Adolescentes - Esto es vida El amigo Benjamin Written hace un viaje hacia los tiempos adolescentes y deja en el camino unas cuantas preguntas. Por Benjamín Written “Ojalá fuera joven otra vez”-dicen muchos adultos-. Hola, me llaman David, y esta es la historia de un adolescente como cualquier otro. Todo empezó en una fría noche de diciembre, […]

Esto es vida

El amigo Benjamin Written hace un viaje hacia los tiempos adolescentes y deja en el camino unas cuantas preguntas.

Por Benjamín Written

“Ojalá fuera joven otra vez”-dicen muchos adultos-. Hola, me llaman David, y esta es la historia de un adolescente como cualquier otro.

Todo empezó en una fría noche de diciembre, cuando cumplí unos esperados trece años. Según sé, a partir de ese momento, ya era adolescente. “Adolescente”. Me fascinaba la idea. Un nuevo mundo se presentaba ante mí: ya no era un simple niñito, que dependía siempre de sus padres; me convertí en un joven con ganas de “comerme el mundo”. Vale, no exageremos, pero sí hay que decir que estaba eufórico. No obstante, lo que pasó posteriormente no era lo que precisamente esperaba.

El mundo de la adolescencia no era cualquier cosa. Sin embargo, pese a lo que había escuchado anteriormente sobre ella, la misma no era más que un período de la vida que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo. En castellano: la etapa de los cambios. Y había muchos cambios: que si la aparición de los malditos granos, las variaciones de la constitución corporal (peso, altura, etc.)…

Todos, tarde o temprano, sabrán lo que es vivir la adolescencia. Y hay diversas opiniones: para algunos pudiera ser una época mágica en la que enamorarse locamente de alguien, para otros ser buenos estudiantes en vista al futuro, y unos terceros optan por la vida desenfrenada y llena de diversiones. Con todo, hay muchos jóvenes -como era mi caso- que se sienten perdidos, desubicados, y a la vez hostigados por los complejos propios. Es horrible, lo puedo asegurar.

Por lo tanto, en esa situación de total desorientación, buscaba respuestas. ¿Tendría algún sentido mi vida? Quería sentirme completo, necesitaba estar realizado, tener un propósito, estar satisfecho conmigo mismo, ¿pero cómo? No dejaba de preguntármelo.

No fue hasta pasado un tiempo que dije: “Basta. ¿Por qué pensar en ello si no tiene solución?”. No me imaginaba lo equivocado que estaba.

Pero no era todo gris. También había buenos ratos. Por ejemplo, disfrutaba en las ocasiones que estaba con mi familia y con mis amigos más cercanos. Aquellos recuerdos eran inolvidables. Las veces que nos juntábamos, formando un armonioso grupo, contándonos chistes, anécdotas… Eso me indicaba que los verdaderos amigos sí existen, y que son como un hermano para cuando hay angustia.

Pero, en general, ¿cómo son los jóvenes hoy en día? Tristemente, no llegamos a ser lo que se espera de nosotros. Ya es usual que muchos padres digan algo que todos los chavales sabrán por experiencia: “Cuando yo tenía tu edad, estaba trabajando en el campo para ganarme el pan de cada día; sin embargo, tú no haces ni el huevo”. En cierto modo llevan razón, pues las personas que son de la llamada generación NI-NI (ya sabéis, ni estudian ni trabajan) son unos verdaderos “vagos”. Bueno, lo siento por ellos, pero, como se dice, la verdad duele. No obstante, aunque son pocos, hay chicos que de veras se esfuerzan por hacer las cosas bien. Son esas personas las que se merecen encomio.

La vida es como un río: empieza en el curso alto, cuando tiene más fuerzas y más bríos; continúa por el curso medio, en el cual llega la madurez, y finalmente, el curso bajo, en el que se produce el desarrollo final de la vida. ¿Confirman eso los jóvenes actuales? Cada cual que piense lo que quiera. Yo solo dejo un dato: la mayoría de las veces, no tenemos ganas de hacer nada.

También hay otra cosa que es muy atrayente y tremendamente influyente en la juventud: la tecnología. ¿Qué se puede decir sobre eso? Simplemente, que ahora todo es muy moderno: se pasó de las cartas al e-mail, del rudimentario teléfono de los años 60 al moderno móvil… y la lista no se queda ahí. Pero como todo, además de tener pros, también tiene contras. Por desgracia, hoy vivimos llenos de “cacharros” que apenas nadie entiende. Y este siglo XXI nos presenta a unos adolescentes que, dada la sobreabundancia de aparatos de última generación, desarrollan un carácter tímido e introvertido; pero a la vez, tienden a mostrar arrogancia y a no esforzarse por desarrollar virtudes, como, por ejemplo, la amabilidad, algo tan escaso en estos tiempos.

¿Dónde están esas increíbles y frescas mentes deseosas de usar la inventiva y la imaginación para deslumbrar, para que todo el que las observe pueda decir: ”Vaya, vaya. Esta persona sí que vale”? ¿Dónde? En mi opinión quedan pocos de esa clase. Como todo se hace solo, ya es habitual encontrar a muchos excusándose así: “¿Para qué? ¿Qué vamos a inventar, si ya está todo inventado?” Error colosal. Eso mismo pensaban los prehistóricos antes de inventar el fuego. ¿Qué pasó con el esfuerzo? ¿Se quedó en desuso?

Desde niños siempre se nos ha inculcado que debemos ser obedientes y sumisos a nuestros padres. Pero, siendo realistas, ¿quién es perfecto en este mundo? Que levante la mano. Todos cometemos errores, eso es una verdad como un templo; pero ¿significa eso acaso que no podamos tener un cierto nivel de disciplina?    

Tanto es esto, que a veces pienso que la adolescencia no es más que algo vacío si no se usa bien; en ella reinan malas actitudes, tales como el no esforzarse, el no obedecer,…; y tender a presentar un carácter introvertido, arrogante, etc. etc.

Algunos amigos míos no tienen ni “Facebook”, ni “Tuenti”, ni viven ligados a las modas pasajeras de este mundo. Vale, según la forma de pensar actual, estarían pasados de moda. ¿Y qué? No es por echarles flores, pero son personas con principios, y eso es lo realmente importante.

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  1. Emilio David Rodríguez Amigo

    Dadme vuestra más sicera opinión sobre el artículo chicos… ¿qué os parece?

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