Poesía | La desolación en la herencia - Por Honoris de Cubillas

La ambición de los hombres los condujo al servicio de la muerte entre unos y otros.
Los fusiles que el ingenio perpetró fueron los que consagraron la masacre de nuestros originarios,
y es su infinita resistencia el semblante permanente de nuestra identidad.
La decadencia ha ganado nuestros territorios. ¡La impostura se impuso y hoy es inefable reina!
El mundo íntegro ha caído rendido a los pies de la exigüidad y la parquedad.
Los hombres abandonaron la belleza y castigaron con rudo garrote las exuberancias del placer:
Toda la herencia de los ancestros ha sido derrotada en un flujo de artificios y vacuas lucubraciones;
La Cultura, ¡oh, semejante cosa!, fue la primera de las concesiones y a su nombre se reivindicaron los hechos.

En un manto de tremebundas rocas un rostro de arenosa piel dibuja su contorno como alegato de la memoria,
que alojada en las hendiduras de lo sensible, recobra vigor apenas ceden las resistencias del legado.
¡Un escudo de crudos vocablos se despierta por detrás de las lanzas con que nos han atacado!
¡Una sed! ¡Una infinita necesidad se desprende de la sangre que salta a los impactos de los plomos que continuaron matando!
Los hombres obedecieron al más ruin de los apetitos y entre ellos el placer se arrancaron y muerte dieron a quienes erigieron Voluntad.
La Piedad, ¡oh, tremenda cosa!, fue la simiente que enardeció estos terrenos y sobre su savia crecieron los vergeles.

Rudos fueron los pasadizos que el tiempo zanjaron para ofrecerse a la posibilidad del destino de los hombres,
y en la gracia de las conquistas el destierro hubo de ocurrir hasta ver llorar las mismas raíces,
y en un lodo espeso que olvida sus viejos instantes de candente lava sobre libres suelos,
se incorpora un cuerpo robusto en su contextura, hecho de certezas de alguna olvidada herencia.

0 Comments Join the Conversation →


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *