El fetichismo de la marginalidad en el cine y la televisión
Por César González
Por César González
Por Estefanía Bianco
Por Estefanía Bianco
Por Luciana Bertolaccini | Fotografía: Brenda Galinac
Por Tulio Enrique Condorcarqui | Ilustración: Francisco Toledo
Por Joaquín Ficcardi | Ilustración: Francisco Toledo
Por Joaquín Ficcardi / Ilustraciones: Agostina De Mileto
Por Tulio Enrique Condorcarqui
Romper las disponibilidades, cavar surcos profundos entre las piedras, avivar llamas, emprender caminos por zonas obstaculizadas, cansarse y retroceder, temporalidades de la experiencia, en esas trayectorias hay algo que fluye, una carne que vive, un cuerpo que inventa una existencia. La realidad se abre, se extiende como una masa vaporosa, a veces sólida, pero permeable. Es un imperativo la desmesura, o una constancia de la imposibilidad. Cruzar o hundirse, son precipitaciones. En el fondo, o en una capa primaria, es un decir.
Hay alguna bestia, en el espejo, detrás de él, en las sombras que proyecta; tiene venas azuladas o es de loza, parece una figura conocida, aunque se muestra insospechable. No tiene intención y acumula en un gesto todas las voluntades. Es un fantasma, o es otro hombre recortado. Ninguno quiso saberlo propio, aunque nada hay que lo suponga del todo ajeno. Uno y otro, dos entidades que procuran diferenciarse, que se mueven, se deslizan, se borran y remarcan mutuamente.