propios fantasmas. 


Toca la campana y como estudiantes nos dirigimos al salón. En este caso el teatro El Rayo Misterioso se convertirá en nuestra aula. A pesar de ser éste un clásico de Pichincha era mi primera vez ahí, tenía grandes expectativas de lo que estaba por ver ya que se habla mucho del trabajo de este grupo. «O lo amás o lo odiás», dicen por ahí… ya adelanto que en mi caso, lo amé. Salí completamente deslumbrada por el espectáculo y me llevó un par de días poder procesar la información y  ponerme a escribir sobre lo que había vivido.

El reflejo de la luna se podía ver en las calles esa noche de viernes, las gotas caían directamente sobre mi cara.

El fabuloso mundo de la tía Betty es una obra épica y como tal, no puede ser narrada linealmente; sentía como si estuviera siendo bombardeada por video clips que necesitaban mi atención y por eso se presentaban con efectos de luces y sonidos que iban de lo grave a lo más agudo de un momento al otro.

Primero seis personas caminando desconcertados con atuendos como de hospital psiquiátrico, dos hombres y cuatro mujeres, todos con alguna característica física particular. Una oscuridad profunda se hizo presente en la sala y yo hacía fuerza con los ojos para ver si podía ver algo de lo que estaba sucediendo, pero no pude, así que me relajé y disfruté de la profundidad que brinda la penumbra, silencio de misa, vuelve la luz con un panorama totalmente distinto, se armó repentinamente una estructura sin una forma que nos refiera de ante mano lo que era. Saltos, en un primer momento casi sin texto, los actores caminaban por la estructura y se tiraban ciegamente; creo yo que a los brazos de sus compañeros, primera admiración hacia los actores, la confianza y precisión con la que se manejaban.

Lo que podríamos nombrar como un tercer momento inició con los cuerpos de tres de las muchachas desnudos, pero no una desnudez vulgar ni violenta. Los cuerpos eran exhibidos de una manera natural, bella, y a la vez tan significativa que me impactó por completo y conformó la segunda admiración hacia los actores, esa entrega con la que se mostraban despojados tanto de ropa y como de ego. Se utiliza como recurso en éste y otros momentos de la obra, pero en todos la sentí con el mismo efecto. No se hizo referencia a la desnudez y yo creo que eso le dio mayor potencia a los efectos. Nunca sentí que fuera mucho tampoco.

El séptimo actor, Aldo El-Jatib (director y dramaturgo de la obra) no sólo recibe y ubica al público sino que también está presente en escena durante toda la obra. Durante la mayor parte del tiempo se encuentra al costado izquierdo del escenario parado inmóvil pero presente escénicamente. Tiene intervenciones, yo supongo que pautadas y ensayadas, como acomodar el vestuario de algunos actores o marcar el tiempo para que realicen algunas acciones; y tiene otras apariciones que parecen improvisadas como palmear en la espalda a los chicos, tirarles con cosas o hacerles caras. Su rol en la obra constituye un espectáculo en sí mismo en el que, al mejor estilo Kantor, está en el escenario como un actor más.

El fabuloso mundo de la tía Betty | Foto: Entradium

No sé si entendí la obra, no sé si se puede no entender una obra, no sé si capté todos los códigos, es muy probable que no, pero me llevo material como para responder la típica pregunta ¿De qué trata la obra? Diría, en primer lugar, que no pude unir los «episodios» en una trama común sino hasta aproximadamente la mitad de la función. En segundo lugar, que en la obra muestran el proceder de las fuerzas armadas sobre una típica familia, como paralelamente se muestra como tratan a las mujeres consideradas brujas. Un recorrido desde lo antiguo a lo actual de un mundo cada vez más corrompido e inundado de los más diversos tipos de violencia.

La mejor escena en mi opinión fue una en la que el padre de la familia, un «zurdo», es perseguido por un militar. Entran los dos en una cómica persecución alrededor de una puerta, sostenida por dos de sus compañeros, poco a poco lo cómico y divertido se va volviendo trágico y triste, mientras suena el himno nacional de fondo.

Lo que constituye la tercera y última admiración que voy a mencionar es el estado físico de los actores, el entrenamiento, las horas de ensayo, la composición de los personajes que incluían un estado del cuerpo con la energía siempre al 100%. Saltar, correr, tensionar cada músculo del cuerpo sin parecer ni un poquito cansados. Las voces de los personajes. La potencia en cada rostro, cada mirada. Llegué a preguntarme si eran humanos. Cómo pasaban de un personaje al otro sin una fisura, cómo se cambiaban y hasta maquillaban en pocos segundos y a veces en la oscuridad misma.

Me quedo con mucho interés de saber más sobre el trabajo del grupo, de indagar más sobre el origen de su metodología de trabajo, de tomar un seminario en el lugar y más. Realmente la recomiendo y podría seguir halagando a esta obra por mucho más, pero creo que fue suficiente, vayan todos a conocer El fabuloso mundo de la tía Betty.



Contacto

El Rayo Misterioso

Staff

Actúan: María de los Ángeles OliverVictoria Guercetti, Ada Cottu, Maywa Vargas, Sebastián Arriete y Exequiel Orteu
Producción: El Rayo Misterioso
Asistencia Técnica: Yesica Pelicates
Texto, Dramaturgia y Dirección: Aldo El-Jatib