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Máquina cementera

las verrugas carcomidas se congelan y queman como el calor ahora son humo los huesos se le cortan las muñecas y las pulseras se van con las manos pero no hay sangre

La vejez acaecida

La vejez es, se hace y se piensa. La muerte que vendrá, que se alojará, que pasará como una visita triunfal, siempre victoriosa, que nunca cede ni da treguas. Puede ser demasiado temprano, o no. Los límites del devenir hacen lo imposible para posibilitarlo. Se piensa, y sucede.

«Desnudo pateando una moto», de Matías Magliano

Las pequeñas partículas de lo real se desordenan y dan cuenta de un tiempo, un momento, que se figura o se fragua, con distintos ángulos. Las historias son mínimas, tenidas de lo cotidiano, pero alcanzan, en su fusión, una escala que las sobrepasa. Hay cesiones entre autor y lector, prestamos, guiños, pedidos mutuos. Las leyes, las normas, los plazos de las acciones, indeterminaciones que hacen relato. Todo es un imprevisto, como quedar desnudo pateando una moto.

«La noche se presta para pegarle a un viejo», de Daniel Basilio

El presente es ficción, imaginarios caótico que burbujean en las fachadas, sobre el asfalto, en el cemento de los edificios, las chapas de los autos, más que nada, las caras de los transeúntes. No hace falta ilusionar universos malditos, lejanos, distópicos. La percepción del ahora se volvió confusa, está intervenida, controlada.

Durazno sangrando

El mundo se abre en dos, como un durazno. El sol llega cálido en oriente u occidente, hay algo en lo vital que pulsa y hace ruido, como melodía, o pica, como cosquillas. Es similar a confundirse, qué sirve, para qué vamos, dónde estoy. Ninguna pregunta contesta, el personaje está absorto. Perdido o no, en un relámpago, encandilado o sordo o demasiado estrujado.

Aprovechar el tiempo

La parca está ahí, esperando. Se sabe ganadora y por eso no tiene prisa. La vida, en cambio, debe reinventarse en cada instante ser algo más que el prólogo al final anunciado. Si bien todos los caminos conducen al mismo sitio, el desafío aparece a la hora de marcar el sendero y adormecer, entonces, el resultado ineludible. En esa puja aparece el amor, como una fuerza capaz de embellecer todo a su paso, para acariciar la inmortalidad y doblegar a la muerte.

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