Cuentos | Eusebio en la carpa - Por Mauro Paradiso | Fotografía: Anto Cassina

Ya empezó la fiesta. Se acercan las chicas de la universidad. Saludan a Eusebio de La Selva, que es el que acaba de hablar por la televisión, explicando el motivo de la toma de tierras.

Se comporta como un gran anfitrión. Les muestra todos los detalles del acampe. Les cuenta cómo fue que se consiguieron las lonas para armar la carpa. Hay retazos robados de diferentes relatos. La novela del escritor rosarino quedó saqueada. Vengan niñas, les dice, quiero mostrarles cómo se vive aquí en la carpa.

Algunas de las chicas no se animan a pasar. Pero una de ellas no tolera la curiosidad de despierta Eusebio. De modo que ingresa a la carpa con él. Le pregunta por la novela, que acaba de escuchar por los noticieros. Eusebio le cuenta cómo era su vida cuando pertenecía a sus páginas y hacía todo lo que el escritor quería. Era muy duro vivir así, nunca estaba con una mujer. Mi Padre literario había determinado que yo era croto, le dice. La chica se quedó un buen rato escuchándolo. Llegó un momento en el que quedó tan atrapada con la novela, que le preguntó si ella no podía ingresar en la novela de algún modo. Así como alguien puede salirse de ella, también debería poder volver, le dijo. Si vuelvo a la novela, vuelvo acompañado de una mujer, le dijo Eusebio con determinación. ¿Te gustaría acompañarme? Me encantaría, le dijo ella, no soporto el papel que tengo que hacer aquí en Santiago. Yo también soy parte de un relato en el que tengo que cumplir roles para otros. De modo que Eusebio la tomó de la mano, le acarició el pelo, y acercó sus labios para mojarla.

Ya no sabemos lo que está pasando dentro de la carpa. El argentino no quiere salir, tal vez le esté contando una de sus historias a la estudiante chilena. Mientras tanto, los lúmpenes que sostienen el acampe charlan con las amigas de la estudiante. Cuentan historias de la calle, de cárceles, y de tatuajes. Vienen algunos periodistas con cámaras. Preguntan por Eusebio De la Selva, pero nadie responde. Estas cosas no se pueden filmar. Los lúmpenes saben lo difícil que es entrar a la carpa con una mujer, y respetan el trabajo que está haciendo Eusebio.

No es tan fácil encantar a una niña con historias literarias. Más vale no decir nada, y esperar el momento a que Eusebio se decida a salir.

Fotografía: Anto Cassina

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