Mundos - Esto es vida Segundo artículo de la sección. Esta vez el amigo Written empieza a preguntarse acerca del mundo y qué signfica esa cosa que tantas interpretaciones tiene… Por Benjamín Written Uno, dos, tres. Tres palabras con usos infinitos. Desde el Paleolítico hasta nuestra época los números, y en particular estos han sido imprescindibles para […]

Esto es vida

Segundo artículo de la sección. Esta vez el amigo Written empieza a preguntarse acerca del mundo y qué signfica esa cosa que tantas interpretaciones tiene…

Por Benjamín Written

Uno, dos, tres. Tres palabras con usos infinitos. Desde el Paleolítico hasta nuestra época los números, y en particular estos han sido imprescindibles para contar. Los números nos acompañan durante toda la vida, empezando por el momento en que nuestros padres nos enseñaron a recitar de memoria una pequeña serie de cifras. En particular, los tres primeros números del conjunto natural han tenido cabida, sobre todo, a la hora de clasificar grupos de cosas.
La primera posición, el primer lugar, en fin, todo lo que tenga que ver con llegar el primero, significa ser el mejor (ojo, el mejor en esas circunstancias y en ese campo). Ser el primero en llegar a la línea de meta en cualquier carrera deportiva envuelve, en pocas palabras, reconocimiento, fama, popularidad,…hasta que llega el día en que nadie recuerda tu “gran hazaña”: en eso consiste el engaño de la gloria.

Ser el más sobresaliente en cierto ámbito suele ser recompensado con un diploma, una medalla de oro, vamos, que por premios, que no falte. Pero, como decíamos, la valía de uno no se demuestra en momentos puntuales; se manifiesta en actos transcurridos a lo largo de la vida.

Contrario a todo este rollo del primero, está el eterno segundón. Ese típico personaje, amigo del protagonista, que no es más que un complemento añadido. O bien es el que estuvo a punto de ganar, pero… no lo hizo. Aunque se premie su esfuerzo con la plata, los laureles son sólo para el primero.

Y, bueno, luego está el tercero, que lo mismo daría si no estuviera. A él se le “otorga” con la aleación de cobre y estaño. En mi opinión, el cobre tiene color de caca, por algo será…

Esta clasificación de primero-segundo-tercero ha sido también utilizada para catalogar a los países. Frecuentemente, se habla de primer mundo,…y ya sabéis el resto (soy vago escribiendo, que remedio…). Aquí es donde yo quería llegar. Si queremos vivir en un mundo de igualdad, paz y armonía (al puro estilo utopía), no podemos dividir a los países según sus riquezas. “Tanto tienes, tanto vales” –dijo uno (me abstengo de valorarlo personalmente por respeto)-. ¿Sabes qué? Si piensas así, no llegarás muy lejos. Difícilmente lleguemos a vivir en un mundo unido si cada país va a su bola, sin pensar en los demás.

Primer mundo. Un país pertenece al primer mundo cuando su PIB per cápita es 15.000 dólares estadounidenses. Además, han logrado un alto grado de desarrollo humano, disfrutan de los más altos estándares de vida, pues han realizado una buena distribución de la riqueza, sanidad, esperanza de vida y calidad de los servicios. Por decirlo así, son los “reyes del mundo”.

En realidad, los tres grupos de países no surgieron a la vez. Entonces, ¿cómo ocurrió todo?

Bueno, después de la Segunda Guerra Mundial, había dos grandes grupos de países: la OTAN y el Pacto de Varsovia. Pero no todos los países estaban en uno de los dos bloques. Esos países pasaron a formar parte del “tercer mundo” (de ellos hablaremos más tarde).

Los dos bloques de países que hemos mencionado formaron el “primer mundo”. Dicho esto, ¿de dónde salió el segundo mundo?

Segundo mundo. El segundo mundo es todo un lío. Veamos.

Los países segundones suelen ser definidos como “aquellos con un nivel de vida mejor que el del tercer mundo, pero no como el del primero”. En pocas palabras, el segundo mundo es un término medio. No son primermundistas (en palabras inventadas) ni tercermundistas. Rechazan la cultura liberal y el capitalismo abierto pero valoran el alto nivel educativo y económico. Según se dice, son países de este conjunto los que tienen un PIB aproximado sobre los 5.000 dólares, un porcentaje sobre el 95% de alfabetización y un crecimiento económico constante. Eso se dice ahora. Pero, ¿qué
es en realidad el segundo mundo?

Antes se pensaba que los países relacionados con la URSS eran los verdaderos segunmundistas (si el diccionario no recoge esa palabra, me da igual). Entonces, ¿en qué quedamos? Realmente, los países del segundo mundo de toda la vida siempre han sido esos con una buena educación, un buen sistema sanitario y con un alto grado de industrialización. Su única diferencia con el primer mundo es que estos países están en plena industrialización. Por lo tanto, supongo que, dentro de poco, los segundones alcanzarán el lugar más alto del podio.

Tercer mundo. Sin duda, el campo más extenso. En un principio, se denominaba así a las naciones neutrales, que no querían pertenecer a ningún grupo. Eran los apartados, los marginados. Pero, más tarde, esa expresión tomó otro significado: ahora aplicaba a los países pobres, o, como dicen los finolis, los países “en vías de desarrollo”. Ni vías de desarrollo ni porras. ¿Sabéis qué? Los países ricos han “invertido” dinero para facilitar el desarrollo de estas naciones. ¿Cómo? Los muy listos han provisto de Internet y telefonía móvil a los habitantes de estas regiones. Pero a ver, ¿dónde están las cabezas? No han sido pocos los que se han atrevido a criticar esto, pues si esa pobre gente no tiene ni siquiera una casa en condiciones, ¿para qué le vas a conectar a Internet? Lo que es más, esta medida es contraproducente: cuando esas personas ven a través de la red en qué condiciones viven los del primer mundo, piensan: “¿qué sentido tiene que yo esté aquí matándome a trabajar cuando los desgraciados esos viven mejor que quieren?”. Y después los gobiernos se quejan de que haya tanta inmigración.

Esa no es la manera ayudar a los del tercer mundo. Y peor es lo que hacen otros: se aprovechan de los materiales de los países pobres (tales como el petróleo, el coltán…) comprándolos a bajo precio y vendiéndolos después carísimos.

Hay que tener a estos países en cuenta. Hace tiempo, el cantante Joan Manuel Serrat sacó un álbum con el nombre “El Sur también existe” (el “sur” es uno de los términos referidos a los países tercermundistas). Y lleva razón. De los 145 países que conforman la ONU, más de 100 son del tercer mundo. Por eso, si la Asamblea General de las Naciones Unidas propone algo, dependerá en gran medida de los países “no desarrollados”.

Ahora bien, dentro de este grupo, hay ciertos países que quieren dejar atrás todo vestigio de pobreza. Hablamos de China, India, Brasil… y otros países que no reparan en gastos con tal de avanzar. No importa que se carguen el planeta; ellos quieren desarrollarse. Y no hablo por hablar. Por poner un caso: China e India, futuras promesas económicas, no quisieron asumir un compromiso concreto para reducir sus emisiones de dióxido de carbono. Esto es un grave problema, pues, entre EEUU y China, se liberan diez millones de toneladas de este nocivo gas.

Por cierto, cambiando de tema, que casi se me olvidaba, existe un cuarto mundo, que es compuesto por países en pobreza extrema.

Todo se andará. Quizás, algún día, los países sean iguales económicamente, lo que mejoraría muchísimo las cosas; pero esperemos no acabar con la vida de nuestro planeta, así que, bueno, ya veremos lo que pasa…