La sombra del tiempo (Parte II)
Por Luis Giménez Pardo
Por Luis Giménez Pardo
Por Edith Bordello | Ilustra: Ulises Baine
Un alarido quiebra la calma que domina la oscuridad e impone una nueva lectura de las cosas. Cuatro historias sueltas, cercanas pero intocables, descomponen la arquitectura donde se refugian los lugares comunes del lenguaje y levantan, desde la creatividad que el arte exige, relatos que sangran el peso de la tragedia. Sin embargo, una luz titila en el final de la sala y promete un escape directo, lejos de la desgracia.
Por Eva Wendel
Allá por donde la luz solar es privilegio de pocos fragmentos de día, por aquellas tierras donde el mapa se queda sin letra, la comunidad inuit conoce aproximadamente diez formas de plasmar el color blanco en palabras. Así, el idioma va escribiendo, sobre la piel de los que lo caminan, una y mil historias que, cruzando camino, entraman el ida y vuelta de mundos que es el arte.
Un colectivo multiforme, alimentado de tonadas y excitación, teje los circuitos de una noche diferente que, devenida en colores y ritmos, siembra y propone una nueva forma de atravesar la luz de la luna. El invierno juega sus cartas para atentar contra los verbos que mueven a los sujetos implicados, pero se apaga sin fuerza ante la explosión de la música que comanda, fiel a su estirpe, cada uno de los pasos.
El cielo se abre y reluce, celoso, la fuerza omnisciente de la naturaleza, que obliga a los mortales a reinventar una noche perdida entre la amargura de una posible lluvia y el imperativo del viento sureño. Ellos, atrevidos, y a salvo bajo la pintura que los protege, invitan a molestar a la cotidianidad con interrogantes filosos atravesados por la danza y sostenidos por una batucada que obliga a mover el cuerpo.
Temporada 2015 | Programa número 15 – Contenido: Presentación / Tópico: ‘La Muerte’ Invitado: Manuel Quaranta / Escritor Conducción: Lucas Paulinovich y Ezequiel Gatto Producción: Laura Hintze y Juan Campos
El pulso de la percusión anuncia que hay que moverse porque ellos, que son varios y uno solo al mismo tiempo, desatan una bocanada instrumental que altera la normal circulación sanguínea e invita al cuerpo a alegrar las penas. La música pasará tu piel y no hay alternativas, es el rocanrol de hoy.
Por Andrés Calloni | Ilustración: Bástian Roa