Crónicas | La Playa, otra vez - Por Ernesto David Sánchez

El recuerdo, como diapositivas agrupadas de un tiempo que fue, aparece – desde una primera noción – como único indicio de nuestro paso por el universo. Sin embargo, la memoria puede desacomodar las diapositivas para inventar instantes que germinan desde la necesidad de una nueva historia, donde los factores modifican el producto y distraen la conciencia. 


Nos acercamos a la puerta del CEC. Todavía falta como media hora, así que nos quedamos afuera, para que las charlas no retumben en las chapas del techo y el olor a pucho no se impregne en las paredes de ladrillo. Parece que va a ser un espectáculo bastante íntimo.
Un toque de buen gusto: Los programas de La Playa tienen arena dentro del sobre transparente.

Mientras esperamos de cara al río, escuchamos el rasqueteo de los granos sobre el cartón, como palos de lluvia chiquitos. A pocos metros, el Paraná se suma al juego previo y nos manda una zarigüeya del tamaño de un Cocker Spaniel, que trata de escaparse de la vista de los curiosos rasqueteando a toda velocidad sobre el cemento de la explanada.

La baranda del muelle aparece iluminada por los faroles en forma caprichosa, como si el mundo fuese una fotografía de Montiel Klint. Todo después de eso es negro brea. No existe el río. Ni la playa.

“Las cosas no son como son, sino como se recuerdan.
A veces, descubrimos que el pasado se ha borrado, entonces –
la memoria reinventa el mundo.”

Bajo esta consigna se abre el telón. Tres mujeres en un baño se asean, mientras intentan recordar unas vacaciones que pasaron en una playa, hace algún tiempo. De repente el mundo se desdibuja y vuelve a construirse. Luz, cuerpo, sonido y algún que otro objeto es lo único necesario para que tengamos delante nuestro la playa.

El amarillo de la arena, el movimiento de los cuerpos que juegan con las olas en la orilla, las colonias de chicos gritando, las avionetas publicitarias, las rutinas de bronceado, los turistas, un ahogado. Todo aparece y desaparece en cuestión de segundos. Todo es visible. Todo es real e irreal al mismo tiempo, mientras estas tres mujeres hacen carne y música sus propios recuerdos. ¿O es una sola mujer? ¿O son dos? Cualquier línea de coherencia pierde nitidez, pero la coherencia sigue ahí. El mundo se construye y se destruye con tanta naturalidad y buen gusto que tener los pies en el suelo resulta ofensivo.La vida se hace sueño barroco, mientras las actrices hermanan toda expresión artística en un solo acto humano. Poesía, danza, actuación, música, acrobacia; así como todo puede existir en la mente, todo existe en escena. Desde la banalidad del marketing hasta la más íntima exhalación de vida del cuerpo humano retumban y dejan huellas en la arena para que las olas las vuelvan a desdibujar. Ya no existe pasado, presente o futuro; estamos ante un tiempo diferente. Un continuum sin inicio ni fin. Sin verdad ni mentira. Solamente existe la contradicción de la mirada, que recrea cada realidad en forma tan inestable como válida.Hace tres horas que salí de la sala y todavía siento que estoy ahí. Empiezo a presentir que nunca voy a dejar de estarlo.


Ficha técnica

Dirección: Mónica Discépola
Actúan: Estefanía Caminotti, Julieta Ferraro y Paola Sarnari
Música original: Homero Chiavarino
Vestuario: Ramiro Sorrequieta
Videos, sonorización y asistencia técnica: Ernesto Figge
Asesoramiento esceno-técnico: Aldo Villagra y Federico Fernández Salafia

 

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