Poesía | Fugitivo - Por Juan Pablo Andrin

La continuidad arrastra una necesidad invariable y despliega las mismas imágenes y contextos, el paisaje repetitivo que le da coherencia a los días, que trae consigo las sentencias de los tiempos, las modas adquiridas, las sospechas difundas y la persistencia adoctrinada, que establece un ritmo y un objetivo que se persigue como cauces de un firmamento del que no es recomendable salirse. 


Entre adoquines coloniales,
alquitrán de barrio,
árboles y río
aprendimos a seguir adelante.

Labios que van y vienen,
ratas de corbata,
brujas de taco aguja
y pebetes de vidriera,
aprendí a soñar
que seguíamos con nuestras
interminables caminatas.

¿Cómo sobrevivir
sin hacer cosas mal?
¿Cómo no pudiste entender
mi clase de amor?
De la clase que se mueve
y te deja solo.

Ojos, chismes,
dedos y conformismo,
(del berreta),
se cuelgan de nuestra mochila,
mochila de sueños,
mochila gastada
por kilómetros
de Pueblos lejanos.

Amigos, la ciudad,
risas, los túneles,
los caminos del sol,
¡vos!, nuestras almas,
libros, música,
(el infierno de tu sonrisa).
Nado en el antídoto
de mis penas.