Cuentos | Síntomas - Narrando Tocaron la puerta de las oficinas de la revista, abrimos y un sobre blanco con manchas de café descansaba en el piso del escalón de la vereda. Dentro, un relato distinto, con líneas perfumadas de drama, amor y demás condimentos. Pasen, no empujen. Por Maru De no haber conocido a ese ser, no estaría […]

Narrando

Tocaron la puerta de las oficinas de la revista, abrimos y un sobre blanco con manchas de café descansaba en el piso del escalón de la vereda. Dentro, un relato distinto, con líneas perfumadas de drama, amor y demás condimentos. Pasen, no empujen.

Por Maru

De no haber conocido a ese ser, no estaría en este lugar…

El bullicio del cual no estaba acostumbrada, a la temperatura si, pero no al ruido. Frío y ruidoso.

Celina había sido parte de mis ideas por más de una vez, quizás ella todavía no era consciente de lo importante que la consideraba en mi vida. Hacía tiempo que no la veía; ya que últimamente se mantenía ocupada con los pasos previos a la beatificación del milagro de la hermana Ruth.
Desde años inmemorables se sabe que la sede apostólica propone a la imitación, veneración y a la invocación de algunos cristianos que sobresalieron por el fulgor de sus virtudes. Ruth Jufré era una de ellas.

Mi traslado no llegaba, y los lunes por la tarde Celina ya no golpeaba mi puerta como lo hacía en tiempos lejanos.
-¡Hermana Diana!… su turno.

Me mantuve dispersa en mis pensamientos y ya había olvidado por completo el fin de mi visita al médico.

-Buen día, a que se debe su presencia?. Personalmente creía saber el motivo de mi desgano, solo que habían insistido en convencerme de que sería una buena idea ir al hospital. Y acá estoy, estando donde no quiero, influenciada por opiniones ajenas.

– Me encuentro un poco desganada y falta de apetito. Contesté.

Procedió a una anamnesis, a si se llama a los interrogatorios escaso de afecto.

No paraba de traer a mi actualidad los recuerdos del pasado, intentando recuperar la información registrada en épocas pretéritas… ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué?. Solo quería dejar de pensar por un momento. Respiré profundo y memorice las peticiones del Doctor Pavlov. Análisis de todo tipo, turnos, esperas; ¡que fastidio!.

Volví al huerto, ahí donde vivo con mis hermanas bajo el cuidado del señor… la primavera se acercaba, y ya no era lo que creía ser , y lo sabía, lo sentía solo que todavía seguía funcionando la simbiosis culpa/silencio, se necesitaban y habitaban en mi. Si por algún motivo alguno de los dos sentimientos desaparecía el otro automáticamente moría, si el silencio se rompe la culpa se esfuma, por el contrario de romper con la culpa el silencio hablaría en busca de una explicación a la mirada de los demás. De todos modos, no estaba preparada para que ninguna de estas cosas suceda, y seguí con el dolor, lo hice parte de mi compañía.
Me senté en los jardines del patio invernal, y aunque no estaba cerca de las flores puede captar a través de mis sentidos un olor placentero, percibí el aroma a rosas. Permanecí quieta, sentada en un sillón… obre por mis practicas monásticas, y procedí a las vísperas y luego a las completas antes de acostarme. No logre concentrarme, solo quede en el intento.
Parecía una reminiscencia, pero en realidad no lo era… eran juicios nuevos, que se estaban armando en mi cabeza; Me sentía viviendo un pensamiento presente sin que haya sucedido.

A veces me preguntaba si en el cambio estaba la evolución, ¿en que momento? ¿Cuando sucedió?. Quisiera saber si le faltaba el aire igual que a mí, si se le cerraba el pecho, si no podía dormir.
Una noche más me fui a recostar sin nada de alimento dentro de mi cuerpo, las noches eran tan eternas, como la vida de los dioses inmortales. En alguna ocasión cuando era segura sin tantas vueltas, sentí que la solución estaba en Dios. Pero desde hace tiempo la duda me sigue a todas partes. mis días eran así, cada minuto una pregunta sin respuesta que se sumaba a las miles de millones que chocaban con fuerza en mi cabeza, tantas cosas en mi mente… ¿Por qué no estallaba mi alma?

Por más que el mundo donde pertenezco se haya destruido, la luz de mi paz interna seguía ahí brillando. ¿Pero para qué? Que no viera los rayos del sol, no era motivo para declararme muerta en vida. Seguiría un poco más, tenía que comer, estar fuerte, no me quería vencer.

Solía cantar cuando mi tristeza no se iba, para darme cuenta que mi voz era peor que mis problemas, pero ya ni eso serbia de ayuda. Nunca supe como hacía para contener las ganas de contar y no hacerlo por saber que no era el momento indicado, recurría a reducir mis diálogos y hablar lo necesario. Pero en que momento me habían enseñado a saber hasta cuando es necesario decir o callar. Mis impulsos no conocen lo que es reaccionar. Siempre, con un comportamiento repetido. Siempre tan dócil, tan fácil de traspasar.

En la inmensidad de la angustia, donde habita un corazón mal trecho, castigado por sus errores, yacen las penas del amor. Ahí donde todavía no me atrevo a pasar porque resurgen los problemas que me atormentan día a día sin poder lograr un avance emocional.

A veces creía en la posibilidad de volver a verla y hablar. No tenía intenciones, más certeras que dialogar. Al menos necesitaba que escuche lo que tenia para decir, no me hacia bien que se quede en mi todo lo que no deseaba ocultar. Ayer va ser igual que mañana y no quería que suceda y actué para que cambiara la situación. Me animé.
Casi llegada las 3.00am, acostada en mi cama prendí la luz, tome un papel y me puse a escribir. Supe que era un detalle demasiado arriesgado, quizás me tranquilizaba y era el pasaporte directo para que mis ojos una vez cerrado le avisen a mis pensamientos, que por hoy ya estábamos, descansamos un segundo.

Celina, quería que sepas que el tiempo se ha encargado del olvido y el destino se ha empeñado en no cruzarnos, es mi mente que aún te llama… y es que a veces pienso (y mucho) si todavía me recordás como yo en estos momentos.

Me convencí de no quererte, pero no se si es aún lo que siento.
En las noches todavía te sueño y de a ratos cuando el insomnio es mi dueño me dan ganas de ir a buscarte, de escribirte, de besarte de decirte lo que quiero.
Lo cierto que solo mis palabras conocen realmente este misterio.
Nunca quise decir adiós, ¿algún día nos veremos?
Han pasado estaciones, ah cambiado la tierra, el suelo, han sucedido muchas cosas y todavía no me acostumbro a los desvelos, causantes de tu ausencia, realmente es un anhelo.
Me siguen los fantasmas que me obligan a desearte.

Me haces daño sin saberlo.
Extrañarte ya no se volvió bueno, escribirte no me calma y tampoco me garantiza que es la solución a todo esto.
Duele y sangra el amor que contengo. Es tuyo, vení a buscarlo. Te espero […]